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Vila-Grondona, una historia donde no hay buenos o malos

La pelea Vila-Grondona no es una lucha de buenos contra malos, solo de malos contra malos. El enfrentamiento esconde una trama más complicada detrás, que habla más de la sociedad toda que de los dirigentes de ocasión. Una verdad incómoda, pero verdad al fin.

Plantear el tema desde lo que está bien o está mal, es equivocado. Esta historia no se trata de una película de buenos o malos, solo de malos. De gente que busca un espacio al calor del poder que da el manejo del fútbol.

No es cualquier poder, ojo, sino de aquel que se vincula de manera inequívoca con el dinero y todo lo que ello conlleva. No es nada complicado imaginar de qué se trata... ni cuáles son los personajes que se encuentran detrás.

En fin, veamos quiénes son los que compiten en esta sorda pelea.


El hombre de la más-cara de hierro

Por un lado, aparece claramente la figura de Julio Grondona, quien lleva más de treinta años al frente de la Asociación del Fútbol Argentino y que maneja con mano de hierro los destinos de esa entidad.

En realidad, se trata de los intereses del propio Grondona, que se mezclan con los de la AFA de tal manera que es casi imposible discriminar dónde empiezan —y terminan— las potestades personales y dónde las institucionales.

Ello no le evitó ser reelecto una y otra vez al frente de la asociación más importante del fútbol vernáculo. Como puede verse, con un poco de cintura política y algo de dinero, todo se puede, incluso lograr que nadie se percate de los descomunales negociados llevados adelante a través de sociedades anónimas a nombre de terceros —dos de ellas uruguayas— y cuyos beneficias desembocan en una docena de cuentas suizas.

Eso sí, al periodismo crítico Grondona supo acallarlo a través de jugosos contratos con compañías de seguros que aparecen a nombre de supuestos testaferros de él, como El Surco y San José.

Esa explosiva mezcla es la que ha permitido que se extendiera la impunidad grondonista a lo largo de los años sin que nadie hiciera señalamiento alguno más allá de sus propias narices.


El sospechoso de siempre

El otro personaje de la trama —y de la jornada de hoy, más especificamente— ha sido Daniel Vila, siempre sospechado por aparecer en medio de especulaciones varias y manejos poco claros en torno a sus propios negocios.

Vila fue quien organizó con gran efectividad y eficiencia el operativo que permitió que los medios hablaran de él estos últimos dos días.

Todo empezó con una cámara oculta que mostraba en una situación supuestamente indecorosa a Julio Grondona. Esa subrepticia filmación apareció “casualmente” en los canales de televisión afines a Vila apenas un día antes de la elección en la AFA.

La operación fue tan evidente, que la cámara oculta no tuvo siquiera el recaudo de ser grabada bajo la supervisión de un escribano o la cobertura de la Justicia. De más está decir que, sin ninguno de esos elementos de resguardo, esa grabación no tiene validez legal alguna.

En realidad, lo que se buscó fue la efectividad mediática, que se logró finalmente aunque de manera poco decorosa: si bien Vila no logró frenar una nueva reelección de Grondona al frente de la AFA, sí consiguió ponerlo bajo el foco de la condena social por sus modos poco democráticos.

También se hizo acreedor de otro gran objetivo: que la agenda de los medios fuera copada casi por completo con su cruzada personal contra el gran jefe del fútbol argentino, algo que finalmente no es de interés público.


Concluyendo

Si Daniel Vila fuera quien ocupa el lugar de Grondona, ¿sería muy diferente la situación de la AFA en estos días? ¿Existe realmente una vocación de cambio por parte del empresario mediático?

No se puede ser concluyente en la respuesta, aunque sí pueden arriesgarse algunas hipótesis. Por caso, si se evalúa cómo es el manejo que este hace dentro de sus propias empresas, Vila no sería muy diferente a Grondona frente a la gran entidad del fútbol.

Sin embargo, ello no es lo más relevante de este análisis, sino el hecho de por qué se llegó a una situación como la que hoy vive la AFA.

¿Es culpa de Grondona, de Vila, de los diferentes gobiernos de turno? Sí, desde ya, pero también de la sociedad toda, que permitió a través de un silencio siempre cómplice que se desvirtuara el deporte más caro a los intereses argentinos.

Como sea, puede cambiar el titular de la AFA en algún momento, pero si no cambia la mentalidad de la sociedad, todo seguirá como hasta ahora.

Grondona, al fin de cuentas, es solo una anécdota dentro de una matriz de corrupción vernácula ya asentada.

No es poco.


Christian Sanz en Twitter: @cesanz1
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26 de septiembre de 2017 | 10:33
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