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Ramón Abdala: de qué hablamos cuando hablamos de correr

El reconocido ultramaratonista mendocino viajó al Himalaya para enfrentar un nuevo desafío en su asombrosa carrera. En una charla a fondo cuenta cómo se preparó para correr a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar y cómo el deporte le cambió la vida.

No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura. (Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr).


Ramón Abdala es un odontólogo mendocino que hace poco más de diez años decidió empezar a correr. Correr por curiosidad, por necesidad, por placer. Correr con el cuerpo, correr con el espíritu. Correr con la única y suprema sensación de buscar eso que le faltaba a su vida tan normal, profesional, acomodada y vacía.

Un día fue una vuelta al lago del Parque. Y otro día fueron dos. Y tres y cuatro y así. Hasta que una tarde fueron decenas de kilómetros. Y así llegaron las maratones y la sensación de que corriendo llegaba a la felicidad, a esa plenitud que no conseguía de otra manera. Y de las maratones pasó a las ultramaratones en cualquier parte del mundo. Y conoció desiertos, montañas, ciudades, cerros, lagos y los paisajes más diversos que uno pueda imaginar.

Ayer, justamente, Ramón, de 61 años, viajó al Himalaya para correr del 18 al 21 de este mes cuarenta kilómetros por día, con picos de altura de hasta cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Este reconocido ultramaratonista andará por los límites de Nepal, India, Butan y el Tibet.

¿Cuándo se te ocurrió ir a correr al Himalaya?
Se me ocurrió en el 2005, cuando corrí una maratón bajo el nivel del mar. En uno de los lugares más bajos del mundo, un pozo en el Mar Muerto. Si podés correr bajo el nivel del mar también podés sobre el nivel del mar, si podés correr en el Sahara con 53 grados podés correr con 15 bajo cero. Todo se puede en la medida en la que uno se lo propone. Todo es voluntad. Es poner la mente encima de la materia para lograr los objetivos. Es todo mente y espíritu. Hay una frase que me gusta mucho, que dice: “En un gran espíritu cualquier cuerpo puede hacer lo imposible”.

¿Cómo te has preparado para correr a tantos metros sobre el nivel del mar?
Me he entrenado hasta 2.800 metros de altura. En enero me fui a entrenar a Cachi, en Salta. Es el único centro de entrenamiento estatal de altura que hay en Argentina. Hace dos años que en enero me voy a entrenar a allá. Partís en los 2.800 metros y terminás en los 3.200. Siempre me entreno por el pedemonte, eso me ha ayudado. Un porteño quizás no lo podría hacer.

Ramón correrá en el Himalaya con temperaturas de entre -15 y 5 grados.

¿Cómo pensás tomarte este nuevo desafío?
Esto lo pienso hacer muy tranquilo, disfrutando el paisaje. No tanto como una competencia deportiva, sino como algo más espiritual. Algo que te eleva. Allá te reciben con un Namaste, que es el saludo tibetano. Es con las manos hacia arriba en la posición de la cabeza. Quiere decir gratitud, devoción y respeto. Es el dios interior que te saluda. Así te reciben y ahí comienza todo. Me gusta la filosofía oriental, practico Tai Chi, meditación, todo eso. Va todo de la mano.

Supongo que no deben participar muchos corredores en semejante prueba.
Muy pocos participantes. No puede ir cualquiera. Hay que estar muy preparados física y espiritualmente. Muchos son de la zona. La mayoría son ojos chatos, ojos redondos muy pocos, ja.

Has corrido por una infinidad de lugares y siempre aparece un nuevo desafío.
Siempre hay un nuevo desafío. Los locos estamos conectados. El otro día me dijeron vamos al Everest como si me dijeran vamos a tomar un café. Hay que hacer las cosas que a uno lo apasionan. Con pasión, amor y voluntad se puede hacer todo. No hay límites.


