El hombre que acompañó a Di Benedetto a prisión: "Fue una hecatombe para Los Andes"

Por primera vez habla con la prensa tras la aparición de nuevas teorías sobre la reacción del diario Los Andes ante la detención de su por entonces director. Osvaldo Lima habla del escritor y de las luces y las sombras del caso.

Hay por lo menos tres teorías sobre el momento en que el escritor Antonio Di Benedetto fue detenido por los militares de la dictadura, el mismísimo 24 de marzo de 1976.

Una es más épica y es sostenida por el también escritor y político Ángel Bustelo en su libro El silenciero cautivo. Sostiene allí que el por entonces subdirector a cargo de la dirección del diario Los Andes fue bajado "de la rama más alta de un árbol" frente a la sede de la empresa y llevado detenido. Pero es el único que lo cuenta de esa forma.

Luego, está el nuevo libro de Natalia Gelós, Antonio Di Benedetto periodista, una joven periodista que consultó a decenas de personas y que enfrenta otras dos opiniones: la del periodista Rafael Morán, que también fuera víctima de las arbitrariedades del golpe y quien señala que los dos directivos de Los Andes que acompañaron hasta el Liceo militar a Di Benedetto, Juan Carlos Schiappa de Azevedo y Osvaldo Lima, pidieron ser detenidos ellos mismos en lugar del gran escritor. Afirma, además, que esos funcionarios intentaron impedir la detención, en vano.

Pero también este reciente trabajo consigna la opinión de Jaime Correas, escritor y periodista, quien relató que fue el propio Schiappa de Azevedo quien le confesó que ellos concretaron la detención.

La cuestión es que si bien el gran autor mendocino ya era un hombre reservado y de mal carácter, según lo recuerdan sus compañeros de redacción, no tenía nada que ver con lo que los militares querían encontrar en su persona o en su rol al frente del diario más importante que, por entonces, tenía Mendoza.

La amargura y la frustración de esa situación marcaron por siempre a Di Benedetto y lo persiguieron hasta su estúpida forma de morir, al caer por cambiar un foco en el departamento que su amigo Emilio Fluixá le prestaba en Buenos Aires, tras el retorno del exilio.

Osvaldo Lima cumplirá en noviembre 86 años y fue uno de quienes iban en aquel auto propiedad de la empresa Calle Hermanos Diario Los Andes que entró al predio del Liceo Militar General Espejo, en Boulogne Sur Mer, transportando a un Di Benedetto confundido y silencioso, contrariado, hacia su prisión.

Es un abogado que tuvo en sus manos nada menos que la ingeniería jurídica para crear la empresa familiar. Hombre de confianza de los dueños mendocinos del diario, dejó de ser el apoderado de esa empresa cuando desembarcó Clarín, que trajo consigo al estudio porteño de los Sáenz Valiente para remplazarlo.

Habla por primera vez del tema.

- ¿Lo han llamado antes para hablar sobre Di Benedetto?

- La verdad que no. Le iba a preguntar a usted de dónde sacó mi nombre.

- Bueno, la verdad es que del libro de Natalia Gelós, Antonio Di Benedetto periodista.

- No lo conozco. ¿Habrá hablado con Di Benedetto?

- No lo creo, cuando él murió la autora tenía unos siete años.

- Lo voy a comprar.

- Aquí lo tiene. Léalo y después me cuenta.

.....

De inmediato, fuimos al grano. El ventanal que ilumina la sala en la que hablamos con Osvaldo Lima da a la avenida San Martín. Se me ocurre de inmediato que desde esta posición privilegiada en plena Ciudad de Mendoza pudo haberse visto con lujo de detalles el momento en que nos hemos quedado prendados: aquel en el que el gran escritor mendocino fue sacado del diario Los Andes, del que era su director, rumbo a la prisión en la que conocería de los tormentos de la dictadura.

.....

- ¿Conoció a Di Benedetto?

- Sí, lo conocí mucho.

- ¿Cómo era cuando dirigía el diario?

- Cuando él dirigía el diario era una persona que gozaba de la total confianza del directorio. Muy razonable. Seguía la línea editorial del diario. Nunca tuvimos ningún problema con respecto a su trabajo.

- ¿Qué rol cumplía usted por esos años?

- Yo era el asesor letrado del directorio del diario.

- ¿Cómo se entera usted de que Di Benedetto iba a ser detenido?

