Sobre Di Benedetto: la verdad que yo conozco

El testimonio crudo del periodista Rafael Morán, motivado por la entrevista de MDZ a Osvaldo Lima, el funcionario del diario Los Andes que llevó a Di Benedetto hasta prisión. Aquí, Morán revela que el propio Lima y Schiappa fueron detenidos y que "comieron como presos". El homenaje al escritor.

Existe una onda revisionista sobre el escritor Antonio Di Benedetto con la divulgación de libros, documentales y artículos periodísticos. Y sobre todo en los últimos años, como consecuencia de las investigaciones sobre los desmanes de la última dictadura militar, el rol de los organismos de Derechos Humanos y los juicios a represores y personas sospechadas de haber intervenido en la muerte, desaparición, tormentos y arresto de mucha gente en aquellos tiempos. En Mendoza, se ha puesto un acento especial sobre el escritor Antonio Di Benedetto, subdirector del diario Los Andes en 1976, cuando fue detenido y conducido a un campo de concentración que funcionó en el Lliceo Militar General Espejo.

Se han dado diversos puntos de vista sobre el escritor. Acerca de su literatura hay consenso sobre la magnitud de sus libros, de su escritura pulcra y de la construcción de situaciones muy bellas e imaginativas. No era un escritor “social” porque su verbo no era de protesta ni comprometido ideológicamente. Era un esteta, un novelista y un cuentista “objetivista” como se lo supo denominar.

Ahora bien, en su rol de periodista y en los aspectos de su personalidad, hay controversia. Y no se ha logrado una versión única acerca del momento de su detención ni de sus motivos. No pretendo que la haya, pues su personalidad tenía muchos matices y los hechos desencadenados sobre él, una variedad de interpretaciones.

Durante unos cuantos años –desde 1967 y 1976—fui jefe de la sección Policiales de Los Andes, que tenía como jefe máximo en la redacción a Di Benedetto. El fue quien me llevó a Los Andes de la mano del escritor Rodolfo Braceli. Por lo tanto, daré una impresión de lo que sé, de lo que me consta y de lo que creo sobre bases confiables. Esto que voy a mencionar lo he sostenido en muchas entrevistas y documentales, inclusive en la Justicia cuando me tocó declarar, pero tal vez sea un aporte actualizado a la polémica que vuelve a renacer en  estos días.

Tengo que marcar algunas diferencias con las apreciaciones publicadas este miércoles en MDZ por el doctor Osvaldo Lima, asesor laboral de Los Andes en 1976. En primer lugar, Lima asegura que tanto él como Juan Carlos Schiappa de Azevedo no fueron detenidos junto con Di Benedetto sino que lo “acompañaron” para evitar que el arresto del escritor fuese más deshonroso. Lo que yo sé, y por las cosas de las que fui testigo luego, ambos directivos estuvieron detenidos. Los tres fueron conducidos a la mañana siguiente de mi detención (24 de marzo, día de la asonada militar) en Los Andes, al barracón en el que habíamos sido confinados. Allí estábamos unos pocos: los periodistas Alberto Atienza y Pedro Tránsito Lucero, Rodolfo Díaz (luego ministro de Carlos Menem), Itamar Castro (secretario general de ATSA) y Marcos Garcetti (secretario general del SUTE), entre otros. Con el pasar de los días seríamos cientos.

Recuerdo esta anécdota: cuando vi a los tres que eran escoltados por militares, corrí al fondo del barracón para decirle a mis compañeros que nos venían a sacar del encierro. ¿Que otra cosa podía suponer si allí estaban Schiappa de Azevedo y Lima. No, los tres veían detenidos. Tanto es así, que se les proveyó, como a todos nosotros, una bolsa de rancho con utensilios para comer. Schiappa estaba francamente enojado y hasta amenazaba con irse del país. Todo habría arrancado con una bravuconada del propio Schiappa: “Si lo llevan a Di Benedetto, nos llevan con él”.

Los dos directivos, con Di Benedetto, comieron como presos y lavaron sus platos y cubiertos como todos, con tierra y agua, pues no nos daban detergente ni jabón. Di Benedetto estaba muy abatido. Lo alojaron en una cama cercana a la mía. Sufría una fuerte depresión.

No recuerdo si fue esa tarde a última hora o al día siguiente, pero seguramente antes de 24 horas, Schiappa y Lima fueron liberados. Di Benedetto permaneció una semana más con nosotros en el barracón y después fue llevado a la enfermería del Liceo, una forma de aislarlo porque, en realidad, era el gran objetivo de los militares: lo acusaban de ser tesorero o quien manejaba ciertos dineros del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo).

Por eso me llama la atención que Lima diga que sólo “acompañaron” a Di Benedetto o que le atribuyan a Schiappa  haber manifestado poco menos que lo “entregaron” a los militares. Eso no concuerda con lo que yo sé y observé. Hay otras razones para verlo de este modo: si para Di Benedetto era desdoroso que lo llevaran detenido de Los Andes, un hombre de su prestigio intelectual, también lo habrá sido a Schiappa y Lima reconocer que estuvieron detenidos con una bolsa de rancho colgada en sus hombros. Esa es una historia que no les cabe como personajes de una sociedad acomodada y conservadora, que en sus roles de directivos de un diario poderoso solían conducir la opinión de los mendocinos.

