"Yo soy argentino, pero salí despavorido cuando no tenía para comer"

Sergio "Maravilla" Martínez repasó su carrera y contó cómo cambió su vida cuando emigró a España por la crisis de 2001. Hoy, a los 36 años, es campeón mundial de la CMB. Su sueño: pelear frente a Mayweather.

La vida lo puso a prueba decenas de veces, pero siempre la dejó besando la lona. Por su lucha incesante y su mentalidad ganadora, aún con episodios que trataban de noquearlo, Sergio Gabriel Martínez dejó la Argentina para ir en busca de su futuro y encontrarse, en este presente, como el enorme campeón que es. No sólo da cátedra arriba del cuadrilátero, sino también debajo, aunque en el ring sea donde deja de lado su humildad para tornarse guapo, encarador y desafiante.

Sergio atendió el llamado de Infobae.com con gestos grandilocuentes de cansancio por el duro entrenamiento antes de la pelea frente al inglés Darren Barker. Se lo escuchaba agitado y desde su primera frase dejó escapar esa tonada española que lleva consigo: "Estoy cansado, hombre. Recién llego al hotel, terminé de entrenar hace unos minutos". Es que "Maravilla", apodo que le puso el periodista y jurado de boxeo Luis Blanco, lleva 10 años viviendo en España, aunque sus peleas y la preparación las realiza en los Estados Unidos, lugar donde es mucho más reconocido que en la Argentina.

Martínez se despidió del país por la crisis de 2001. Cuando el bolsillo le encerró las ilusiones, él prometió ir por sus sueños. Su destino fue España, donde las cosas le resultaron muchísimo más complicadas de lo que pensaba. Así, comenzó a entender que la vida golpeaba mucho más duro que cualquier oponente arriba del ring.

"Uno siempre tiene una balanza donde puede elegir. Yo tenía la posibilidad de quedarme en mi tierra y lucharla desde ahí. O irme afuera y buscar la chance de triunfar. Uno va eligiendo y sorteando sus obstáculos. Los primeros cinco años en España fueron durísimos. No lo vivo con nostalgia ni con tristeza; sin haber sufrido no podría haber llegado hasta acá. El haber vivido sin papeles fue una situación dramática. En un país como España, que por más que hablemos el mismo idioma, está muy lejos de la Argentina. Viví con miedo, con temor. Entrenaba casi seis horas por día, mantenía cinco trabajos. Pero gracias a todo eso, el sabor del triunfo es mucho más dulce", le contó Martínez a Infobae.com.

Casi por casualidad, con un papel olvidado en uno de los bolsillos de un pantalón, Martínez contactó en España a Sergio Sarmiento, quien es su entrenador actual, pero además fue su guía espiritual, psicológico y compañero en esos momentos donde el quilmeño tenía que ser más fuerte que nunca. Todo se fue dando de forma especial. Siempre con la retaguardia en alto, esperando un directo de la propia vida, Martínez fue forjando un futuro resplandeciente, con un esfuerzo primordial y un sacrificio incesante.

Esa vida en España lo ayudó a fortalecer su alma, a cristalizar sus objetivos. "Maravilla" siempre tuvo claro que el destino, luego de esos caminos pedregosos, le iba a deparar algo mucho mejor: el reconfortante sabor que le brindaron los títulos que logró en su carrera. "El punto de inflexión fue el 21 de junio de 2003, cuando gané en Inglaterra. Eso fue muy grande, a partir de ahí, sabía que mi carrera iba a ir para arriba", recuerda.

Su primer combate en España fue en 2003, en peso superwelter. Aunque a muchos no les conste como la tecla que encendió su ángel, Martínez no duda que esa pelea contra Richard Williams fue el gran trampolín de su carrera. Un mes después del debut en España, el oriundo de Quilmes fue hasta Inglaterra y comenzó a regar su semilla, la que terminó dándole los frutos de la gloria. En aquella ocasión, venció a Williams por decisión unánime, en el dificilísimo Manchester Evening News Arena, uno de los reductos más complicados del planeta para cualquier visitante. Allí, "Maravilla" le hizo honor a su apodo y se quedó con el título superligero de la IBO.  

