¿Que quién ganó el Nobel?

"Tomas Tranströmer es, para la mayoría de los mortales de habla hispana, un absoluto desconocido. Y tampoco está mal eso, es decir, no vamos a caer en la desesperación 2.0 de tratar de saber todo, todo, todo, pero, claro, algo alguien en algún lado debería saber sobre él", escribe Frias.

Todos los años, la entrega de los Nobel suele generar polémica. Por supuesto, tampoco es todo rosas. De todas las categorías, el premio al más pacificador (después de Obama, creo que esta sería una buena calificación, especialmente por eso benedettiano de “que quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será”) suele ser el más cuestionado, o por lo menos el que está bajo la lupa más grande, la de gran parte de la población mundial.

Y a este suele seguirle, en polémica, claro, el de Literatura. Verbigracia, el bolonqui que se armó el año pasado con la entrega del premio a Vargas Llosa.

Este año no hay tanto revuelo por los premios, y una de las notas más destacadas fue la muerte, tres días antes del resultado, de Ralph Steinman, a quien se le otorgó el Nobel de Medicina (buena decisión de la Academia sueca y que no altera su reglamento).

Cuestión que, polémicas más o polémicas menos, nos detendremos en el Premio Nobel de Literatura, que este año le fue otorgado a Tomas Tranströmer, sueco de nacimiento y poeta de profesión.

Claro, quienes se interesan por este tipo de cosas intrascendentes como la literatura (y prefieren tratar de conocer un poema a googlear noticias sobre un culo que apareció por televisión) se pusieron de inmediato a buscar referencias sobre Tranströmer en Internet, y de algunas cosas se pudieron enterar. Pero sólo de algunas.

Tomas Tranströmer es, para la mayoría de los mortales de habla hispana, un absoluto desconocido. Y tampoco está mal eso, es decir, no vamos a caer en la desesperación 2.0 de tratar de saber todo, todo, todo, pero, claro, algo alguien en algún lado debería saber sobre él.

Entonces, hubo quienes salieron corriendo (bueno, tómelo metafóricamente, tampoco es para tanto, demos por hecho que no iban a la velocidad de la luz) a buscar algún libro de este sueco que, para los oídos de este lado del mundo, más que un Nobel era un nóvel. Y, oh sorpresa, no los hay en español.

Según pudimos saber, no hay más que dos títulos de Tranströmer traducidos y publicados en español (y hace varios años), con la consecuente imposibilidad de conseguirlos en librerías, tanto de novedades como de usados.

Así que vaya perdiendo las esperanzas de comprar algún título de este muchacho, porque si, de hecho, el libro de un Nobel cotiza más alto, imagínese lo que puede costar en breve uno de Tranströmer, porque ya debe haber editoriales ofreciendo sus buenos montos por los derechos, y como el muchacho ahora elevará sus costos, entonces los precios deben ser bastante saladitos. A eso súmele todo el agregado del proceso de impresión, distribución y demás, con lo que llegamos a que, cuando estén en las vidrieras los libros del sueco, vamos a tener que pagar, como mínimo, una cifra de tres números.

¡Aguante Internet!

¿Y debe este desconocimiento de Tranströmer destruir los nervios de los amantes de la literatura por no tener nada que opinar sobre él más allá de lo que aparece en los medios? (Problema existencial si los hay).

No. Por dos razones. Primero, porque podemos presentir que la mayoría de los periodistas (ojo, lea bien, la mayoría, digo, para que no vaya a venir la minoría complementaria a quejarse) que escribieron sobre Tranströmer y su obra desde ayer a las 8 hasta hoy (esperemos que ya no mañana) no tenía ni la más mínima idea de quién era este muchacho sueco hasta antes de googlearlo, wikipediarlo o enciclopediarlo.

Y segundo, porque quien suscribe (tan ignorante como la gran masa) envió de inmediato mails a varios de sus contactos relacionados con las letras, narradores, poetas, dramaturgos y demás, y la respuesta fue similar en la mayoría de los casos. Y eso que no se trataba de nenes de pecho en lo que a literatura se refiere.

A continuación, se reproducen algunas de las respuestas que se recibieron, sin revelar a sus emisores, claro, pero confíen en que son realmente reales de una realidad real.

A ver:

“Caro amico, a fuer de pecar de ignorante, no tengo idea de quién es, sorry. Abrazo”.

“No conozco su obra, Alejandro. Nada puedo decirte. Un abrazo”.

“Mi estimado Alejandro, lo siento mucho pero ¡en mi vida he oído hablar del señor Tranströmer! (…) Supongo que será un excelente poeta, pero con eso no nos alcanza para que yo escriba no digo doscientas, ni tres o cuatro palabras. Lástima, y espero que aparezca alguien con la autoridad suficiente como para hablar de él. Gracias y buena suerte”.

En fin, sólo botones de muestra de algo que es una certeza.

Y para el final dejamos una de las respuestas que más esperanzas dio de hacer una nota sobre Tranströmer con opiniones de especialistas: “Ay, querido Alejandro, parto raudo para Brasil y no llego a tener condiciones de escribir, pues necesitaría leer mucho para hacerlo y no estaré con el material del brillante poeta. ¡Qué pena! Abrazos inmensos”.

Esperemos en algún momento leer algo más de Tranströmer de lo que está en la red.

Alejandro Frias
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5 de Diciembre de 2016|08:03
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