- Un día, siendo muy temprano, cerca de las 9, yo estaba en mi domicilio. Creo que fue el mismo día del golpe...

- Sí, fue el mismo día...

- Bueno, como le digo, yo estaba en mi domicilio y me llaman para que me dirija con urgencia al diario, que había una reunión de directorio. No me dijeron por qué. Cuando llego al diario me encuentro en la puerta con efectivos militares y había también un par de oficiales en el hall del diario. El director estaba reunido, ocupado, porque se lo querían llevar preso. Allí me entero de que el directorio había hecho gestiones para tratar de que no ocurriera. Era un tema de lo  más delicado. ¡Se trataba del director del diario Los Andes! Entonces estuvimos reunidos con el directorio y lo único que se pudo conseguir de los oficiales, que tenían la orden de llevárselo detenido, fue que no lo sacaran preso del diario por la puerta principal. Era una especie de decoro para el diario. Sobre todo por el aprecio que se tenía por Di Benedetto, por su cultura literaria y por la forma en que se había desempeñado. Fue cuando nos comisionaron a Juan Carlos Schiappa y a mí  para que lo acompañáramos al Liceo Militar. Nos fuimos en un auto del diario.

- ¿Salieron por la puerta de atrás, para que no los vieran, como dicen algunas versiones?

- No, no. Por atrás no. Hicimos traer un auto de las cocheras, que sí estaban atrás, pero estacionaron el auto en la puerta, sobre avenida San Martín. Allí subimos con normalidad, como si no pasara nada.

- ¿Recuerda qué tipo de auto era?

- (Piensa por un rato) No, la verdad que no. Sólo que era propiedad de la empresa.

- ¿De qué hablaron en el camino?

- (Piensa) No, no me acuerdo.

Osvaldo Lima dialoga con el director de MDZ, Gabriel Conte.

- ¿Era un momento de silencio, nerviosismo, tensión, preocupación? ¿Cómo recuerda ese momento?

-  Fue una situación muy tensa de parte de él y de parte nuestra, de todos. Porque se imagina que encontrarse con fuerzas militares en el diarioy prácticamente con ninguna posibilidad de diálogo, porque los oficiales tenían que cumplir órdenes. Le repito: lo único que pudimos hacer fue pedirles que no lo sacaran preso desde el diario. Nos comprometimos a llevarlo nosotros, por supuesto que escoltados. Llegamos al Liceo Militar, pasamos la guardia y allí nos hicieron pasar a una especie de oficina y después a una sala. Yo creo que había otras personas…

-  Recuerde que a otros tres periodistas del diario los habían detenido también: Lucero, Morán y Atienza…

-  De esos no me acuerdo ahora. A mí me llamaron por el problema de Di Benedetto, la verdad es que no me acuerdo.

-  ¿Qué pasó una vez que entraron allí?

- Como le digo, pasamos a una sala a donde había muchas personas.

- ¿La situación era de cordialidad o de rigidez?

- Hasta ese momento, la situación, con respecto a nosotros y a él, era de total respeto y no percibimos ninguna situación fea.

- ¿Por qué lo detuvieron a Di Benedetto? ¿Qué le informaron a usted como abogado del diario? ¿Hubo un motivo?

-  No dijeron absolutamente nada.

-  ¿Nada? ¿No se enteró de nada ni cuando lo vinieron a buscar, ni cuando llegaron al Liceo, ni lo comentaron en el auto en el trayecto?

-   Nada, absolutamente. En el auto íbamos Juan Carlos, Di Benedetto y yo. Nadie más. Los militares iban en otros autos. Ese era el acuerdo al que habíamos llegado: que no saliera detenido desde el diario.

-  Para cuidar el prestigio del diario…

-  Claro. Pero además por la persona de Di Benedetto.  En el directorio se le tenía un gran respeto a Di Benedetto, por su prestigio literario. Ya en ese tiempo había escrito Zama, que hasta me dedicó un ejemplar…

- ¿Qué recuerda de Di Benedetto?

