Iglesias: “No puedo separar la convivencia, la militancia y el trabajo de la amistad”

Es fanático de Racing, prefiere el cabernet sauvignon antes que el malbec, se confiesa adicto al cine y no iría a Europa sin pasar por París, disfruta de la compañía de sus hijos en la campaña, de la excelente mano de su esposa santafecina en la cocina, de la pesca, le preocupa la mentira y cree en el respeto que le tienen los mendocinos. Una entrevista en relax con Roberto Iglesias.


Por Mariana Di Leo y Pablo Catalani

Minutos después de las diez y media, llegó Roberto con su chaqueta de gamuza marrón colgando de un hombro. Quizás la idea de encontrarnos en la bodega, en medio de la viña, en compañía de vinos amables lo animó a hacer una pausa entre tanto estrés pre electoral. Nos saludamos y partimos caminando hacia la Casa del Visitante de Familia Zuccardi, cruzando la ruta del lado de la cordillera, rodeados por los parrales de Finca Beltrán con el calorcito del sol matinal abrazándonos la espalda.

Roberto sintonizaba con esa calma, con su aplomo, serenidad, hasta con su simpleza para responder. Había bajado la guardia, no venía armado, con la armadura que a veces se necesita frente al metal frío, punzante de los micrófonos. Esta vez, venía dispuesto a soltar la amarra a su privacidad para navegar y conducirnos a la otra orilla de su persona.

- ¿Es importante que estén humanizados nuestros gobernantes?

- La política está muy desgastada, hay que establecer límites, debe haber más seriedad. Caer en el vedetismo es muy fácil, no hay que ocultar pero si tener cierta intimidad.

- ¿Por qué deberíamos conocerte en otras facetas de tu persona?

- No sé si es necesario, mi rol social es el político. Además, no sé si se puede ser objetivo en la definición de uno mismo, por ejemplo, cuando se pregunta en el ámbito artístico cuál es tu gran defecto, la respuesta es -mi peor defecto es ser muy sincero- tan subjetivo como absurdo. En esto pongo en juego mi terquedad. Porque es un gran desafío para mi descubrir dónde está el límite y en dónde debería ser más flexible.

- ¿Cómo creés que te percibe el mendocino? ¿Cree en vos?

- Algunas cosas me las creerán otras no, está muy difícil creer en la política. Sí creo que me respetan porque he tenido una actitud coherente, firme en mis posiciones, he afrontado situaciones y siempre de frente. Hoy el descrédito es muy grande, ocurre no solo en Argentina. La gente cree a corto plazo. A Kirchner le pasó, luego, después de su muerte, se recuperó la credibilidad en el Kirchnerismo. Hoy se hace realmente difícil enmarcar el “deberíamos hacer” con la credibilidad de la gente. Cómo hacer una campaña sin mentir, para mí es un tema serio. ¿Y cómo hacés para hacer una campaña que genere expectativas si la ilusión está muy en el límite de lo realizable?

- ¿Y vos qué camino elegís?

- El de la realidad, siempre me he manejado así y no me he apartado, más allá de que las medidas sean o no entendidas. Volviendo a la vida privada, sí creo que es importante mostrar los bienes privados, eso debe ser de público conocimiento.

Roberto, habla de hacer públicos sus bienes, sin embargo, expresa abiertamente que le cuesta soltar los otros, los inmateriales, los del terreno de los afectos que guarda celosamente, como son sus hijos, la profundidad que busca en las relaciones de amistad, el fuerte compromiso que mantiene con las costumbres que dan forma a su vida familiar.

- ¿Cómo te llevás con tus hijos, cómo te ven?

- No sé cómo me ven, creo que de forma distinta, pero ninguno de manera especial por mi función o por los espacios que he ocupado. Tenemos una relación muy buena, no amistosa, porque considero que padres e hijos no son amigos. Tratamos de almorzar juntos todos los días, sí, todos los días, sino te quedás sin ese vínculo, que no se gana con el teléfono. Si alguno se demora lo esperamos porque es el momento de contar las vivencias, de convivir y estar presentes. En las vacaciones siempre se hacen un tiempo para pasarla con nosotros y, con Josefina, hacemos el esfuerzo para coincidir. Lo disfrutamos mucho.

Lucas, Manuel, Agustina y Belén, son sus cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres a quienes tuvo en ese orden, porque según dice “soy ingeniero y hago las cosas ordenadamente”. Roberto repite varias veces la palabra “obligación”, “me obligo a dejar otras tareas para almorzar juntos”, dejando entrever que, a pesar de su firmeza y obstinación, características con las que se lo identifica, es capaz de una flexibilidad que pocos podríamos lograr, como dejar de lado la rutina diaria para compartir en familia.

