Carbono cero: ¿el próximo desafío?

Es tiempo de prepararse para medir nuestras viviendas por su impacto directo e indirecto sobre la Tierra, es tiempo de vivir en casas respetuosas con el planeta y sus especies. Confort, ahorro, calidad, estética y sostenibilidad social y ambiental, ¿es posible compatibilizar estos conceptos?, he aquí un desafío de todos. Esta nota, también en la edición n°80 de Revista Club House.

La contaminación de las ciudades, la presencia cercana de sitios menos perturbados, cuestiones relacionadas con la inseguridad y la búsqueda de un estilo de vida más “campestre”, son algunas de las razones por las que miles de personas abandonan las zonas urbanizadas y deciden trasladarse a la periferia, buscando recuperar, al menos, una parte del contacto con la naturaleza. Sin embargo, este movimiento hacia las afueras de las ciudades plantea serios dilemas ambientales a los planificadores gubernamentales, y últimamente, también a los planificadores privados de desarrollos inmobiliarios.

Desde el nacimiento de esta tendencia hasta la actualidad, Mendoza ha perdido aproximadamente 100.000 hectáreas de tierras agrícolas, que fueron convertidas en áreas urbanizadas en los ámbitos rurales y rururbanos, trasladando los problemas de movilidad y de gestión de los residuos propios de las ciudades, y llevando los servicios de electricidad, agua y cloacas al límite de su sostenibilidad. Por escapar de los problemas de las urbes, hemos trasladado esos mismos problemas a las áreas rurales extendiendo los impactos ambientales negativos, los que podrían tener consecuencias imprevisibles en un futuro cercano. La promesa de paz y naturaleza de estos nuevos desarrollos inmobiliarios está en serio riesgo. ¿Qué podemos hacer para remediar esta situación?

Huella de carbono, una nueva forma de pensar nuestras viviendas

El concepto de huella de carbono alude a la cantidad de dióxido de carbono que emitimos a través de todas nuestras actividades cotidianas, tanto en nuestra vida personal como laboral. De la forma como nos alimentamos, nos transportamos, nos vestimos y vivimos la vida, depende que nuestro impacto sobre el planeta sea mayor o menor, ya que la mayoría de nuestras actividades, de forma directa o indirecta, consumen combustibles fósiles cuyos residuos se liberan al ambiente, ocasionando el tan temido calentamiento de la atmósfera, que es el motor que impulsa el cambio climático en todo el globo. Lo que hace la huella de carbono es sumar todos estos impactos y traducirlos a una unidad llamado “Tn.CO2eq” o toneladas de dióxido de carbono equivalente, con lo cual al final de esta suma, tendremos un número que nos indicará si estamos dentro de los límites de tolerancia del planeta o tendremos que reducir esa huella para contribuir a un mejor ambiente.

Con todo esto, nuestras viviendas forman una parte fundamental de nuestra huella, ya que la calefacción o el acondicionamiento del aire en el verano, los materiales con las que están construidas, la forma en que se administra la energía y nos deshacemos de los desechos, o la mayor o menor lejanía con los sitios de trabajo o estudio, pueden llevar nuestra huella literalmente “a las nubes”. La tendencia mundial se orienta hacia la construcción de viviendas ecoeficientes, lo que implica todo un desafío arquitectónico y urbanístico.

Lo ecológico, ¿es sexy?

Si bien hay un movimiento fuerte en muchos países europeos y en Norteamérica en torno a la búsqueda de la vivienda “eco-friendly”, es notorio que aún falta mucho terreno por recorrer para lograr que lo ecológico sea aceptado como una norma y no como una excepción. El gran desafío de los sectores de la construcción e inmobiliario es que las “viviendas verdes” sean socialmente aceptadas, es decir, que ser “ecológico” no sea sinónimo de ser bohemio o aventurero, sino que sea equivalente a inteligencia y sensibilidad con el planeta. La cantidad de personas que buscan vivir en mayor armonía con la naturaleza ha venido creciendo a pasos sostenidos en los últimos años. Aquí en Mendoza se advierten algunos movimientos en el rubro de la construcción, impulsado por quienes buscan mantener el nivel comodidad que hoy nos brinda la tecnología, y a la vez no ocasionar un daño innecesario al delicado balance planetario, pero aún resta mucho trabajo que hacer para convencer a profesionales y empresas inmobiliarias de la relevancia de estas tendencias crecientes. Las claves de esta tendencia son combinar estética, funcionalidad, ecología y ahorro.

¿Qué deben ofrecer las empresas a sus “eco-clientes”?

Hay un gran debate acerca de lo que busca este nuevo segmento de mercado, pero básicamente la demanda es la siguiente:

- Funcionalidad
: las tendencias globales se encaminan a viviendas más pequeñas, donde las funciones básicas requieren de menor consumo energético, menores mantenimientos y menores costos de construcción. Esto podría colisionar con la tendencia local de ampliar la superficie total de las viviendas, incluyendo enormes áreas verdes y grandes superficies cubiertas, pero es de esperar que en el mediano plazo se revierta esta idea y el mercado local evolucione hacia viviendas más “controlables” desde varios puntos de vista.

