Horror y cuenta nueva: un periodista inglés en la “nube de miedo”, con Videla y Borges

“¿Cómo pretendían sus marinos ganar en Malvinas si su escuela (la ESMA) estaba ocupada para hacer torturas?”, se pregunta el autor británico Christopher Hitchens con su mirada externa y certera, tras recordar su paso por la Argentina de Videla.

“El terrorismo no es solo matar con una bomba, sino activar ideas”. Con esas palabras recibió el general Jorge Rafael Videla a Christopher Hitchens, el gran reportero y, consecuentemente, ensayista inglés.

La frase es parte de las memorias del autor, recientemente editadas (en 2010 en ingles y este año en español, por Debate) y el párrafo destinado a sus puntuales y espinosos recuerdos sobre la Argentina ocupan 16 páginas de un libro jugoso a lo largo de sus 511 carillas.

Hitchens, incansable viajero, militante, escritor, polemista que vivió de los dos lados del Atlántico, entre Londres y Nueva York, eligió a una serie de íconos del pasado y del presente de esta tierra del sur del mundo para estampar en su crónica. Pasan por esas hojas el ya mencionado Videla (“Tengo una foto del encuentro que todavía me da ganas de vomitar…”, dice), pero también Borges, Pio Laghi, Massera, Jacobo y Héctor Timerman. De hecho, comienza su relato hablando del ahora canciller, al recordar su encuentro con el hijo del veterano y polémico periodista y ex creador de La Opinión, durante la asunción de Barack Obama.

Es que vino en los años de plomo justamente a instancias del caso Timerman y de su relato sobre las torturas de las que fue objeto, plasmadas en “Preso sin nombre, celda sin número”.

El británico da vueltas sobre el dramático concepto de “desaparecido”, tratando de encontrarle la vuelta a ese “invento” argentino. Y recuerda que le preguntó por el destino de Claudia Inés Grumberg, una joven desaparecida.

“El terrorismo –fue entonces que le dijo el dictador- no es solo matar con una bomba, sino activar ideas. Quizá por eso está detenida”.

Hitchens recibió, según su propio testimonio del encuentro producido en la Casa Rosada, las miradas de dos o tres ursos que acompañaban a Videla, quien profundizó, entonces, sus conceptos: “Consideramos un gran crimen trabajar contra el estilo de vida occidental y cristiano: el que pone bombas no es el único peligro, sino también el ideólogo”.

Tal vez fue en ese acto cargado de protocolo, aunque no por ello despojado de brutal sinceridad, que el periodista descubrió que sus referencias sobre la inseguridad reinante en este suelo no era solo eso, sino que estábamos envueltos –tal como lo califica en sus memorias- en “una nube de miedo”.

Las páginas "argentinas" del último libro de Christopher Hitchens.

“La gente –escribió- le hablaba a los extranjeros desviando la mirada, y todo el mundo parecía conocer a alguien que había desaparecido. Los rumores sobre lo había ocurrido eran fantásticos y estrambóticos, aunque resultó que eran un eufemismo de la realidad”.

Es cierto que puede argumentarse en contra de algunas de las palabras del escritor la sola mención del título de algunos de sus libros: “Dios no es bueno” (Debate, 2008), “Dios no existe” (Debate, 2009) y hasta el no traducido –aunque conocido en el mundo entero- “The Missionary Position: Mother Teresa in Theory and Pactice" (1995).

Pero eso no le quita verdad al hecho de que, como lo cuenta en sus memorias, el torturados, secuestrados y ladrón de propiedades de desaparecidos Emilio Eduardo Massera tenía a un “pulcro compañero de tenis”: el nuncio apostólico Pío Laghi, quien más tarde se convertiría en cardenal primado.

Después vino su desazón con su admirado Jorge Luis Borges. Lo visitó, dialogó con él y hasta recibió un regalo.

Pero se arrugó entero cuando pretendió quitarle una frase, una reflexión y tal vez, una tibia condena al régimen imperante. “Este es mi país y aún podría serlo. Pero algo vino entre nosotros y el sol”, le respondió Borges a Hitchens en su casa de Maipú 994 Sexto B. ¿Hablaba de Videla y la dictadura?

Hitchens, según Grañena, es Heraldo.es.

“No”, responde el ensayista británico. “Se refería –escribió- al gobierno de Juan Perón, que para él había depravado y corrompido a la sociedad argentina”.

Argentina, una barcaza de 16 páginas en ese mar de encuentros y anécdotas pesadas en que se transformó el libro “Hitch-22. Memorias”. Hay más, pero el párrafo local resulta impactante por la mirada ajena y certera y, también, por la calidad de ese ojo.

Leé el libro completo en inglés, en formato PDF haciendo clic aquí.

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9 de Diciembre de 2016|18:16
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