Deportes

Remar contra la corriente para llegar a un mundial y quedar quinto

La selección argentina juvenil de rafting logró un meritorio quinto puesto en la Copa del Mundo de Costa Rica. Los deportistas mendocinos no recibieron el respaldo de su federación y debieron acudir al apoyo de amigos, familiares y contactos que se fueron acercando en el camino. Una charla a fondo con uno de los integrantes del equipo nacional.

El Mundial de Rafting es un evento que en nuestro país no goza de la difusión que debería, pero en diversos puntos del planeta equivale a un torneo de primer nivel de cualquier deporte, menos de fútbol. Argentina fue representada sólo por palistas mendocinos. La selección logró muy buenos resultados en sus tres ramas: masculino, femenino y juvenil.

En el río Pacuare de Costa Rica, los atletas cuyanos debieron remar para lograr el meritorio quinto puesto en juveniles que no se lograba desde 1993. Aunque también debieron sacar los remos para llegar a la competencia.

Sin apoyo de ninguna federación ni asociación los deportistas debieron recurrir a familiares y amigos para afrontar la aventura mundialista.

Gunther Atem, uno de los integrantes del equipo nacional juvenil nos contó los escollos que debieron sortear para finalmente disfrutar de una experiencia única. “Estamos muy contentos con este quinto puesto en el Mundial, que fue todo a pulmón, y nos costó mucho”, comenzó el joven deportista, que le dedica entre 2 y 6 horas por día al entrenamiento de rafting. 
 

“La verdad es que tuvimos que salir a golpear puertas para que nos dieran una mano, si no, era imposible viajar”, explicó, y remarcó que la diferencia con los otros equipos es enorme, sobre todo en cuanto al respaldo. “Ellos tienen asociaciones y federaciones más organizadas que hace más tiempo que están, y el deporte es visto como algo de primer nivel, hay mucha gente remando y es algo casi profesional”, detalló.

Para marcar esa distancia de la que habla, citó a la selección de Japón. “Ellos fueron al pre-mundial e incluso se instalaron en Costa Rica un mes antes. Cuando empezó la carrera, ya se conocían el río de memoria, eso es una ventaja muy grande para ellos”. 

Superadas las dificultades, se plantearon disfrutar al máximo la chance única de representar al país en un Mundial: “La verdad, es un orgullo inmenso representar al país, se te pone la piel de gallina cuando estás en la charla previa con tus amigos”, y agregó: “En la largada te tiembla todo el cuerpo y cada uno quiere dar lo mejor para lograr la medalla”.

El objetivo primario era terminar en el podio, pero a medida que el tiempo se acortaba y ni siquiera los pasajes estaban comprados, la idea de la medalla comenzó a borrarse. “Nosotros fuimos con la idea de traernos una medalla, igual sabíamos que era muy complicado”, explicó.

Lejos de enojarse con el resultado, el equipo comprendió que el rendimiento había sido muy bueno: “Estamos muy conformes con el quinto puesto, porque desde 1993 que no se lograba algo así, e intentaremos seguir progresando para lograr la medalla mas adelante”.

Un torneo de primer nivel con deportistas de todas partes del mundo, sin dudas, deja algunas anécdotas entretenidas para contar al regreso. “La más graciosa que nos pasó fue en un entrenamiento. Los italianos venían remando muy bien y se chocaron con una piedra, nosotros los tocamos de atrás, como para que salieran, y se les hundió la balsa. Los tuvo que sacar la seguridad. Nosotros los queríamos ayudar y los terminamos complicando más. Después los italianos nos decían que se iban a vengar”, comentó entre risas.

La vuelta tras el objetivo cumplido deja sensaciones encontradas. Por una lado, la satisfacción de haber llegado a competir en un torneo tan importante, y por otro lado, el mazazo de volver a la vida cotidiana, más cerca de los libros y el trabajo que de los remos y el agua. “Tenemos una semana de descanso en el entrenamiento para ponernos al día con la facultad y el trabajo y después ponernos de vuelta a entrenar para conseguir una plaza para el Panamericano de Canadá”.

Se anuncia complicado entrenar cinco horas diarias en promedio, trabajar o estudiar, atender los afectos y descansar en sólo 24 horas que tiene un día, pero ellos se animan y, al igual que muchos deportistas amateurs, sólo disfrutan de practicar el deporte que más les gusta. “Se complica, porque uno cuando viaja se da cuenta de que cuando llega se atrasó en todo, y allí nos tenemos que esforzar un poco más para ponernos al mismo nivel que los demás, pero cuando te dedicás a lo que te gusta, no pensás en eso, sólo apretas y seguís para adelante”, concluyó.

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