Barrio Néstor Kirchner: como se vive y se vota

Inaugurado en 2006, en San Juan queda el primer vecindario bautizado en homenaje al ex presidente; aunque no tienen veredas ni gas de red, los vecinos agradecen al gobierno nacional

A Miriam Oliva, un ama de casa de 40 años y madre de seis hijos, la llevaron a una reunión en el barrio antes del 14 de agosto y le repartieron boletas para que ella y su familia votaran en las elecciones primarias. Como le sobró una, la pegó en el frente de su casa, sobre una lámina de madera que tapa el hueco de un vidrio roto. "Es amante de la Presidenta", explica su marido, Ariel Torres, parado justo al lado de la foto de Cristina Kirchner.

La idea no fue original. La boleta azul con la imagen sonriente de la jefa del Estado puede verse en varias casas de la misma manzana y se multiplica en las cuadras aledañas. Pero, por extraño que parezca, Cristina Kirchner no es aquí la figura política más destacada. Ubicado a la vera de la ruta nacional 40, en las afueras de la cabecera del departamento de Albardón, a 15 kilómetros de la capital provincial, éste es el primer barrio de la Argentina en llevar el nombre de Néstor Kirchner.

Se llama así desde su inauguración, en febrero de 2006, casi cinco años antes de la muerte del ex presidente. Comenzó a construirse dos años antes, con fondos del plan de emergencia habitacional, por medio de un sistema de cooperativas que dio trabajo a más de 600 desocupados de la zona, muchos de los cuales hoy viven en el barrio. En total, alberga a unas 750 personas, distribuidas en 156 viviendas. Cada familia paga una cuota mensual de 38 pesos, en un plan de 50 años.

Las casas tienen ladrillo a la vista, jardín, dos habitaciones y techos de teja a dos aguas. Cuentan con electricidad y cloacas, y están equipadas con heladera, cocina y camas. Pero aún no tienen gas de red y sólo disponen de agua unas horas al día. En el barrio, pegado a un terreno baldío en el que se acumula bolsas de basura, zapatillas desechas y botellas de plástico, tampoco hay calles asfaltadas, veredas ni acequias. Pero a los vecinos parece no importarles esos detalles. Casi todos provienen de villas miseria de la zona y muchos están desocupados y viven de planes del gobierno nacional.

"Nunca nos imaginamos que íbamos a estar tan bien", dice, descalza en la puerta de su casa, Maia Trinidad, una pensionada de 44 años, madre de nueve hijos, que se arregla con 1400 pesos al mes. Antes de mudarse aquí, vivía en un rancho levantado en el lecho de un río seco que se inundaba ante cada crecida. "A Néstor lo llevamos en el corazón. Por eso cuando se fue, acá fue un mar de lágrimas", agrega, con una mueca amarga y las manos cruzadas sobre el pecho.

Su casa está a unos metros de la calle principal, Obrero Municipal, y de la plaza donde se erige el monolito que recuerda la creación de este núcleo de viviendas. Debajo de imágenes de la banda presidencial y del bastón de mando, allí figuran la fecha de fundación del barrio, 20 de febrero de 2006, el nombre del gobernador de la provincia, el kirchnerista José Luis Gioja, y una frase del ex presidente: "El país de los hacedores es el país que a la larga trasciende la historia".

También quedó grabado el nombre de Juan Carlos Abarca, el intendente peronista al que se le ocurrió el homenaje. "Algunos medios me criticaban y me preguntaban si después no me iba a arrepentir", cuenta el dirigente, con la sonrisa de quien acaba de acertar un pleno. "El homenaje era merecido porque conseguir este programa de viviendas fue algo extraordinario. La gente vivía muy mal y hacía más de ocho años que no se construían casas", explica.

Hoy, Abarca es diputado provincial. Asumió ese cargo en 2007, año en que su mujer, Cristina López, ganó las elecciones en el municipio. En estos comicios, preparan un enroque: él se presenta para volver a la intendencia y ella va como candidata a diputada.

Parado al lado de su esposa, una licenciada en comunicación social, él destaca una serie de coincidencias que, cuenta, hace que muchos los llamen "los Kirchner de San Juan": nacido un 27 de febrero, sólo dos días después que el ex presidente, en 2007 le traspasó el mando a su esposa, otra Cristina, también nacida en febrero, igual que la Presidenta. El juego de parecidos también está presente en una pintada de campaña, frente a la plaza. "Cristina K presidenta. Cristina A. intendenta", dice.

Los Kirchner de San Juan: la intendenta, Cristina López, y el diputado, Juan Carlos Abarca. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

Luego de una rápida recorrida, el barrio puede declararse como zona libre de afiches de la oposición. Juan Carlos Ruiz, un radical que está alineado con Hermes Binner y que se postula para la intendencia de Albardón, dice que competir aquí es casi imposible. Se queja de prácticas clientelares de parte del oficialismo local y alerta sobre irregularidades en la construcción de las viviendas. "De acuerdo con los fondos que llegaron de Nación, ya deberían estar hechas las veredas y el asfalto. Además, las casas deberían tener dos puertas", dice, y cuenta que un mes atrás, los bomberos debieron romper la entrada de una vivienda para rescatar a una familia de un incendio.

En el interior de un quincho que funciona como centro de operaciones del oficialismo en el barrio, Jova Sánchez, una puntera de 65 años que responde a Abarca, confirma que el oficialismo trabaja sin competencia. "Debe haber dos o tres familias en contra. Pero yo no las conozco", dice. A su izquierda, en un pequeño aparador, una foto de las dos Cristinas y un retrato del gobernador Gioja conviven con trofeos de plástico, libros viejos, recuerdos familiares y un rosario. "En este lugar reunimos a los vecinos y les repartimos las boletas", cuenta Sánchez, y explica que en las elecciones pasadas tuvieron que llevar a muchos a votar con colectivos porque aún no tenían domicilio en el barrio.

Desde el año pasado, los vecinos del lugar tienen una nueva escuela donde votar, a sólo unas cuadras de distancia. Inaugurada el 30 de noviembre, también se llama Néstor Kirchner, aunque esta vez el nombre vino de arriba. Antes del acto inaugural, la Presidenta hizo una parada para conocer el barrio que lleva el nombre de su esposo. El, en cambio, nunca llegó a conocerlo.

La escuela que lleva el nombre del ex presidente. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

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