Deportes

Barras bravas: historias de las relaciones cada vez menos ocultas

Los barras no son nuevos en el fútbol argentino. Se metieron en la década del 60 y en base a aprietes y vínculos con el poder político y deportivo han logrado enquistarse. Dirigentes, jugadores y funcionarios participan en un espectáculo dantesco que parece no tener fin.

Ahora miran para el costado. Los dirigentes del fútbol argentino pierden la vista en horizontes lejanos intentando pasar por alto la realidad que les come los pies.

Nadie los puso en la cancha pero están allí, no tienen apoyo económico pero recorren el mundo en avión, no tienen trabajos pero viven en countrys y pasean en lujosas camionetas. Los barras están enquistados en el fútbol argentino y a nadie le da la nafta para sacarlos.

Apadrinados por la dirigencia

Todas las facciones violentas y radicales de los clubes argentinos surgieron con el respaldo de la dirigencia de turno. En River, por ejemplo, a finales de la década de los sesenta, Julián William Kent, presidente del club entre 1968 y 1973, avaló la creación de Los Borrachos del Tablón con la intención que el grupo presionara a los jugadores cuando estos disputaran un mal partido.

En Boca, en 1967, bajo la presidencia de Alberto J. Armando, se formó una barra, la cual se llamó La Barra de Cocusa. En esta banda estaban el Negro Bombon, "Jorge Corea" y, por supuesto, Cocusa. El Xeneize venía de ser campeón en 1965 y esta parte de la barra presionó durante los cuatro años de sequía, que se cortó en 1969 con dos coronas.

La política del tablón

Contrariamente a lo que sucede en Europa, donde conviven grupos antagónicos de extrema derecha y extrema izquierda, en Argentina, los barras no asumen posiciones marcadas, pero mantienen vínculos con el poder político.

Firman pactos con la clase dirigente, futbolística y política, únicamente para conseguir impunidad y contactos. Como contraprestación, las barras bravas se convierten en la fuerza de choque del funcionario o candidato. Así es la política de los barras. No hay ideología que explique sus actuaciones, su única motivación es el dinero que pueden percibir o el favor que un peso pesado pueda deberles.

La relación con los militares

Durante la última dictadura militar (1976-1982), la barra de Quilmes, liderada por El Negro Thompson, fue la que cooperó con mayor empeño. Los barras cerveceros formaron parte del aparato represivo de la dictadura. Incluso, se formó un grupo para que acudiera al Mundial 82 y acallara las posibles manifestaciones de los exiliados opositores. Finalmente, ese desplazamiento no se realizó.


En democracia creció el enquistamiento

Durante la presidencia de Alfonsín, el barrismo acrecentó sus vínculos con el poder. El sector más violento de la barra de Argentinos Juniors era uno de los principales animadores del líder radical. La Doce, la conocida barra de Boca, movilizó a sus miembros levantando la bandera del Tercer Movimiento Histórico bajo el amparo del diputado radical Carlos Bello, amigo íntimo de José Barrita El Abuelo, entonces líder de La Doce.

Las barras de Defensa y Justicia y de Rosario Central tomaron partido por el peronismo en la época de Carlos Menem, donde también parecieron reconocidos hinchas de Colón e Independiente.

El kirchernismo llegó a conseguir incluso que las barras de Boca y River cooperaran en una campaña contra el Grupo Clarín. Durante uno de los clásicos de 2009 mostraron banderas contra el diario. “Clarín: el fútbol es una pasión, no un curro”, decían. A cambio, los barristas recibieron alrededor de 100.000 pesos.

HUA, la forma de institucionalizar las barras

A través de Marcelo Mallo, un kirchnerista, se creó la ONG Hinchadas Unidas Argentinas (HUA). El acuerdo, negado por el subsecretario de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos, Pablo Paladino, consiste en que los barras  trabajen en los operativos de seguridad de los actos electorales y no generen altercados en las tribunas. A cambio, 280 de ellos tuvieron todo pago en el Mundial de Sudáfrica en 2010. 

Por plata baila el barra 

Tras diversas reuniones entre interlocutores del empresario De Narváez y los dirigentes de las HUA, estos últimos accedieron a movilizar a sus miembros en los actos políticos organizados por su candidatura en la provincia de Buenos Aires, a cambio de que el candidato financiara la presencia de los barras durante la Copa América.

El acuerdo se cerró y cerca de 1.100 hinchas asistieron en calidad de invitados al encuentro inaugural entre Bolivia y Argentina. Como respuesta, los aficionados mostraron una bandera que decía: “De Narváez- Mónica López” (diputada provincial y vicepresidenta del Bloque Unión Celeste y Blanco).

Según el periodista del diario Olé Gustavo Grabia, que destapó el acuerdo, los barras sólo recibieron el primer pago de los 100.000 pesos prometidos por el gobierno K y por eso decidieron cruzar la vereda.

Durante años se convirtieron en los más fieles alfonsinistas, ultramenemistas, delarruaistas, duhaldistas o kirchneristas. Todo valía para mantener su modo de vida.

Los jugadores también alimentan los parásitos

Los barras también han sido engordados por los futbolistas durante mucho tiempo e incluso algunos lo siguen haciendo.

Por lo general, hay un referente dentro del plantel que es el que junta la plata entre sus compañeros y después se la pasa a la barra.

En Estudiantes de La Plata, hace ya un  tiempo, llegaron varios barras en taxi a la práctica con intención de juntar dinero para un viaje internacional.

Un experimentado delantero se quiso negar a aportar dinero y fue ubicado con amenazas por los barras. Fue el capitán del equipo en ese momento el que apartó a los alborotados hinchas y les entregó una importante cantidad de dinero que había recolectado en el grupo, incluido el entrenador.

Aquí en Mendoza habría ocurrido lo mismo cuando cuatro barras viajaron a Ecuador un día antes del partido de Godoy Cruz ante Liga de Quito. Un grupo minúsculo de barras llegó al Gambarte y se puso adelante del micro que debía trasladar al plantel rumbo al aeropuerto.

Fue allí cuando uno de los referentes del plantel les entregó casi 4 mil pesos producto de una colecta realizada en el seno del plantel.

El rumor se completa con un dato que no ha podido ser comprobado. Aparentemente, un alto dirigente habría pagado los cuatro pasajes Mendoza-Quito-Mendoza y lo barras le habría devuelto el dinero a los futbolistas.

Sea cuál haya sido el fin de esta historia, lo cierto es que desde todos los sectores del fútbol y de la sociedad se apuntala a los barras pero nadie se hace cargo. Son necesarios para un negocio basado en el apriete y en peso del poder.

El único objetivo de las barras es controlar los accesos a los estadios, manejar la reventa de entradas, conseguir el máximo poder dentro de las directivas de los clubes o mantener su inmunidad ante la administración y las fuerzas del orden. Todos los conocen pero nadie los señala. Mientras eso no cambie, todo seguirá igual.
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18 de noviembre de 2017 | 11:10
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