-  Yo recuerdo la persona. Él era un literato por naturaleza. Por ejemplo, usted sabe que en los diarios siempre hay problemas con algunos periodistas, de diverso tipo, y él llevaba esos problemas, por supuesto, al directorio del diario, por si había que tomar alguna determinación, alguna sanción. ¡Él era el director del diario! Las veces que tuvimos que llamarle la atención a algún periodista él nos hacía un informe. Y sus informes eran piezas literarias, porque de acuerdo con la forma de escribir que tenía,  se colocaba en el cuerpo de esa persona y explicaba cuál había sido, a lo mejor, la motivación interior que había tenido el periodista al cometer algún tipo de irregularidad. Y además explicaba en qué forma había influido en él, interiormente, esa falta de criterio del periodista hacia con él que era el director.

- Después de que él queda detenido, ¿cómo se siguió tocando el tema de su detención hacia el interior del diario Los Andes? ¿Intentaron hacer algo para liberarlo?

-  En el diario yo tengo entendido que se hicieron numerosas gestiones por la libertad de Di Benedetto.

-  ¿Cómo siguió usted esa situación con posterioridad?

- Mi participación llegó sólo hasta acompañarlo hasta el Liceo.

- ¿En qué consistieron esas gestiones del diario? ¿Las conoce?

-  Yo solamente las conocí por comentarios de algún miembro del directorio, pero no sé en qué consistieron ni de qué tipo fueron, pero se hicieron gestiones por su libertad.

-  Jaime Correas dice que Schiappa le confesó que lo que ustedes hicieron fue, en realidad, entregar a Di Benedetto a los militares y no tan solo acompañarlos…

- No, no. Nosotros lo acompañamos, porque de otra forma se lo hubieran llevado preso directamente desde la puerta del diario. Vale decir, lo que nosotros tratamos de hacer fue morigerar el impacto que significaba  que se llevaran preso al director del diario desde el diario. Lo que hicimos nosotros fue, prácticamente, acompañarlo hasta el Liceo, escoltado por los militares.

- ¿En ese momento usted qué pensó? ¿Por qué creyó que se estaban llevando detenido al director del diario?

-  Nosotros creímos que iba a ser una cuestión de tipo momentáneo. Bajo ningún punto de vista creímos que iba a estar tanto tiempo detenido. Y es por eso que se hicieron las gestiones para sacarlo en libertad. Ese fue el pensamiento del directorio.

- ¿Por qué será entonces que al poco tiempo el diario lo dejó cesante de sus funciones, sin pagarle sueldo ni ayudando a su familia, ni siquiera llegó a cobrar su jubilación?

- ¿No cobró la jubilación?

- No, la reclamó cuando volvió del exilio y murió antes de conseguirla, sin nada. Se lo echó dándole la razón a quienes lo detuvieron que lo acusaban de subversivo. Y hasta Di Benedetto murió preguntándose por qué le había pasado eso a él.

- (Piensa) No tengo la más mínima idea, sinceramente. Nunca me consultaron sobre ese hecho.

- ¿Con la familia también perdió el contacto?

-  Yo el único contacto que tuve con la familia fue cuando se murió la mamá de Di Benedetto, que vivía, no me acuerdo, si en calle Entre Ríos o en San Luis…

- ¿Habrá sido en la casa de la calle Catamarca, en donde vivió Di Benedetto?

-  No, no. Era en una de las otras calles, la casa de su madre. Fuimos a dar el pésame a la familia.

- Con el paso del tiempo, ¿qué idea le queda de aquel episodio?

- Nunca más volví a estar con él después de eso. Sé que debe haber sufrido mucho por su personalidad, porque era una persona de mucha vida interior. Como en sus novelas: él no hace narraciones de tipo folclórico, sino que son “muy de adentro”. Así que me imagino que debe haber sufrido mucho.

-  ¿Y en el diario? ¿Cómo se vivió toda esa época que duró su director preso o perseguido?

- En el diario se vivió de una forma muy traumática. Ese día fue prácticamente una especie de hecatombe: habían detenido al director del diario, había personal militar afuera y hasta adentro, en algunas de las oficinas.