- ¿Está claro como mimás a tus hijos… y a tu esposa?

- ¿A Josefina?… teniéndome todos los días.

Se ríe caprichoso, infantil, con la picardía del que se sabe consentido, luego, rápidamente retoma su búsqueda del equilibrio y la racionalidad, “los hombres debemos involucrarnos en las cosas cotidianas del hogar, las mujeres trabajan y nosotros tenemos que colaborar, además, ¡para que los hijos no sean tan de las madres! Mis tres primeros chicos se llevan escasamente un año de diferencia. Recuerdo cómo padecimos el 89, Menem había asumido y había una hiperinflación terrible, con tres bebés con pañales era imposible no recurrir a los de tela.

- ¿Y cambiabas pañales a la par?

- Sí. Los chicos tienen 24, 23, 22 y 18, fueron muy seguidos. Josefina es abogada y tiene una casa de ropa, ambos hemos compartido muy atentos las inquietudes de ellos y los temas que se van presentando.

- ¿Tus padres… venís de una familia de políticos?

- No vengo de una familia política, mi padre era comerciante, tenía zapatería, dos en el centro y una en Palmira. En avenida San Martín casi Las Heras nací yo, ahí, al fondo del comercio, estaba nuestra casa. Tres de mis abuelos fueron españoles, dos de Asturia y el cuarto nacido acá. Él participó del sindicato de los ferroviarios, parece ser que era muy combativo. Mi padre no fue político, se hizo después conmigo. Recuerdo que me tocó una época de juventud conflictiva, pero muy linda, de mucho debate, ideología, discusiones, la década del 70. Leíamos mucho, algo que ahora lamentablemente no hago. Se debatía mucho. Yo me hice radical, me puse a militar.

- ¿Cómo la pasaste con los militares?

Me tocó en la universidad el golpe del 76. Egresé de la UTN, recuerdo que, entre otras cosas, nos exigían una libreta sellada. También me acuerdo de una redada en el barrio Bombal, donde viví prácticamente toda mi vida, cerraron la manzana y mi madre estaba muy nerviosa por los libros que teníamos, porque había de izquierda, de derecha, de todo tipo de ideologías. No sufrí ninguna persecución, además ya participaba en el radicalismo en donde teníamos una postura muy clara de no violencia.

- Antes de la universidad, egresaste del Liceo Militar, ¿qué significó esta educación para vos?

Me fui en 4° año y egresé de la secundaria en el San Buenaventura. La vida en el Liceo no fue un trauma, me dejó muchas cosas positivas. En aquella época, el nivel educativo de ese colegio era muy bueno, tanto es así que prácticamente sorteé el pre universitario sin estudiar, por la preparación que traía.

- ¿Sentiste que formabas parte de la clase alta siendo alumno del Liceo Militar?

- Siento que siempre he pertenecido al sector medio. Tanto el Liceo como Maristas, eran colegios caros de la época, pero no creo que por eso pueda encasillarlos como de clase alta.

- ¿Tus amigos son los de aquella época?

- Hice muy buenos amigos porque conviví mucho con ellos, sin embargo, estaban los que me esperaban afuera, salía el viernes y tenían todo organizado, son los viejos amigos de barrio con los que nos hemos ido separando porque la actividad nos consume. No soy de los que piensa que el amigo es ese ser ideal, creo que hay mucha gente con la que uno coincide y que puede llamar amiga. Hoy cultivo la amistad con quienes tengo una relación de trabajo. Esto nos ha costado porque la política tiene de intereses contrapuestos. A veces las actitudes terminan doliendo para uno u otro lado. Yo suelo hacer relaciones profundas en donde no puedo separar la convivencia, la coincidencia, hasta la militancia y el trabajo de la amistad.

- En medio de la charla, el vino invita a hacer un alto y disfrutar atentos a sus detalles…

- ¿Sabés porqué se chocan las copas en el brindis? - Roberto desafía a Mariana, la sommellier de la bodega- porque en la época de la monarquía había que cerciorarse que si había veneno en una copa al chocarlas caería en la otra también, aunque me gusta más la idea de involucrar el oído y con él todos los sentidos. Tengo un amigo que impuso la anécdota cada vez que había alguien nuevo en la mesa, seguramente cuando lo lea se va a acordar.
“El Torrontés es esa variedad que te gusta mucho o no querés para nada, dice la sommellier. “Entonces yo soy como el Torrontés”, responde Iglesias rápidamente distendiendo la charla con risas. Su gesto es de curiosidad, de interés por conocer y aprender algo más sobre el vino al que, según confiesa, todavía no le ha dedicado mayor conocimiento.