“La verdadera felicidad está en las cosas simples”

¿Cuando te dedicaste a correr, fue de un día al otro como un clic, o fue todo un proceso interior?
No, hice un clic total en la vida. Me di cuenta que esta vida así, normal, occidental, del tener, del querer, no te lleva a nada. La verdadera felicidad está en las cosas simples de la vida. Me di cuenta que tenía todo pero me faltaba algo para ser feliz. Y eso fue lo que encontré. Un día me decidí a hacer un cambio de vida. El estilo de vida que llevaba no me daba nada placentero. Había logrado un montón de status económico pero no era feliz. Y con esto encontré más felicidad que la que había encontrado antes. Yo sentía que me faltaba algo. Hace 30 años que soy vegetariano, naturista, hago meditación. Me faltaba completar la parte física. Es algo holístico: cuerpo, mente y espíritu. Cuando hacés algo holístico te sentís completo. Pleno. Feliz.

El escritor y maratonista japonés, Haruki Murakami, dice que a la hora de correr el principal rival de uno es uno mismo.
Claro, yo me superá a mí mismo. En un partido, en una competencia, es uno contra otro, acá es uno contra uno mismo. Yo me identifico mucho con la filosofía de Murakami. El rival de uno es uno, es así. Gandhi dice: “Cargo en mi mochila el monopolio de una sola cosa, el de superarme a mí mismo”.

Igual, debe haber momentos que uno llega a perder con uno mismo.
Llegan momentos en los que tenés ampollas, calor, deshidratación… El cuerpo no siente nada, todo pasa por la mente. El espíritu supera todo. En muchos momentos corro en estado meditativo. No pienso, sólo observo y hago una técnica oriental de respiración consciente y visión ampliada.

¿Qué hacés en esas situaciones tan adversas?
En vez de decir no puedo, digo puedo; en vez de cargarme de no, me cargo de sí. Es canalizar la energía positiva. Me digo “Ramón podés, Ramón podés, Ramón podés”, y puedo. Todo pasa. El dolor pasa, el sufrimiento pasa y llega la satisfacción de haber logrado el objetivo.

¿Alguna anécdota de esos momentos?
En el desierto te tenías que cuidar de las víboras y de los escorpiones. Por ahí sacudís tu zapatilla y se metía un escorpión. Llevábamos una bomba de vacío por si nos picaban. Te la exigen. Además, podías pisar un nido de víboras, que no se ven. Sólo se ven los ojitos brillantes, está debajo de la arena y llegás a pisar ahí y chau. Una noche, estábamos en una carpa grande y nos fue a visitar una cascabel, una linda visita. La matamos, por supuesto, porque si nos picaba nos mataba a nosotros.


¿Cómo se llega a ese nivel de resistencia física y mental?
Tenés que trabajar, leer, meditar, practicar todas estas disciplinas. Hay que entrenar tanto el cuerpo como la mente. Ocupo diferentes técnicas. Para correr también uso algunas técnicas orientales, así mejoro la respiración. Muchas veces voy corriendo en estado meditativo. Muchas veces me preguntan en qué pensás mientras corrés: no pienso, les digo. Murakami aplica esa filosofía de vida. He hecho muchas inversiones. Pero la mejor inversión que he hecho en mi vida es la que hice en salud.

Además, la satisfacción personal que te debe generar cumplir con esos desafíos debe ser increíble.
Llegás a un estado de nirvana, de felicidad pleno. Las demás cosas pasan, pero cuando vos estás pleno, cuando te sentís realizado es duradero. Cuando decís lo pude hacer, no hay precio. La vida te pone muchas cosas sobre la mesa, pero lo indispensable para la vida son pocas cosas. Cuesta darse cuenta, claro. Cuando vos estás en un camino espiritual, no necesitás cosas: ni televisor, ni ruido ni nada. Te vas aislando porque tenés estado de plenitud. Te cuento una cosa.

