Deportes

La nueva vida de Boca Juniors

El plantel del Xeneize llevaba mucho tiempo sin hablar del buen clima que se vive en el vestuario, del ambiente que existe en los entrenamientos, de lo bien que está el grupo: algo ha cambiado.

El plantel de Boca Juniors llevaba mucho tiempo sin hablar del buen clima que se vive en el vestuario, del ambiente que existe en los entrenamientos, de lo bien que está el grupo: algo ha cambiado.
   
Estas declaraciones renovadas de los jugadores de Boca (que, insisto, hace años no se escuchaban), este clima que se traduce en la cancha y tienen al equipo de Julio César Falcioni en lo más alto de la tabla del Apertura, ponen en evidencia también el ambiente que se vivía hasta el torneo pasado.
   
La importancia de una buena comunicación en todo grupo, deportivo o laboral, es una herramienta fundamental cada vez que aparecen problemas, inconvenientes, diferencias o algún malentendido.
   
Esta herramienta, la de hablar, comunicarse entre los distintos integrantes de un plantel, transforma el pensamiento en expresión y abre la puerta para elaborar las soluciones sin dejar pasar el tiempo: porque a veces es demasiado tarde.
   
He aquí la cuenta pendiente del Boca que existía hasta hace unos pocos meses: los dos grandes ídolos, Martín Palermo y Juan Román Riquelme, dicho por ellos mismos, mantenían diferencias que nunca se resolvieron a tiempo. Esto, inevitablemente, repercutió en forma negativa en el desarrollo diario del trabajo.
  
Las distancias entre uno y otro, reflejadas en lo cotidiano, tenían luego expresión en el campo de juego y en los resultados.
   
El retiro de Palermo, y de esto hay que rendirse a la evidencia, ha servido para descomprimir la tensión que existía hasta la finalización del torneo Clausura pasado. El plantel encontró una armonía inédita; el equipo muestra su crecimiento en
la cancha.
   
Los liderazgos son fundamentales en cualquier grupo, pero también es necesario que los roles estén en constante movimiento, que sean dinámicos. Cuando un papel se estereotipa aparece el conflicto y, a la vez, denuncia una situación que no se ha resuelto, que no se ha trabajado convenientemente. Ahí también se necesita diálogo.
   
Boca, independientemente de los roles que cumplen, parece haber comprendido que los objetivos grupales van, siempre, por encima de los individuales.
   
Llegar a esta conclusión, empujar todos hacia un objetivo común, es responsabilidad de todos: dirigentes, técnico y jugadores. En la medida que se cumpla y que se utilice la herramienta de la palabra para resolver a tiempo los conflictos eventuales, servirá para mantener la armonía del grupo y, luego, para sostener las ilusiones deportivas que se juegan en la cancha.
Opiniones (1)
20 de noviembre de 2017 | 15:32
2
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20 de noviembre de 2017 | 15:32
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  1. simplemente se fue el verdadero padre de todos los quilombos y puteríos: Martín Palermo! creer o reventar...
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