"Desayuno con diamantes" cumple 50 años

Las curiosidades del rodaje del filme del vestidito negro, la Quinta Avenida de Nueva York y la canción "Moon River". Todos los secretos de la película protagonizada por Audrey Hepburn y basada en la nove la de truman Capote se revelan en un libro lleno de cine, moda y literatura.

Era un domingo a las cinco de la madrugada, pero incluso a esa hora la soledad es insólita en la ciudad que nunca duerme.

Audrey Hepburn bajó de un taxi ante la joyería Tifanny's y así empezaron dos mitos: el suyo y el de Desayuno con diamantes, una película de la que todos creerán saber mucho hasta que hojeen el libro homónimo que firma Sarah Gristwood y publica Electa por el medio siglo del filme.

Parece de cajón que el papel de la algo alocada Holly Golightly era para la actriz de la cara de ángel, pero nadie lo tuvo tan claro al principio: sopesaron dárselo a Jane Fonda, Shirley McLaine, Liz Taylor y Marilyn Monroe (propuesta por el creador de la historia, Truman Capote).

A la elegida tuvo que convencerla el director, Blake Edwards, porque a Hepburn le parecía un personaje demasiado disoluto para ella, que había tenido "poca experiencia, ya sabes", según le confesó la actriz al periodista de The New York Times Eugene Archer.

Givenchy creyó que Katherine Hepburn era la protagonista cuando le encargaron diseñar un vestuario a medida de "Miss Hepburn" y, por suerte, no se llevó un chasco al conocer a la otra Hepburn. "Fue un matrimonio hecho en el cielo", comenta la escritora del libro al otro lado del teléfono en Londres.

Los diseños de Givenchy eran revolucionarios, acentuaban la delgadez y estatura de la actriz, dos aspectos que no eran más que defectos a ojos de aquella industria del celuloide que babeaba por las curvas. "Pero ella era única y Hollywood se rindió a sus pies", apunta Gristwood.

Capote quería protagonizar con Monroe la película. El coproductor, Martin Jurow, se quedó de una pieza al oír sus intenciones: "¿Era una broma? No, no. Lo decía totalmente en serio", dijo tiempo más tarde. La respuesta tenía que hacerle cambiar de opinión acariciándole el ego para que no les negase los derechos. "El papel masculino solo es un par de hombros en los que Holly se apoya. Tu mereces algo más", le comentó a Capote. Así consiguieron que los hombros los pusiera George Peppard.

Se encapricharon con la novela de Capote, pero el traspaso a la gran pantalla implicó meter tijera. El guionista, George Axelrod, se inventó el romance entre los protagonistas porque en la obra original "no ocurría nada", e hizo que Holly renunciara a viajar a Brasil para que el público quedase conforme con su independencia relativa.

Ni siquiera se explicita en el filme a qué se dedica Holly, y la pureza de Hepburn ayuda en gran medida a enmascarar la profesión de esa muchacha que en la obra original se preguntaba si por haber tenido 11 amantes era una prostituta. Más que nada porque la respuesta mayoritaria en aquella época hubiera sido "sí".

Fuente: Laura Sangrà Herrero / adn.es
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10 de Diciembre de 2016|04:36
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