Reinó dos años y luego fue por más. Se convirtió en campeón latino CMB al derrotar al georgiano nacionalizado español, Albert Airapetian, y así sus objetivos fueron creciendo. Venció al duro Alex Bunema en 2008, en California y se quedó con el cetro mundial interino superwelter de la CMB. Luego empató en 2009 contra el puertorriqueño Kermit Cintron, en una polémica y accidentada pelea. Tuvo otra gran noche frente a Kelly Pavlik, en 2010, a quien venció por puntos (decisión unánime tras 12 asaltos), para quedarse con el título mundial de la Confederación Mundial de Boxeo. Ese mismo año, pero en noviembre, Martínez derrotó a Paul Williams con un tremendo nocaut en el segundo asalto, para retener el título y tomarse revancha de una derrota anterior ante el fibroso norteamericano.

A pesar de sus logros, "Maravilla" no se siente reconocido en la Argentina. "Yo soy argentino, pero vivo lejos. Reconozco que llevo diez años viviendo fuera del país. Yo lo que hice fue salir despavorido cuando Argentina no podía más.  No tenía para comer, cuando junté algo de dinero me fui a buscar mi futuro. Lavé copas, fui portero de discotecas y profesor en gimnasios. Me tenía que sostener. Fue la mejor decisión que tomé en mi vida. Muy poca gente sabe lo que trabajé y peleé para llegar a esto", cuenta a la distancia.

Sin embargo, Martínez sigue acumulando sueños. El primero es pelear contra Floyd Mayweather, donde de ganar y obtener esa superbolsa con la  que soñó toda su vida, le haría replantearse sus ganas de seguir combatiendo. Según pudo averiguar Infobae.com, ya no sería tan complicado que se ese duelo se realice y hasta "Maravilla" se ilusiona con hacerlo posible en 2012.
"Estoy caminando por las paredes", expresó. El otro sueño es tener su gran noche en el Luna Park, donde se lució su ídolo Carlos Monzón, y donde se pasea su otro espejo del presente: Omar Narváez. "Es una posibilidad, lejana, pero posibilidad al fin. Dentro de mis metas está ir a la Argentina y combatir en el Luna Park. Así como dije que quiero enfrentar a Pacquiao o Mayweather, es una meta pelear en mi país. Puede ser sobre el final de mi carrera, pero sé que lo voy a conseguir", ahondó.

Martínez, a sus 36 años, entró en la última etapa de su carrera. Aunque a su recorrido boxístico le quede poco camino, él sigue proponiéndose metas. Este fanático de la lectura y amante de los libros del autor español Carlos Ruiz Zafón, no se cansa de regar objetivos: "Me faltan algunos años más para hacer historia. Mi deseo es que me den la posibilidad de pelear contra todos y demostrar que soy el mejor libra por libra. Yo sé que tengo posibilidades concretas, le estoy pisando los talones a Maywather y sé que si me dan la posibilidad lo voy a lograr".

En silencio, con perfil bajo, toda la humildad a cuestas y un grado perceptivo de positivismo, Martínez encara la vida. Dejó de trabajar en lo techos de Argentina para escaparle a la crisis. Forjó su historia dentro de su destino, se puso los guantes y salió a boxearle a la vida, esa que se empeñaba en hacerlo sufrir, pero que se dio por vencida y le devolvió esos años de temor con sabores dulces, felicidad extrema y el reconocimiento propio de su esfuerzo constante. "Maravilla" va por más, sabe que a su película le faltan algunos capítulos y, como él siempre dice, cuando lleva las de perder, es cuando más se da cuenta de que puede ganar.  
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