En diez años creció 70% la cantidad de bodegas en Brasil

Desde 2001 nacieron por mes una media de tres elaboradoras sólo en Rio Grande do Sul, estado que concentra el 90% de toda la producción de vinos del vecino país. "La actividad está en apogeo, la calidad aumentó y el Gobierno pasó a ofrecer más condiciones de financiamiento para invertir en maquinarias y en tecnología", advierten.

En los últimos diez años, nacieron mensualmente en media, tres vinícolas nuevas en Río Grande do Sul --Estado responsable por cerca del 90% de la producción de vinos del país.
Actualmente, son 751 empresas, con un aumento del 70% desde 2001 hasta hoy, de acuerdo con el registro vinícola realizado por el Ministerio de Agricultura y por la Secretaría de Agricultura de este Estado.

El motivo principal del ingreso de las nuevas empresas, que en su mayoría son de pequeño porte y con baja producción por hectárea, es el buen momento por el que pasa el sector en el país, advierte una nota publicada hoy por el diario brasileño Folha de San Pablo.

"La actividad está en apogeo. La calidad aumentó. Y el gobierno pasó a ofrecer más condiciones de financiamiento para invertir en maquinarias y en tecnología", dice João Valduga, propietario de la vinícola Casa Valduga.

Un reciente estudio del mercado brasileño (Brazil Wine Market Landscape  WineIntelligence) pone en evidencia la emergencia de una nueva clase media interesada por el vino.

Hasta ahora, el mercado de este país había demostrado un lento desarrollo en sus importaciones de vino, ya que es autosuficiente en un 90% y tiene un consumo débil (1,8 litros por habitante y año en 2008). Sin embargo, sus 200 millones de consumidores potenciales son un dato prometedor.

Actualmente 18 millones de brasileños consumen vinos importados al menos dos veces por año. Los vinos de aguja y gasificados son los preferidos del consumidor brasileño, seguidos de los rosados.

El año pasado, las importaciones de vino brasileñas mostraron una acusada progresión.

Oportunidades
De acuerdo con Júlio Fante, presidente de la Ibravin (institución del sector), las empresas vieron una oportunidad de mejorar sus ingresos. "Es un proceso de crecimiento". Esta expansión se debe a la entrada de inversionistas de otros sectores de la economía y a la decisión de los productores de uva en fabricar su propio vino y que antes vendían su producción a otras vinícolas.

"Los empresarios provenientes de otros sectores traen toda su experiencia en negocios, en gestión, y llevan la profesionalización al mundo del vino", dice Flavio Pizzato, enólogo y director de la Pizzato.

De acuerdo con Mauro Zanus, investigador de la Embrapa Uva y Vino (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria), "ya entran con una estructura de alta tecnología, lo que favorece la calidad de la producción".

Deunir Luis Argenta, empresario que actúa en el sector de estaciones de servicios, decidió invertir en una "antigua pasión".

Con su hermano, compró las tierras de la antigua Granja União, en Flores da Cunha, y creó la vinícola Luiz Argenta.

La vitivinícola, instalada dentro de una roca, con una arquitectura moderna, fue concluida en 2009.

"Trajimos para la vinícola tecnologías desarrolladas en las gasolineras, tal como el control de temperatura en los estanques", dice Argenta.

Inmigrantes
El granjero gaucho José Antonio Peterle, descendiente de inmigrantes italianos -con el "vino en la sangre", como lo dice-, decidió diversificar la actividad y rescatar su origen. En 2002, empezó a implementar sus viñas en Don Pedrito y creó la vinícola Dunamis.

Después de producciones experimentales, lanzó el primer producto en el mercado a fines de 2010. "El vino es como los casamientos de antaño, es un negocio a largo plazo."

En el año 2000, la Quinta Don Bonifacio, de Caxias do Sul, empezó a producir uvas que vendía a otras vinícolas. Siete años después, la familia empezó a hacer sus propios vinos y vinos espumosos.

"Con el aumento del consumo de los brasileños, impulsado por la entrada de las bebidas importadas, nos dimos cuenta de un nuevo negocio lucrativo", dice Marina Libardi, directora comercial de la vinícola y sobrina de los fundadores.

Antoninho Calza, propietario de la vinícola que lleva su apellido, en Monte Belo do Sul, producía vinos para otras compañías.

"Las empresas se vendieron y quedamos sin tener a quien comercializar. Tuvimos que encontrar una salida. Ampliamos la vinícola e invertimos en tecnología para lanzar nuestro producto", dice Calza.

A pesar del aumento del número de marcas, todavía la mayoría es desconocida por los brasileños. Los empresarios tienen dificultades de logística y de distribución para llevar sus vinos allende la región Sur.

Fuente: Folha.com

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