- Cortas distancias de desplazamiento: la idea utópica de vivir en la naturaleza se rompió en pedazos cuando las familias descubrieron que deben realizar grandes desplazamientos para comprar, llevar a sus hijos a la escuela o ir a trabajar, con lo cual se pierde mucho tiempo y se gastan enormes sumas en traslados, lo que eleva la huella de carbono de nuestras familias. Los desarrolladores inmobiliarios deberán replantearse las distancias de sus emprendimientos en relación a las actividades cotidianas de los habitantes de los barrios residenciales.

-La incorporación de la TIC’s a la vivienda: muchos compradores podrían optar por aquella alternativa que pueda brindarle a sus clientes mayor grado de conectividad digital, con la cual poder ahorrarse el tiempo de traslado hasta el trabajo o la asistencia a reuniones que perfectamente podrían realizarse desde casa. Una casa que incorpore sistemas de videoconferencia y transmisión de datos en forma segura y eficiente, permite reducir notablemente la huella de carbono ya que reemplaza viajes innecesarios, que es un gran componente de la huella ecológica familiar.

- Sistemas de gestión de residuos, reducción de energía y agua: en la actualidad existen numerosas opciones disponibles que pueden incorporarse a los nuevos desarrollos inmobiliarios, desde sistemas de calefacción y ventilación eco-eficientes, sistemas de ahorro en el consumo de agua y utilización de energías alternativas, hasta la implementación de sistemas de gestión de residuos domiciliarios que aprovechan sus componentes en la obtención de energía o fertilizantes para los jardines. Todo requiere un planteo desde la misma concepción de la idea que llevará al desarrollo inmobiliario hasta la misma operación de los sistemas dentro de los barrios residenciales.

- Asesoramiento y acompañamiento: quien construye una vivienda o la remodela, necesita de asesoramiento profesional que lo oriente a seleccionar las mejores alternativas disponibles en cuanto a materiales de construcción ecológicos y de menor huella de carbono, equipamiento para cocinas y baños, hasta la incorporación de las energías renovables o el diseño de jardines donde el consumo de agua sea responsable con el cuidado del planeta. Las empresas inmobiliarias, los consorcios y hasta los estudios de arquitectura y diseño deberán incorporar en breve esta disciplina, para que el sueño de la vivienda ecológica sea posible de realizar.

En síntesis, la vivienda del futuro será ecoeficiente o no será, dicen los entendidos, y el cliente podría en el corto plazo elegir el sitio de emplazamiento de su hogar y la empresa que la construya basándose en estas ideas. Es tiempo de prepararse para medir nuestras viviendas por su impacto directo e indirecto sobre el planeta, es tiempo de vivir en casas respetuosas con el planeta y sus especies.

Samso, un ejemplo
de sostenibilidad
La isla danesa de Samso es un ejemplo de
sostenibilidad a nivel comunitario, y una
brillante muestra de cómo una comunidad
puede adoptar un estilo de vida autosuficiente.
Samso es una comunidad “carbono
neutral”, es decir que ha logrado neutralizar
sus emisiones de gases de efecto invernadero
a través de distintas estrategias.
Samso tiene un origen muy particular, ya
que fue entregada como regalo de bodas
a la reina consorte por su marido el rey
Valdemar en el año 1214. Actualmente
viven cerca de 4.000 habitantes, que se
abastecen de energía eléctrica a través de
21 generadores eólicos, paneles fotovoltaicos
y una planta que produce energía
solar térmica. Hay agricultores orgánicos y
ganadería en pequeña escala que abastece
las necesidades domésticas. El 70 % de
la calefacción de los hogares se produce
a partir de la quema de los restos de las
cosechas de centeno y trigo que se produce
en la zona. Por supuesto que hay vehículos
y toda clase de comodidades, cuyo
consumo de petróleo ha sido compensado
por proyectos forestales que atrapan el
equivalente de gases de efecto invernadero
que emiten, con lo cual la comunidad
ha logrado neutralizar su impacto sobre el
calentamiento global.
Samso es un ejemplo de cómo una comunidad
puede, en un lapso de tiempo relativamente
corto, apenas 10 años, transformarse
a sí misma en un modelo sostenible
de cara a los desafíos medioambientales,
sin renunciar al estándar de vida que desean.
Y todo el éxito que han logrado es
el fruto de su propio esfuerzo político e
institucional, ya que optaron por no recibir
subsidios gubernamentales ni inversiones
provenientes de actividades que no contribuían
al desarrollo sustentable de la comunidad.
Opiniones (0)
19 de agosto de 2017 | 01:10
1
ERROR
19 de agosto de 2017 | 01:10
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Bunkers de la Segunda Guerra Mundial
    15 de Agosto de 2017
    Bunkers de la Segunda Guerra Mundial