Intimidad y fotografía: ya no hay secretos

Desde el nacimiento de la fotografía, el concepto de intimidad ha cambiado y la sociedad se encuentra expuesta a la mirada del objetivo. Sobre este hecho trata una exposición en la que se han reunido las imágenes de destacados fotógrafos realizadas a partir de 1870. Mirá las fotos.

Ciento setenta imágenes y dos audiovisuales examinan en la muestra "Observados" que exhibe en Madrid la historia de "la mirada indiscreta" y estudian la variación en el tiempo del concepto de intimidad y cómo la vigilancia está cada vez más presente en la sociedad.

Imágenes de fotógrafos como Walker Evans, Dorothea Lange, Harry Callahan, Brassaï, Henri Cartier-Bresson, Robert Frank, trabajos de fotoperiodismo y artistas contemporáneos como Robert Mapplethorpe, Araki Nobuyoshi, Susan Meiselas, Shizuka Yokomizo o Thomas Ruff ilustran los cinco apartados de la muestra, comisariada por Sandra Phillips,del SFMOMA, y Simon Baker, de la Tate Modern.

Fotografías que reflejan la violencia, el voyeurismo, la intimidad de los famosos, el erotismo, la pornografía, la vida callejera y las imágenes que representan una transgresión de las normas sobre privacidad despiertan el interés en un recorrido que se inicia con el apartado dedicado al fotógrafo inadvertido.

En él se refleja cómo desde la aparición de las cámaras de 35 mm la fotografía adquiere una nueva dimensión. El fotógrafo puede pasar desapercibido y realizar un disparo instantáneo sin buscar imágenes perfectas. Cartier-Bresson está considerado como uno de los pioneros en anticiparse al suceso y en tomar la fotografía con rapidez.

Harry Callahan, Walker Evans, Robert Frank, Dorothea Lange, Helen Levitt y Garry Winogrand son ejemplos de este género, denominado street photography, con fotografías de gente anónima en el campo o en la ciudad, en los caminos rurales o en el metro de Nueva York.

"Vigilancia" aborda cómo en la actualidad nos vigilamos unos a otros y la instantánea se ha convertido en prueba de la verdad. Las viviendas, los coches, las carreteras, los trenes, las plazas de las grandes ciudades son vigiladas por cámaras que no tienen la estética como objetivo sino la seguridad, el control y la observación pasiva.

Desde Erich Solomón, pionero en tomar fotografías en secreto en los tribunales, hasta Merry Alpern, con sus imágenes más recientes tomadas en los probadores de las tiendas, pasando por las imágenes de Shizuka Yokomizo que, con el consentimiento de los protagonistas pero sin que estos sepan el momento concreto, fotografía a personas que miran por las ventanas, las imágenes de vigilancia mantienen la distancia, la abstracción y la ambigüedad.



En la línea de lo prohibido, "Voyeurismo y deseo" reconstruye la historia de más de un siglo de mirada indiscreta. Merry Alpern, con imágenes tomadas en un prostíbulo; Stephen Barker, en bares gays; Harry Callahan, que retrató con gran carga íntima y sexual a mujeres en la calle o Susan Meselas, con imágenes de prácticas sadomasoquistas en un club de Manhattan.

"Testigos de la violencia" es el apartado más duro. En él se refleja el horror de las guerras a través de las imágenes, entre otros, de Eddie Adams, testigo de la ejecución en directo de un prisionero vietnamita en una calle de Saigón; Tom Howard, quien capturó la primera ejecución por electrocución o Weegee, testigo de cientos de asesinatos y escenas violentas en Nueva York.

La exposición dedica un espacio apartado a "Celebridades y la mirada pública". Las imágenes en las que Tazio Secchiaroli fotografió en 1958 a la actriz Anita Ekberg y a su marido en Roma fueron pioneras en la creación de la industria millonaria de los paparazzi.

Una secuencia tomada por Marcello Geppetti de Richard Barton y Elizabeth Taylor en una piscina; la escena de Jackie Kennedy corriendo captada por Ron Galella; Paris Hilton llorando camino a la cárcel, captada por Nick Ut, o la Reina Isabel de Inglaterra junto a sus perros, de Alison Jackson, llenaron las páginas de las revistas.



Fuente: Mila Trenas /  EFE

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