El expreso kirchnerista: CFK, la maquinista del General

Cristina inauguró el recorrido -aún no terminado- del Metrotranvía desde Godoy Cruz a Maipú y no hubo intendente, funcionario ni candidato que no quisiera sacar boleto para contagiarse del "aura" presidencial

Y Cristina volvió a Mendoza, a menos de un mes de las elecciones, para dar un suspiro de empuje a la carrera de Francisco Paco Pérez y al PJ en su conjunto, en tren de "inauguraciones": una obra del transporte público que, pese a su importancia, todavía no está terminada del todo. Y no hubo funcionario ni candidato que no quisiera sacar boleto en ese tranvía, a pesar del riguroso celo de la custodia presidencial.

El Tango 01 aterrizó en la pista del acuarta Brigada Aérea pasado el medio día, pero los preparativos para su llegada habían comenzado el sábado, cuando militantes justicialistas se encargaron de pintar las paredes de la estación Progreso, ubicada junto al barrio Batalla del Pilar, con las principales candidaturas del oficialismo. Hasta allí llegó a bordo de una traffic en la que apenas un puñado estricto podía darse el lujo, como la dupla para la gobernación -Pérez y Carlos Ciurca-, el gobernador Celso Jaque y funcionarios nacionales, como Diego Bossio, el titular de la Anses a nivel nacional.

Horas antes, los dirigentes justicialistas ya habían montado en los alrededores del andén el tradicional aparato con carteles, pancartas y banderas celeste y blanca. Todos los intendentes justicialistas fueron llegando de a poco desde los diversos puntos del territorio, salvo Emir Félix, que recibió el saludo presidencial desde San Rafael vía teleconferencia.

Fue una previa al rayo de un sol implacable y resultó curioso como todos aquellos que esperaban con ansias subir al tranvía se apretujaban para quedar bajo el techo -escaso- de la estación. Allí se codeaban-pero alineados por el protocolo presidencial- los intendentes Rubén Miranda, Alejandro Abraham, Juan Agulles, Roberto Righi, Alejandro Bermejo, Sergio Salgado, Joaquín Rodríguez, junto a los candidatos Guillermo Carmona y la camporista Anabel Fernández Sagasti, sumados a los postulantes de Godoy Cruz y Rivadavia, Marcelo Costa y Andrés Da Rold. Todos con ese precinto plateado que les aseguraba un pasaje a Luzuriaga.

Y en un andén poblado de figuras oficialistas, con sus clásicos lentes oscuros, el intendente de la Capital, Víctor Fayad. "Es un acto institucional", relativizó el Viti cuando se le hizo notar que se era el único correligionario en un acto netamente proselitista, y en tierras gobernadas por Alfredo Cornejo. La presencia de Fayad no se justifica solamente por el hecho de que el metrotranvía urbano pasará por Capital. La amistad sostenida entre el alcalde y la presidenta viene desde hace años y cuando en 2009 Cristina inauguró la línea Comahue-Cuyo por primera vez, Fayad fue el solitario radical que se sentó junto a ella. 

"Cuando lo invitan a un casamiento, uno no pide la lista de invitados", ironizó el Viti, y dejó las interpretaciones para el periodismo político -que, según reza la tradición, hizo su cobertura en un "corralito" para acotar su labor-.

El gesto presidencial para con Fayad no fue menor. El único anuncio para Mendoza hecho por la presidenta lo tuvo como destinatario. Se trata de las obras de soterramiento del tranvía urbano en su municipio. Así, Fayad logró lo que ni los candidatos ni Jaque pudieron capitalizar a pesar del aparato montado para recibir a Cristina. 

Pero entonces, la presidenta descendió de la traffic. Y de inmediato hizo algo que suele generar forcejeos con la seguridad: se acercó a la gente que la esperaba desde las 9, recibió manos y cartas con pedidos, mientras en el anden ocurrían escenas imperdibles: el propio gobernador de Mendoza tratando de convencer a los patovicas presidenciales para que dejaran abordar a un fotógrafo propio e incluso el propio coordinador del proyecto del Metrotranvía, Omar Venturini -ingeniero del ministerio de Infraestructura- se vio momentáneamente expulsado del vagón.

Fueron momentos de intenso revuelo en el interior de la unidad 1002, habilitada para recorrer los 13 kilómetros entre el barrio Batalla del Pilar y Luzuriaga, porque nadie sabía a ciencia cierta si podrían viajar en el expreso kirchnerista o quedarían varados en la estación.

Ubicada en la sala del maquinista, con un Paco Pérez haciéndole marca personal en todo momento, Cristina dio la orden de iniciar la marcha. Fue otro momento de intenso revuelo, con los militantes corriendo a la par de la unidad tranviaria, sobre la grava, haciendo caso omiso a las restricciones de la policía.

El peronismo provincial podrá hacer la vista gorda, dado que se trata de obras no finalizadas -salvo Comahue-Cuyo, que estaría funcionando en su plenitud- y que el Gobierno se apuro al aclarar que no se trata de inauguraciones, sino de algo curioso: "inicio de período de prueba".

Pero esperan, con esta nueva visita presidencial, que el "huracán cristinista" cubra con su aura a los candidatos del oficialismo, aquellos que corrían tras ella, para no perderle pisada, cada vez que Cristina se acercaba a la militancia o sacaba la mano para saludar por la ventanilla del maquinista.
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