- ¿Vino o cerveza?

- Prefiero el vino, en especial el Cabernet Sauvignon, me gusta tomar vino con las comidas. Entre los blancos, elijo al Sauvignon blanc tal vez porque me parece que los muy frutados no me resultan con las comidas saladas. Si voy a una fiesta en donde ofrecen distintas bebidas opto por el vino salvo algún buen Cognac.

- ¿Qué pensás de Mendoza, octava capital mundial del vino?

Atrás de esta distinción hay un tremendo esfuerzo realizado, una conducta que se han impuesto varios que han dado batalla, en un mercado que tiene gran competencia, con países que llevan años desarrollando una “política de estado” definida en todo, como Chile, es maravilloso como funciona “ProChile” defiende, entiende, ayuda y acompaña a sus productores. Aquí, en un país que no acompaña, es muy meritorio el gran esfuerzo empresario e individual de algunas provincias.

- ¿Qué opinás de tu apodo “Mula”, si tuvieses que hacer una campaña para desterrarlo, en qué la basarías?

- Tengo mi definición sobre las virtudes de la “mula”, lo defendería diciendo… pisa con aplomo, se resbala más no se cae, va bien, te lleva a donde querés ir y no se marea con la altura”, -con un guiño y complicidad en el tono de voz agrega- “es una letra que tengo hecha desde hace tiempo”.

- ¿Tenés algún fanatismo?

- Me gusta el fútbol, soy hincha de Racing, lo veo siempre.

- ¿Alguna actividad recreativa que practiques a menudo?

- Me gusta pescar, esquiar, ¡esta temporada me he hecho mis escapadas! Me encanta viajar. Europa es uno de los lugares que elijo, no podría ir y no pasar por París, antes no me gustaba Madrid, pero ha cambiado mucho, Roma es fantástica, Praga debe ser de las más bellas pero no es a la que volvería. Sin dudas, a París siempre le daría una visita. Argentina tiene encantos en todos lados, el norte, el sur… Buenos Aires, no me gusta.

- ¿Pero te gusta París?

- Si pero es otra historia, otro ritmo, el escándalo de Buenos Aires no me gusta, es muy difícil, sólo puede vivir en Buenos Aires alguien tan enloquecido como el porteño.

- ¿Tenés alguna afinidad con algún artista o expresión artística?

Mentiría si te digo que estoy muy empapado en el arte, a pesar de eso, me gusta el Impresionismo, pero no soy consumidor, no compro obras de arte. Disfruto de las películas en general, de ningún estilo en especial. Fui adicto al cine, antes iba muy seguido.

- ¿Y la buena mesa?

- Me gusta casi todo, soy muy amplio, son pocas las comidas que no me gustan, tengo a Josefina y a mis hijos varones que tienen muy buena mano, mi esposa cocina muy bien, excelente. Sin embargo, casi todos los domingos soy quien hace el asado.

- ¿Ejerciste alguna vez como ingeniero?

- Ejercí y tengo obras con mi firma. Dejé cuando asumí como Secretario de Obras Públicas en el 83. Me metí de lleno, no es como ahora, que dejan un pie adentro y otro afuera, lo cual es razonable porque si estás ciertos años en política y después tenés que empezar de nuevo, ¿cómo hacés? Construí como inversión privada y también me dediqué al campo cultivando ajo, lo que me permite ver del otro lado del mostrador. ¡Ahora voy a ser más permeable con los subsidios!

Opiniones (3)
13 de diciembre de 2017 | 05:21
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13 de diciembre de 2017 | 05:21
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  1. NO HAGAS CASO DE CIERTOS COMENTARIOS, TIENEN MIEDO, Y ES COMPRENSIBLE, Y NO TE HACE FALTA CAPTAR VOTOS KIRCHNERISTAS SINO DE GENTE INTELIGENTE Y QUE QUIERE A LA PROVINICIA Y NO DE CIERTAS PERSONAS "K" POR FANATISMO. VAMOS FLACO VOS PODES YO TE VOTO
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  2. %u201CNo puedo separar la convivencia, la militancia y el trabajo de la amistad%u201D..... Pero a los de tu mismo partido si, no es cierto?
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  3. Por respeto a un ser humano, no voy hacer muchos comentarios de este reportaje. Pero no puedo dejar de decir algo. Es lógico que le preocupe la mentira pues él ha demostrado que la practica mucho. En cuanto a la coherencia que dice tener, me parece que es muy débil, sobre todo con el respeto que hoy habla de Kirchner, comparado con lo que decía de él no hace mucho. Suena a que quiere captar algunos votos Kirchneristas, pues se da cuenta de lo que esta pasando en Argentina. Saludos
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