Pero es mucho más grave reconocer que lo “acompañaron” para facilitar el arresto de Di Benedetto. ¿Quiere decir que se prestaron a una parodia de arresto, incluida la bolsa de rancho, la humillación de agacharse al barro y lavar los cubiertos y platos, sólo para entregarlo?.
Me llama la atención, además, que Lima  no recuerde a periodistas tan honorables como Atienza y Pedro Tránsito Lucero y tampoco tenga memoria sobre mi, cuando fue él quien instrumentó nuestros despidos, una actitud que, por la falacia de los procedimientos, los deshonrará siempre. A mi esposa Norma Sibilla, la hicieron renunciar desde la cárcel para no pagarle indemnización. Todo eso lo instrumentó el doctor Lima.

En la madrugada del golpe militar Di Benedetto me llamó a su despacho y me pidió que fuera con fotógrafo a hablar con el presidente del directorio, Francisco Díaz Telli, a quien le habían allanado su casa de calle Boulogne Sur Mer, a metros de los portones del parque. Recuerdo que no abría la puerta y lo llamamos a gritos desde la vereda, identificándonos, hasta que se asomó tímidamente. Nos contó que los militares lo habían colocado de cara a una pared, con las manos en alto, diciéndole que buscaban al dirigente universitario Roberto Roitman. Una excusa vil. Era claramente un acto de intimidación porque en las horas siguientes nos iban a detener a varios periodistas, incluido Di Benedetto, y esa era una manera de que el diario no interviniese.

Una hora después, Di Benedetto volvió a llamarme. Lo noté inquieto, algo inusual en él. “Han allanado la casa de mi hermana, en calle Entre Ríos, buscándome a mi”, me dijo. Y agregó: “Esta gente está muy mal informada porque hace muchos años vivo en otro lugar”. Lo acompañamos el periodista Miguel Títiro y yo hasta Palacios y Catamarca, donde estaba su casa, moderna, de dos plantas y sótano. Quería esperar a los captores para que no destruyeran su biblioteca ni hicieran otros desmanes. No fue nadie. Volvimos todos al diario. Luego se desencadenaron nuestras detenciones.

¿Por qué detuvieron a Di Benedetto? Tengo una explicación: en su juventud fue un estudiante del socialismo argentino; había autorizado la publicación del latrocinio cometido por militares y policías en diversas viviendas y el asesinato de militantes políticos y sindicales; intercedió por el arresto del periodista Jorge Bonardell en una famosa reunión del general Santiago con corresponsales y directores de diarios, en donde les imputó que los militares “no entendían ciertas cosas porque eran brutos”; le llegaban cartas de intelectuales europeos y cheques –sobre todo de Francia y Alemania—por la traducción de sus obras y eso lo transformaron los represores en la “tesorería” del ERP ,y finalmente, llevó a la redacción de Los Andes a una generación de jóvenes con pensamiento progresista. Motivos fútiles y perversos. Di Benedetto no era de izquierda, no era peronista, su conducta era conservadora.

Lo que sigue es muy largo y lleno de detalles, que no es ocasión para contarlo aquí porque esta es apenas una crónica para dar mi opinión sobre determinados sucesos. Pero guardo muchas cartas de Di Benedetto, escritas desde España y Buenos Aires, una vez regresado a la Argentina. Generé su retorno a Mendoza para llenarlo de homenajes reivindicatorios. Hablamos mucho.

Era un hombre resignado, dolorido, siempre apesadumbrado. No había podido superar su detención, las golpizas a las que lo sometieron, a la ignominia y el destierro y también al ostracismo en el propio diario Los Andes. Su nombre estuvo prohibido durante durante 10 años.

Como colegas y compañeros de trabajo discutimos, seguramente desde mi irreverencia de mis 23 años. Le conocí sólo tres amigos, Fluixá, Calomarde y Vaca. Era de charla austera. Imponía autoridad. Su presencia invitaba al silencio. Fue un buen periodista y un gran escritor.

Mendoza no ha hecho Justicia con él. Participé para que le pusieran su nombre a una escuela de San Rafael. Nada más hubo a su favor desde el Estado. Hasta demolieron su casa para colocar una concesionaria de autos, cuando hubiese sido apropiado declararla patrimonio provincial y hoy funcionaría como museo.

Bienvenida esta onda revisionista sobre Di Benedetto. Algunas cosas serán colocadas en su auténtico lugar.  Pero el paso del tiempo es implacable y la verdad comienza a tener aristas.
 

Opiniones (2)
9 de Diciembre de 2016|16:06
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9 de Diciembre de 2016|16:06
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  1. Muy interesante esta investigación, que espero que recién comience. Yo recuerdo haber ido a visitarlo con mi mamá al diario el día que se lo llevaron, y a mi mamá y a mí nos sacaron corriendo. Recuerdo que un tiempo después se dijo que le habían encontrado un cheque firmado por él en el cuerpo de un terrorista en la selva de Tucumán . ¿De qué le puede servir un cheque a alguien en la selva? Absurdos. Creo que a nuestra sociedad le gustaría saber la verdadera historia de porqué se lo llevaron.
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  2. el relato de Rafael Moràn. Hay cosas que no se olvidan... Còmo puede ser que un escritor de la talla de Di Benedetto, conocido en Europa, premiado en el paìs y en el exterior haya recibido semejante trato? Ningùn militar habìa leìdo su obra? Y una ùltima pregunta: no hay ninguna escuela que lleve su nombre? Còmo es posible?
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