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Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel

Opiniones (10)
10 de Diciembre de 2016|04:12
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10 de Diciembre de 2016|04:12
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  1. Este viejo me parece que se está haciendo el pelotudo. Me va a decir que no sabía nada de lo que pasaba...
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  2. De acuerdo con lo que decis, pero mi punto hace referencia a las bases de formacion culturales y educativas nuestras, que son anteriores al golpe del 76 y los de los 40 y 50's. Es mas un equema sociologico de como es nuestra sociedad y como nos comportamos ante ella? Creo que a pesar de las atrocidades politicas y sociales y lo relevante de nuestras crisis economicas, somos autoritarios, somos "gorilas" en el sentido de como tratamos a un companero de trabajo, a un vecino, a los diferentes, a un estudiante, de como usamos las herramientas de metodologia para agrupar a las personas, la discriminacion y xenofobia, todos estos elementos que lo vemos a menudo en nuestra democracia son relevaciones de nuestro autoritarismo, el poder economico, politico se manifiesta de manera autoritaria. Solamente a eso me reflejo, los hechos efemiricos e historicos los sabemos todos??? Es mi humilde reflexion
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  3. Ese autoritarismo ideológico era el marco de la sociedad en los años de plomo. Una sociedad que demandó a gritos por un golpe militar que terminara con Isabelita y López Rega. Una sociedad que conformaban aún los del propio partido gobernante y que recibieron con beneplácito ese baño de "orden". Así las cosas en aquellos momentos nadie podía saber que entre sombras se tejía una tragedia no sólo porque nos parecía inadmisible, sino porque estabamos asustados por los atentados y nuestra propia inseguridad económica y porque "algo habrán hecho". Esto último reitero sin saber a que extremos se llegaría. Sin embargo que alguien se ofreciera a acompañar al lugar de detención a una persona perseguida por miltares era demostrar o inconsciencia o unos hue...enormes. Así las cosas 30 años más tarde hay quienes todavía discuten (creo que desde su juventud o desde su mas cerrada posición ideológica) como es que no se sabía? Y bue...tendran que darse cuenta que sociedad era la del aquel momento
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  4. Simplemente, leyendo todas estas notas en este sentido homenaje a Di Benedetto, por mi cabeza pasan cosas raras, pero lo que mas reflejo es nuestro aspecto cultural como sociedad, y me refiero a Mendoza. Su parte conservadora y acomodada me hacen pensar que somos una sociedad cerrada, autoritaria en lo educacional y cultural, creo que muchos de los que escriben en este foro y los periodistas que mencionamos, de los dos matutinos mas importante de la provinicia son el producto de ese autoritarismo didactico, en el cual se refleja la soberbia y ese cierto "snobismo" sin razon ni sentido. Este es la punta del Iceberg, donde el autoritarismo ideologico llega hacer cima con el autoritarismo cultural y educativo. Cuanto de ese autoritarismo hace al hombre y la mujer de nuestra querida Mendoza como sociedad?
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  5. para jorgelinanatacha y otros lectores ignorantes: será quizás falta de conocimiento, ceso o cultura lo que padeces. Acusar sin conocimiento de causa a una persona que da su sincero testimonio como aporte es una actitud de resentimiento, ignorancia pura o quizás estupidez. Este hombre claramente ejerció un rol en esta historia que está claramente descrito en su testimonio. Evitó quizas que hubiera un desaparecido más. Sería bueno que intentes contactarlo y evacues tus dudas antes de escribir cosas ofensiva y sin sentido. Cordialmente
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  6. El Dr. Lima no puede responder "no sabe" o "no contesta" como en algunas encuestas. Él era el asesor letrado del Diario y sus respuestas son casi infantiles. Yo no le creo nada. Él sabía lo que pasaba y miró para otro lado, como muchos otros.
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  7. la verdad no sé si en esa época algun civil desarmado podía resistirse a una orden militar. Lo digo por los boludos de siempre que creen que había algun tipo de oportunidad.... También me parece que la versión de Jaime Correas es de mala leche, como lo es él. Porque odia a Los Andes. Preguntenlé por qué.
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  8. Mas que hecatombe me suena a complicidad
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  9. ....cuando Los Andes era un diario no la sucursal de Clarín. Un asco, actualmente, Carlos La Rosa Cavagnaro Toso, mamita unos columnistas tiene ahora y el foro pedorro administrado por un cuentaporotos
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  10. Luego de leer esta nota estimado Gabriel, tengo la sensación de que "quien escoltó a Di Benedetto" ¿no tenía idea de lo que le iban a hacer los militares que se lo llevaban preso? Que pena tanta ceguera, tanta sordera de la sociedad civil cómplice del más duro espantoso golpe militar a la libertades individuales y a la democracia. Fueron cómplices y entregadores, nadie se metía mientras los militares torturaban a nuestros intelectuales argentinos por el solo hecho de pensar.
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