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Braian Toledo, la joya más preciada del atletismo argentino

Braian Toledo no puede ocultar su sorpresa cuando se enteró que Cristina Fernández, la mismísima presidenta de Argentina, confesó hace unos meses que él era su "debilidad".

Braian Toledo no puede ocultar su sorpresa cuando se entera de que Cristina Fernández, la mismísima presidenta de Argentina, confesó hace unos meses que él era su "debilidad".

Toledo dice sentirse "un chico más" y no "la joya" del atletismo argentino o el "ejemplo de superación a seguir", mochilas que carga sobre su espalda desde que asombró a propios y extraños por sus resultados en el lanzamiento de jabalina.

"No me presiono. No me considero un diamante, sino uno más. Tengo los pies sobre la tierra, sé de dónde vengo y hacia dónde apunto. Tengo claro que debo trabajar para escribir la historia de a poco", comenta a Efe este adolescente de 18 años, con "cabeza" de 25, que representará a Argentina en los Juegos Panamericanos.

El "sé de dónde vengo" encierra una sorprendente historia de vida que Braian se abre naturalmente a contar.

"Comencé en el atletismo a los 9 años, cuando conocí a Gustavo Osorio, mi actual entrenador. Él vio que tenía velocidad para lanzar pelotas de softbol y con el tiempo empezamos a probar con la jabalina, hasta que a los 12 años la disciplina me atrapó por completo y aquí estoy", recuerda en una entrevista con Efe.

Claro que, en la elección, también tuvo que ver la situación familiar, como relata Braian.

"Yo también jugaba al fútbol en las divisiones infantiles del River Plate, pero para mi mamá era muy costoso que viajara todos los días a ese club. Eso también influyó para que me dedicara al lanzamiento de jabalina: con una remera, un pantalón y un par de zapatillas era suficiente", destaca.

Lejos de ponerse el traje de víctima, Braian sostiene que tuvo "una infancia feliz como la de cualquier chico", aunque reconoce que "muchas veces la familia no tenía nada para comer".

"Mi mamá (Rosa) siempre trataba de cubrir nuestras necesidades. Incluso llegó a trabajar como empleada doméstica. Yo no era un tonto y me daba cuenta de que muchas veces no había dinero y había que comer lo que fuera", subraya en un modesto club de la localidad bonaerense de Marcos Paz, donde se entrena a diario.

Su crecimiento deportivo fue espectacular: se cansó de ganar medallas y batir récords en las categorías cadetes y menores, y su nombre comenzó a sonar cada vez más fuerte en el atletismo internacional.

Siempre acompañado por Osorio, su maestro en el deporte y en la vida, Braian obtuvo la medalla de bronce en el Mundial de Menores de Bressanone en 2009 y a partir de entonces su camino dejó de tener tantas espinas.

La Secretaría de Deporte le concedió una beca y, según confiesa, esa ayuda económica devolvió "tranquilidad" a su conciencia.

"En mis primeros viajes no la pasaba bien. Iba a hoteles de cinco estrellas, y yo pensaba que mi mamá y mis hermanos no estaban igual que yo. Si hasta entraba agua en nuestra casa cuando llovía...", recuerda antes de agradecer por la nueva vivienda familiar que le construyeron el Gobierno bonaerense y la Alcaldía de Marcos Paz.

Si 2009 fue un año magnífico, 2010 no se quedaría atrás. Braian grabó a fuego su nombre en el deporte argentino al ganar el oro en la primera edición de los Juegos Olímpicos de la Juventud disputados en Singapur.

Le bastó lanzar la jabalina a 81,78 metros, bastante menos que su propio récord mundial en la categoría menores (89,34 metros), para vencer al estadounidense Devin Bogert y al letón Instars Isejevs.

Las luces cada vez más intensas, su encuentro con la presidenta Fernández, quien le ha convocado incluso para su campaña para la reelección, y el reconocimiento general no han hecho mella en este joven ejemplo argentino.

Braian, que acaba de ganar el Panamericano en Miami y el Sudamericano juvenil en Medellín, sabe que los de Guadalajara no serán "sus" juegos.

"Sé que voy a México a acumular experiencia y a aprender de los adultos, aunque eso no significa que compita de forma suave. Y a partir del 2012 voy a entrenarme con todo para cerrar mi ciclo juvenil en el Mundial de Barcelona y para ver si consigo la marca para los Juegos Olímpicos de Londres", apunta.

Admirador del checo Jan Zelezny, considerado el mejor lanzador de jabalina de todos los tiempos, y de su amiga rusa Yelena Isinbayeva, la notable saltadora con pértiga, Braian Toledo asume con gran madurez que los próximos cinco años serán claves para meterse entre los atletas de la elite mundial.

"En un futuro quiero estudiar medicina y ayudar a los niños pobres, pero en lo inmediato voy a dedicarme sólo al entrenamiento porque apunto a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016", los cuales traza como su objetivo.

"En estos cinco años él va a construir los cimientos del edificio. Su crecimiento físico y mental fue tremendo. Creo que a partir del 2016 empieza nuestra gran historia", vaticina a Efe su entrenador, quien sólo se adjudica el mérito de "haber provocado una motivación en Braian".

"La magia fue el día a día. Y él se contagió de mi locura", explica Osorio, confiado en que con este corpulento deportista Argentina volverá a subirse a un podio olímpico en atletismo.

Braian Toledo es el protagonista de una historia que puede ser de película. Sabe que, para que tenga el final perfecto, debe "seguir comprometido con el trabajo", como le insiste su entrenador.

"Es lindo ganar medallas. Hay que disfrutarlas y guardarlas, pero también saber que cada objetivo conseguido es un nuevo punto de partida", reflexiona este lanzador de jabalina, la máxima esperanza del atletismo argentino.
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