Pierina sabe lo que quiere

Pierina tiene 3 años y no sueña con ser licenciada en aromaterapia ni psicóloga ni arquitecta. Tampoco escribana, maestra jardinera, asistente social o kinesióloga. Ni se preocupa en pensar si su futuro está en la nutrición, en la astronomía o la contabilidad. No. Ella es cantante. A ella le gusta el escenario, las tablas. Los reflectores, las luces. El show. Las coreografías y la entonación. Afinar y llevar el tempo. Pierina trae en su alma la música de sus ancestros.

Pierina tiene 3 años y no sueña con ser licenciada en aromaterapia, ni psicóloga, ni arquitecta. Tampoco alberga el deseo de convertirse en escribana. maestra jardinera, asistente social o kinesióloga. Ni se preocupa en pensar si su futuro está en la nutrición, en la astronomía o la contabilidad.

No. Ella es cantante. A ella le gusta el escenario, las tablas. Los reflectores, las luces. El show. Las coreografías y la entonación. Afinar y llevar el tempo. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Pierina trae en su alma la música de sus ancestros. Vibra con cada nota. Se estremece en el ritmo. Acomoda sus rizos interminables y comienza. Meneo para aquí y meneo para allá. Cinturita va, cinturita viene. Swing. Pose de diva fatal y energía vasodilatante. No importa si es jazz o rock and roll. No importa si es funk o pop. Bachata o rumba. Ballenato o chamamé. Valsecito o chacarera. Gato o chill-out. Minué o foxtrot. Chamarrita o reggaeton.

Ella pela coreografía. En su casa o en morada ajena. Mañana o tarde. Madrugada o siesta. Lunes bien temprano o viernes a última hora. El asunto es zarandear el mondongo, mover las cachas, incurrir en el zucundún, acribillar la cera de cuanto sordo se arrime.

Pierina no dice "qué rica torta". Dice "pastel delicioso". Tampoco arenga "dale, mami". Dice "oye". Se entusiasma con "Los Imaginadores" y está lista para dar, si se lo piden, una tesis doctoral sobre "Disney Channel". Mira partidos de fútbol junto a su papá y a su hermano mayor.

Y también opina. No le gusta Messi. Fundamenta que tiene menos onda que un esguince. A ella la conmueve Diego Armando. Tampoco su preferido es "Manu" Ginóbili. Pierina es fan del "Loco" Hernán Montenegro. Dice que jamás ha visto, en su corta vida, a un desanimador de fiestas tan grande como Juan Román Riquelme. Asegura que es una competencia desleal para el clonazepam.

No le interesa la política, pero se autoproclama peronista. Tiene un póster de Perón en su pieza, al lado de Chayanne. No le gusta la comida gourmet. Tampoco los cocineros de ese estilo. Pierina delira por doña Petrona C. de Gandulfo y por Karlos Arguiñano. Sostiene que los chistes del vasco son malísimos, pero que allí precisamente reside su gracia. Si por ella fuese, el choripán debería convertirse en moneda nacional.

Le gusta el tango primitivo, el de los orígenes. Aduce que es pícaro, juguetón y alegre. No le gusta el tango-canción. El que inauguró Gardel. Opina que con "El Zorzal Criollo" nació el tango llorón. "Siempre se está quejando. Que se le fue la novia, que se le murió la viejita. Se queja siempre", argumenta Pierina con firmeza.. Y ni se les ocurra hablar bien de Ernesto Sabato delante de ella. Dice que era figurón y, a falta de males, un llorón profesional. Ella adora a Borges y a Adolfito Bioy Casares.

Pierina tiene carácter y es muy decidida. A pesar de la dulzura e inocencia con las cuales se presenta. A su hermano mayor lo tiene carpiendo. Lo pone a estudiar cuando es hora y lo manda a bañarse cuando su olfato detecta que los aromas no se condicen con los de las frutillas. Ella es la dueña de casa. Sobre todo, en la mañana. Cuando sus papás están en el trabajo. Plumerea las ventanas y riega los malvones. Llama por teléfono a su abuela Lila y se cerciora de que todo esté en orden. Conversa con su perro, "Homero", y se alista para salir al shopping con su madrina, Adriana.

No por artista peca de irresponsable. Pierina ya tiene listo todo su vestuario para empezar, el año que viene, en la salita de 4 años. Ya acopió lentejuelas y brillantina. Taco aguja y rimmel.

Ella sabe que tiene que cumplir con la escuela, pero también sabe que es cantante. Artista. Que se debe a su público.

A propósito de esto, escuchemos a Pierina hablando con su tío Oski:

-Pierina, el año que viene empezás en la salita de 4. ¿Cómo vas a hacer con tu carrera de cantante?

-Que me llamen al blackberry

-¿Y qué tiene que ver el perro en todo esto?

-¡Ay, tío Oski! El blackberry es un celular ¡Qué antiguo sos!

-Perdón. Ocurre que "blackberry" suena a "doberman", a "bullmastiff". ¿No te parece?

-No, no me parece

-Okey. ¿Y quién te puede llamar al blackberry?

-Justin Bieber

-¿Una nueva marca de cerveza?

-¡No, tío Oski, no! Justin Bieber es un cantante canadiense de pop.

El diálogo parece mancarse. El tío Oski se siente abrumado por no estar a la moda. De algún lado consigue aire, y sigue:

-Está bien, Pieri. Está bien. Pero tené en cuenta que yo soy de la época de "Los Abuelos de la Nada", de Charly, de Soda, de Virus, de "Los Violadores", de "GIT", de "Las Viudas e hijas de Roque Enroll"...

-Okey, tío Oski. Yo también los conozco y los he escuchado. Pero ya no están de moda.

-Entonces, ¿quiénes son tus espejos como artista?

Pierina sonríe con picardía. Respira profundo, como tratando de no ser severa. Abre bien los ojos. Mira al cielo. Baja la mirada hasta los ojos de su tío que la tiene en brazos, y espeta con autoridad y franqueza:

-¡Valeria Lynch y Nicolino Locche!
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