Cuente.
Hace poquito le hicieron una entrevista a un francés, no recuero el nombre, que vivía solo en una cueva en el Himalaya. Es médico genetista. Era el tipo más feliz del mundo. Los yanquis lo pusieron 220 sensores en el cerebro y demostraron que tenía el lóbulo derecho del cerebro lo tiene más desarrollado que cualquier persona del mundo. El lado derecho del cerebro es paz, armonía, tranquilidad y felicidad. Lo tenía a pleno. El hombre más feliz del mundo. Demostrado científicamente.

¿Por qué creés que a veces cuesta tanto darse cuenta de las cosas que realmente valen en la vida?
La gente está en la vorágine de tener y tener como si la vida fuera eterna. Aprietan la palanca de la muerte queriendo vivir. Se destrozan queriendo vivir. No tienen la claridad para ver dónde está la felicidad. La clave es tener pasión y así uno es feliz.

Abdala, en uno de sus tantos desafíos.

“Una evolución hacia lo superior”

Contame un poco cómo es un día tuyo.
Me levanto a las cuatro. Empiezo con meditación, lecturas, toda esa filosofía oriental. Salgo a las ocho en bici al club Regatas y ahí parto. Tengo un programa escalonado: 15, 20, 25 kilómetros y así. Y lo alterno con natación, porque el correr te endurece y la natación te afloja. Todos los días menos los lunes. Por la tarde me dedico a la profesión, tengo que comer, vivo en la Argentina y los impuestos llegan. Todo aeróbico. Esto lo dije Kennet Cooper, el inventor del test de Cooper, porque cuando hacés deportes aeróbicos si vienen a venderte un seguro de salud decile que ya lo tenés.

Todo un ejemplo de vida sana.
Me gustaría dejar un ejemplo a la gente joven. Hay tanta gente a la deriva, tanta gente joven que toma, que fuma, que no se cuida. Tienen que saber que siempre hay tiempo para hacer un clic y estar pleno. De acuerdo a cómo son tus hábitos personales son tus éxitos personales. No hay otra. Tenés hábitos saludables y va a ser saludable tu vida. Nada más. Es muy simple.

¿Qué te han dado estos diez años en los que empezaste hacer esta vida?
Una evolución total, una evolución hacia lo superior, hacia lo pleno. Me choca la gente que pasa sin evolucionar, sin superarse, con esa chatura. He perdido muchos amigos, que antes tenía y ahora no vibran en la misma frecuencia mía. Pero he adquirido muchos también. Se gana y se pierde.

Además, debés haber visto postales hermosísimas en muchísimos lugares del mundo.
Postales, imágenes increíbles. En el desierto de Kalajari, Namibia, los bichos que ves ahí son increíbles. Chicago, Praga, Finlandia, Tierra del Fuego, ese maratón es precioso. No se puede creer. Los lugares que ha visto mi mente son una cosa de locos. Marruecos también es impresionante. Correr en una primavera por los jardines de Praga o por los lagos de Finlandia. Son experiencias hermosas.

La última. Quizás hay gente que lee esta nota y quiere empezar a correr, pero no se anima o le faltan ganas. ¿Qué le podés decir a partir de tu experiencia?
Que se pongan las zapatillas y un short y que se vaya al Parque. Es económico. Si vos vas y tenés los problemas en cien, corrés una vuelta al lago y los problemas, que le das valor cien se reduce a cuarenta. Cuando hacés actividad física segregás endorfinas, que es el tranquilizante natural que tenés. Cambiar adrenalina por endorfinas. Siempre digo: mi psicólogo, mi psiquiatra es el Parque, más barato imposible.

Autor: Gonzalo Ruiz.
En Twitter: @gonza_ruiz.

Opiniones (1)
14 de diciembre de 2017 | 19:06
2
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14 de diciembre de 2017 | 19:06
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  1. Lo felicito. Hace unos buenos años comenzó a correr cuando le corto en una cirugía el nervio facial a mi tía. La pobre quedó con la boca abierta. Bueno, de algo sirvió la carrera.
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