Boca Juniors: la guerra fría de CFK y Macri

La típica cena de campaña en apoyo a la Presidenta se transformó, de repente, en escenario oportuno para activar el plan. Era una velada bulliciosa, con más de 2500 militantes y los principales referentes del kirchnerismo porteño ubicados en las mesas preferenciales de un salón de Costa Salguero. La charla más jugosa fue, acaso, sobre la única elección que inquieta a la Casa Rosada: la de Boca Juniors. Una premisa clave para todos: polarizar la pelea para evitar que Macri retome el control del club.

a típica cena de campaña en apoyo a la Presidenta se transformó, de repente, en escenario oportuno para activar el plan. Era una velada bulliciosa, con más de 2500 militantes y los principales referentes del kirchnerismo porteño ubicados en las mesas preferenciales de un salón de Costa Salguero. La charla más jugosa fue, acaso, sobre la única elección que inquieta a la Casa Rosada: la de Boca Juniors. Allí, Amado Boudou y Carlos Tomada transmitieron a Roberto Digón, uno de los candidatos en las gateras, una premisa clave: polarizar la pelea para evitar que Mauricio Macri retome el control del club.

Con aval de Cristina Kirchner, el Gobierno interviene hace un mes en la interna de la institución que sirvió de trampolín para la carrera política del jefe de Pro. Procura, en su avanzada, neutralizar esa plataforma con miras a 2015. El secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, quedó a cargo de la estrategia de la que participan una tropa de ministros, legisladores y sindicalistas. Todos ellos, fanáticos boquenses. El objetivo oficial será cristalizado en los próximos días, con un acuerdo para que José Beraldi, otro de los aspirantes, y Digón se enrolen en una fórmula detrás del actual presidente, Jorge Amor Ameal.

Ante la inminente unidad opositora y el riesgo de una victoria que parecía asegurada, Macri decidió jugarse el todo por el todo. "Se dio cuenta de que gana o pierde él, no Daniel Angelici [su candidato]", dijo a La Nacion uno de los hombres de confianza del jefe porteño. Por esa razón, el líder de Pro acompañará a su elegido en recorridas mediáticas y planea ir al estadio cada vez que el club de la Ribera sea local en lo que resta del campeonato que, muy probablemente, ganará.

El oficialismo tendió primero puentes hacia Digón, ex gremialista del tabaco e histórico peronista. Sirvió de enlace para la misión su vieja amistad con el titular del sindicato de los encargados de edificios, Víctor Santamaría, otro xeneize con interés en la pelea: es sostén clave de la estructura del PJ capitalino, distrito que administra Pro. "Ningún funcionario se involucró directamente. Sé que Ameal habla con muchos, no sé si lo hace para tratar de chapear", aclaró Digón a La Nacion. A la vez, reconoció un vínculo de "confianza" con Zannini.

El operativo Beraldi transitó, en efecto, por senderos más complicados. El empresario transportista, al igual que Ameal, tributó en el espacio macrista que ahora busca derrotar. En el Gobierno, tiene buena sintonía con Florencio Randazzo. El ministro del Interior suele sentarse a su lado, en el palco oficial, cada vez que visita la Bombonera junto con su hijo Gino. Por su foja de actividades, en Balcarce 50 también sindican como nexo a Julio De Vido, mandamás de la cartera de Planificación.

Las presiones

En diálogo con La Nacion, Beraldi negó que desde el Gobierno le hubieran deslizado que, de no disciplinarse, quedarían truncos contratos que su firma suscribió con una petrolera, versión que surgió desde el oficialismo. "Tengo una empresa muy grande para que me asusten. Es una pavada", sostuvo. Su cuerpo acusó, quizá más que su discurso, la tensión del tramo final de la campaña: el 22 del mes pasado, con picos de fiebre y la glucosa disparada a 200, le diagnosticaron estrés en una clínica de Pilar.

Insistió Beraldi en despegar al Gobierno de la alianza entre los tres postulantes. "Estoy cerca del acuerdo con Ameal y Digón. Lo anunciaríamos la semana que viene [por la que empieza]. Fue por decisión propia, no porque me hayan obligado", afirmó. En ese esquema, desde Olivos se apuntalará la cruzada del actual presidente, que heredó el trono tras la muerte de Pedro Pompillo.

Ameal cosechó respaldos explícitos del variopinto arco peronista que simpatiza y trajina las tribunas del club: el diputado Carlos Kunkel, el sindicalista Julio Piumato, el gobernador Daniel Scioli y las huestes de La Cámpora. Su hijo, de 33 años y el mismo nombre, milita en esa agrupación creada por Máximo Kirchner.

Quizás obtenga otro aval rotundo, antes de las elecciones del 4 de diciembre: la bendición de Juan Román Riquelme, estrella boquense que tuvo un cruce con Angelici cuando era tesorero y rechazó renovarle el contrato al jugador en la cifra que, finalmente, se cerró.

Macri observa con preocupación los movimientos. Hasta llamó a Scioli para recriminarle su "intromisión", según cuentan cerca de él. Angelici, ante la consulta, recurrió a una metáfora deportiva para explicar la feroz guerra política: "Cristina ganó la Nación, y Mauricio, la ciudad. Quieren desempatar con Boca".

CANDIDATOS

 Jorge Amor Ameal
Presidente de Boca
Está al frente del club desde la muerte de Pompilio. Es el candidato que respalda el Gobierno para truncar la influencia de Macri.

 Daniel Angelici
Empresario del juego
Es el elegido del jefe de gobierno. Ya estuvo en la institución y es de su confianza. Le aportó una pata radical a Pro.

 José Beraldi
Empresario transportista
El kirchnerismo buscó que acordara con Ameal. Lo secundaría en la fórmula, más allá de su resistencia inicial.

 Roberto Digón
Dirigente peronista
Histórico sindicalista del tabaco, también quería competir, aunque está por enrolarse detrás de Ameal. Tiene vínculo con Zannini.

 Colaboró Jaime Rosemberg para La Nación.com.ar
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22 de agosto de 2017 | 11:04
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