En búsqueda de un corte de boleta nunca visto: Roberto Iglesias

Necesita alrededor del 50 por ciento de corte y dice que lo tiene. Por eso no quiso debatir con Paco Pérez y el candidato demócrata, quien le quita votos, y liberó las manos a los militantes para que repartan la boleta de la UCR con Cristina a la cabeza. Dientes apretados y, quizás, golpe de timón al final.

Con los dientes apretados y el enorme desafío de quebrar la tradición electoral mendocina con un corte de boleta récord, el radicalismo y su candidato a gobernador Roberto Iglesias encaran desde hoy sus últimos días de campaña electoral.

El análisis íntimo no va a ser admitido públicamente. Pero tanto la UCR como el PJ, su rival principal, saben que será necesario el domingo próximo un corte monumental para que Iglesias se imponga. La tijera rara vez supera el 20 por ciento (rondó el 15 por ciento en las cercanas primarias y no benefició a un solo candidato, sino a varios), pero el candidato a gobernador radical necesitaría cerca del 50 para que el arrastre de Cristina no lo haga perder.

Ciertamente, la campaña radical se ha concentrado en el corte de boleta y eso seguramente va a tener su impacto. Además, la versión radical es que las encuestas le dan a Iglesias una diferencia de cinco puntos sobre el justicialista Francisco Paco Pérez y también dicen que ese preciado 50 por ciento ya lo tiene la UCR.

Pero hay más. Ese es el número de los que han dicho que van a cortar. Sorprendentemente, Iglesias sostiene que la aprobación social de su estrategia de despegue del candidato a presidente de la UCR, Ricardo Alfonsín, tiene un aval superior al 80 por ciento en Mendoza.

Los peronistas, en tanto, coinciden en que Iglesias debe conseguir que la mitad de los mendocinos corten la boleta a su favor para ganar. La diferencia es que ellos afirman que el ex gobernador no tiene ese porcentaje.

Los días que vienen demostrarán cómo viene la cosa. En el PJ creen posible un ataque frontal del líder de la UCR, similar al que colaboró con el quiebre a favor de Julio Cobos en las elecciones de 2003. Aquella vez, Iglesias trató al justicialismo liderado por Guillermo Amstutz de "rata". Fue un golpe que el lasherino (hoy aliado electoral de Iglesias, por esas vueltas de la vida) no pudo superar.

Si va a haber un golpe de timón, hoy no se sabe. Iglesias no da ninguna señal. En cambio, trata de mostrarse como el ganador de una pulseada que no es tal, porque Paco Pérez tiene un anabólico potente: Cristina.

Para pelearla con la presidenta, tal vez, valga todo. Por eso la fórmula mira para otro lado cuando se le pregunta si los militantes de la UCR están repartiendo una boleta cortada a la altura de la categoría presidencial o si, en cambio, la tropa ha dado un paso más: repartir las boletas de Iglesias con Cristina como candidata propia.

"Cada departamento decide su estrategia, no hay ninguna instrucción", respondieron casi al unísono en los últimos días tanto Iglesias como Juan Carlos Jaliff, cuando se les hicieron consultas al respecto. No avalaron, pero tampoco descartaron, la maniobra de unir a Cristina con los candidatos del radicalismo.

El vale todo puede imponerse en la recta final para las elecciones porque los radicales sienten que han sido víctimas de todo tipo de injusticias. Propusieron separar las boletas por rubro en el cuarto oscuro, pero no los dejaron. Y ahora se quejan hasta del grueso de las boletas, que han dejado de ser de papel de diario para tener un espesor que, dicen, no facilita ni promueve el corte soñado.

La estrategia de Iglesias en los días finales consiste también en promover la polarización y en eludir los debates que intenten poner cara a cara a los tres candidatos principales: Pérez, Luis Rosales (PD) y él. Iglesias no quiere discutir cara a cara con su adversario mayor y el que aspira a provocarle una sangría de votos, o sea, el hombre de los demócratas y de Alberto Rodríguez Saá.

El candidato radical quería debatir sólo con Pérez o que, en cambio, todos los candidatos entraran en los estudios televisivos y radiales. Por eso tuvo en veremos a la gente de radio Nihuil, donde accedió a presentarse el sábado, luego de que incluyeran un cuarto candidato: el socialista Oscar Santarelli.

El último debate de todos será en Canal 9, que habría aceptado la condición de Iglesias y por ello el cierre de todas las campañas se producirá a la vez, el jueves a la noche, en el señal de Sigisfredo Alonso.

Sin actos multitudinarios de la UCR y el PJ, el último round por la gobernación 2011 será entonces la discusión apurada de siete candidatos de muy diverso calibre para la TV y su tiempo tirano. Todo un símbolo del nivel de esta campaña.

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19 de agosto de 2017 | 17:39
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