"Es miserable que tilden a Tato Bores de colaboracionista"

José Sacristán habla de su curiosa cercanía con la derecha, y considera la izquierda está "desmantelada".

Pocas veces un título puede ser más exacto, porque José “Pepe” Sacristán está haciendo Caminando con Antonio Machado, de Los días azules a El sol de la infancia, recorriendo todo el interior de la Argentina, pasando también por Chile, y de regreso a nuestro país dará una presentación gratuita en la Casa del Bicentenario y se despedirá en diciembre en el Teatro Nacional Cervantes.

El largo trayecto lo hace junto a su inseparable mujer, Amparo, y Facundo Ramírez –hijo de Ariel Ramírez–, quien lo acompaña en el piano. En el momento de la entrevista, se encuentra en un día “sándwich”, es decir, posterior a su presentación en Bell Ville y previo a la de General Pico.

Luego caminará junto al gran poeta español por teatros de Santa Rosa, Neuquén, General Acha, San Luis, Gualeguaychú, Corrientes, San Juan, Mendoza, Mar del Plata, Bahía Blanca, Puerto Madryn, Esquel, Bariloche y Zapala, entre otras localidades del interior del país.

—¿No te cansa tanto trajín?
—Esto es parte intrínseca del trabajo del actor desde el principio de los tiempos. Y además es muy gratificante hacerlo por este territorio tan ancho y tan largo, viendo lo que le sucede a la gente, que excede a la situación del actor y llega al corazón del ciudadano Sacristán, pues la emoción compensa largamente esto de ir de un lado para el otro. Yo he procurado evitar todos aquellos poemas que popularizó Joan Manuel Serrat en su repertorio, porque sus canciones tienen vida propia, y sin embargo hay una familiaridad en la obra de Machado sobre la vida, la muerte, Dios, el amor, el desamor, que es eterna y universal para todo ser humano. Al punto que muchos espectadores van diciendo los poemas en voz baja. Es el hecho vivo, la relación que se produce entre el público y este espectáculo, que a pesar de mis muchos años en este oficio no deja de emocionarme. Esto comenzó en marzo, cuando vine a rodar El muerto y ser feliz, y le comenté a mi amigo Osvaldo Papaleo lo que estaba haciendo con Machado. Entonces él empezó a mover los hilos y despertó un interés fenomenal.

—¿Qué pensás de las acusaciones que hace unas semanas recibió Tato Bores, al que señalaron de “poco combativo” contra la dictadura militar?
—¡Me parece sencillamente miserable que lo tilden de colaboracionista, porque conocí a Tato y su obra jamás alabó al sistema! Si trabajar bajo una dictadura es ser “colaboracionista”, yo sería el primero en acusarme de eso, igual que Paco Rabal y Fernando Fernán Gómez.

—¿Por qué creés que la derecha y el capitalismo siguen subsistiendo?
—Pienso que no podemos decir que el capitalismo no conduce a nada, porque están haciendo lo que se les da la gana. La impunidad del capital salvaje lo que no tiene es contrincantes, no tiene enemigos. Lo que está desmantelada moral y estratégicamente es la izquierda, incluyendo a las centrales sindicales y el movimiento de los trabajadores. Creo que no hemos sabido ordenarnos: el desmantelamiento de la izquierda es fundamentalmente moral, y en lo que a la derecha española se refiere, esto se veía venir y van a arrasar en las elecciones de noviembre. El tsunami se va a llevar por delante todo lo que pille y hasta al señor Obama. Lo que está sucediendo es terrible porque, lejos de mostrar la crisis, lo que está poniendo en evidencia es la impunidad y la falta total de contrincantes que tiene este capitalismo miserable.


—¿Los pueblos se dan vuelta como “panqueques” para ir tan fácilmente de la izquierda a la derecha, y viceversa?
—Mira, las políticas que hoy están siguiendo en Europa son ordenadas por los mercaderes de Bruselas –en cuyos brazos nos hemos dejado caer– y hay responsables. Lo difícil es encontrar inocentes. En lo que a la economía se refiere, no hay más que obedecer o romper las reglas y jugar a otra cosa. Esta pendularidad de la izquierda y la derecha es otra demostración de la fragilidad con la que se establecen ciertos valores ideológicos. Y esta ambigüedad es la que favorece, entre otras cosas, a este capitalismo hijo e’puta.
—¿Es debilidad de Zapatero aceptar las recetas de Bruselas?
—No, es que no le queda otra a él ni a los demás. Lo que vosotros hicieron en 2001 tenía otro origen y otra posibilidad de solución. En la Europa actual sólo queda obedecer. Sería muy fácil echarle la culpa a Zapatero y a su equipo: ¿dónde estábamos en 2008, cuando se sabía que esto iba a suceder? Los indignados de hoy son los encantados de hace tres años, que miraban para otro lado y estaban felices de la vida. Así que lo único que queda es indignarnos contra nosotros mismos, por haber vivido de espejismos. Los políticos y los banqueros de entonces eran igual de inútiles y miserables que los de ahora. ¡Que conste que yo estoy con los indignados y me indigno! Pero espero que esta crisis le sirva de algo a la izquierda para cambiar el discurso y la actitud; si no, vamos a seguir como siempre.
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