Julio Zaragoza es distinguido por el cuerpo de enólogos de General Alvear

Sus colegas lo definen con las mejores cualidades, quienes lo tuvieron de profesor lo admiran y recuerdan con cariño y alegría. En el Evinsur 2011 se dio reconocimiento a un alvearense de pura cepa.

Julio es una de esas personas a la que, quizás el contacto diario con el vino, lo fue dotando de un carisma especial: relajado y sonriente, convirtiéndolo en alguien con quien da gusto hablar. El sábado 24, en contextos de la XVI Edición del Evinsur (Evaluación de Vinos del Valle Sud del Atuel) el cuerpo de enólogos de General Alvear se puso de acuerdo en la elección para homenajear a alguien que dice haber nacido amando el vino. Cuando el locutor del evento dio su nombre la emoción no fue solamente de Julio, como una rección espontánea y en cadena, el público presente no dudó en ponerse de pie y aplaudir. Muchos rostros se llenaron de lágrimas mientras Julio, junto a su hijo Ramiro, avanzaban atravesando el salón del Predio Ferial, rumbo a recibir el galardón.



En sus propias palabras Julio relató: “Yo creo que cuando nací lo hice entre medio de los racimos y los sarmientos. Mi papá era contratista de un viñedo en Alvear y cuando me tocó la secundaria fui a la Escuela de Agricultura donde me recibí de enólogo, para ese entonces mi familia había formado una bodega.  Posteriormente me fui estudiar la Licenciatura, justo en la misma época en la que mis padres perdieron la bodega.

 Antes de que termine la Licenciatura me llamaron desde mi escuela secundaria (Agricultura) para pedirme que ocupe el cargo de profesor de Enología ya que quien lo tenía iba a jubilarse. Así es que a partir de ese entonces y durante 33 años he dado clases. En la actualidad ya estoy jubilado.

A lo largo de mi vida he tenido bodega propia, he dirigido fincas y otras bodegas. Si bien el mundo del vino es como mi casa, no me resultó fácil emprender mi propia empresa. Formé una en el peor momento de la vitivinicultura, cuando los precios eran bajos y la oferta era demasiada, sucedía que se producía mucho vino en General Alvear, la oferta superó la demanda…


Si bien no se dio lo de tener mi propia bodega sí fui afortunado en la formación de un laboratorio el cual avanzó y creció con los años hasta convertirse en lo que hoy es Química Hopp. Parece ser que he tenido muy buena relación con los enólogos y en los distintos ámbitos en los que me desarrollé. Me siento muy contento por el reconocimiento que mis colegas eligieron hacerme.


Escribir una nota con un poco de la historia de Julio no es tan significante como haber tenido la oportunidad de conocerlo y ver cómo se honra a alguien  que marcó la vida para muchos. Definitivamente una persona es considerada “un grande” cuando no necesita hablar para definirse porque vive rodeado de amigos y seres queridos que se encargan de hablar por él. Así es Julio Zaragoza, querido, respetado y un ejemplo que muchos ya empezaron a seguir.   

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19 de noviembre de 2017 | 18:53
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