Los que vuelven, como Felipe

Los dirigentes opositores buscan empezar a cerrar acuerdos para garantizar la gobernabilidad y el envío de fondos frescos a sus distritos.

El libro de pases está abierto. El primero en dar el gran salto de la oposición al oficialismo fue Felipe Solá. El diputado se ganó el odio de sus excompañeros de bancada agrupados en el PJ disidente y el martes 27 se despidió de ellos con una reunión poco concurrida en el Congreso. Pero no es el único que busca el refugio del kirchnerismo.
 
Con la victoria casi asegurada de Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones del 23 de octubre, los dirigentes opositores buscan empezar a cerrar acuerdos para garantizar la gobernabilidad y el envío de fondos frescos a sus distritos.
 
Los operadores del Gobierno ya empezaron la ronda de reuniones con los arrepentidos y evalúan cada retorno con mano dura. “No todos van a poder volver”, deslizan, y aseguran que muchos acuerdos se cerrarán después de las elecciones.
 
Volver. Carlos “Lole” Reutemann es uno de los que buscan el oxígeno de la Casa Rosada. Silencioso y solapado, como es su costumbre, les dio vía libre a sus diputados para que se distancien del bloque del Peronismo Federal. El grupo de seis legisladores santafesinos encabezados por Celia Arena, de máxima confianza de Reutemann, ya tiene nombre para su nuevo bloque: Unidos por Santa Fe. En la avanzada para volver al abrigo oficial, Arena se reunió la semana pasada con el ministro de Economía, Amado Boudou. Le llevó un proyecto para convertir en autopista la ruta 11 y posó sonriente para la foto. Boudou se convirtió en uno de los interlocutores preferidos de los que quieren volver. En sus recorridas de campaña por todo el país recolecta pedidos de opositores que buscan la llave de la Casa Rosada.
 
El electo gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, también quiere hacer las paces con el Gobierno. Le va a costar. Todavía le facturan que en las primarias no diera un apoyo contundente a la fórmula de Cristina y que coqueteara con lo que en el oficialismo consideran el peronismo más rancio, el representado por Eduardo Duhalde y los hermanos Rodríguez Saá. El sábado 24 hubo un intento de acercamiento. Cristina fue hasta Morteros, Córdoba, a abrir la Muestra Internacional de Lechería e inaugurar el Centro Genético Néstor Kirchner. En el palco estuvo De la Sota, pero Cristina ni siquiera lo saludó. El gobernador busca limar asperezas porque sabe que necesita los fondos de coparticipación que le envía la Casa Rosada para gobernar en paz. El cordobés tuvo dos gestos que apreciaron en el Gobierno: bajó su lista de diputados nacionales para favorecer al kirchnerismo y prometió dar apoyo en leyes claves que se votarán en el Congreso.
 
Para el gobernador de Corrientes, el radical Ricardo Colombi, las tratativas vienen difíciles. Ya les hizo llegar el mensaje a los operadores del Gobierno de que busca tener una buena relación con la Casa Rosada y que es un soldado del modelo. Pero no le abrirán las puertas del oficialismo: “Se portó muy mal con nosotros”, deslizan en el Gobierno. Le facturan que nunca pudo alinear a sus senadores y diputados para que voten con el kirchnerismo. Tampoco le perdonaron que no haya trabado el proyecto para sembrar arroz sobre el Arroyo Ayui en la localidad de Mercedes, en Corrientes, que es impulsado por el vicepresidente del Grupo Clarín, José Aranda, y el magnate George Soros. Tiene otro obstáculo: Cristina apuesta al crecimiento del intendente de la capital correntina, Carlos Espíndola.
 
Ganadores. Ramón Mestre, el radical que acaba de quedarse con la intendencia de Córdoba, no dejó pasar un minuto para pedir asilo en el Gobierno. Ya pidió una reunión con representantes del Gobierno. Por ahora no se sabe cuándo le darán turno para la visita. Mestre se mosmostró dispuesto al diálogo y prometió “acompañar el modelo” para garantizarse un canal de diálogo que facilite los fondos que necesita para los cuatro años de gestión que tiene por delante.
 
Hay más intendentes que buscan mejorar su relación con el oficilialismo. El de La Plata, Pablo Bruera, había sido castigado por sus críticasal kirchnerismo y por ser parte del grupo de los ocho intendentes díscolos que en el 2009 se alejaron del Gobierno. Luego de la buena elección que hizo en las primarias, la relación con el Gobierno se volvió más aceitada.
 
Sergio Massa, el intendente de Tigre, mejoró su relación con el oficialismo luego de su salida del Gobierno. El exjefe de Gabinete se cruzó con Cristina hace tres semanas en una videoconferencia para inaugurar obras. El clima fue distendido y la Presidenta se permitió algunos chistes, pero por ahora no hay planes para que vuelva a ser del círculo de confianza.
 
El caso de Mario Das Neves, gobernador de Chubut y candidato a vicepresidente junto a Eduardo Duhalde, es sorprendente. Fue oficialista, luego se distanció y se reconvirtió en uno de los principales críticos del Gobierno junto a Duhalde. Das Neves partició de un acto junto a Cristina en Rawson. Al actual gobernador no le hizo ruido contar que lo llamó el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, para pedirle que fuera: “Me llamó para invitarme, así que voy”, dijo sin sonrojarse. Lo cierto es que es poco probable que lo vuelvan a recibir en el kirchnerismo: “Tiene las puertas cerradas y Cristina nunca lo va a indultar”, jura un legislador K. En el duhaldismo cayó mal la noticia del encuentro. Con Duhalde hace semanas que no hablan y el equipo de campaña le recrimina no haber puesto la plata que había prometido para hacer proselitismo.
 
Su antiguo delfín, Martín Buzzi, que ganó la gobernación de Chubut con los votos justos, ya oficializó su pase al Frente para la Victoria. A pocos días de ganar se reunió con Cristina en la Casa Rosada y confesó su nuevo pedigree K: “Chubut está alineada con el Gobierno nacional”. Buzzi tiene una excelente relación con el empresario y examigo de Néstor Kirchner, Lázaro Báez, y con Cristóbal López. Ambos tienen negocios petroleros en Chubut.
 
Con la casi segura victoria de Cristina en las elecciones, muchos de los que en su momento se fueron quieren volver al abrigo K. La última palabra la tiene el Gobierno.


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