"Desvirtuar nuestra cultura agrícola es una estafa social"

Eliana Bórmida, quizás la más destacada arquitecta mendocina, quien junto a su socio y colega Mario Yanzón ha desarrollado varios proyectos agroindustriales entre los que se destacan numerosas bodegas, describe de forma clara y convincente cómo debería orientarse el desarrollo sustentable en nuestros oasis productivos.

Escuchar a Eliana siempre es un placer, la arquitecta tiene el talento de poner en palabras ideas, opiniones, argumentos, con una claridad y calidad desde lo comunicacional, que pocos poseen. Por eso también es un gusto hacerla hablar sobre temas viscerales de nuestro ser y hacer mendocinos que integran aspectos sociales, políticos y hasta educativos en donde se requiere movilizar sensaciones para concientizar, como es el tema de esta charla: “Desarrollo sustentable”. Hoy está en boga hablar de esto y la mayoría creemos poder apropiarnos un poco de su alcance, sin embargo, Eliana nos lo presenta tan esencial como es.

Hablás de arquitectura, vino y sustentabilidad, ¿cómo conectás estos conceptos?
Pensando en una cadena de valor que no solo cierre en el círculo de las bodegas, sino que incluya al círculo del territorio y a quienes lo habitan. Apuntando a que la cadena realmente se reparta, este es el punto de partida de la visión sustentable que tiene que tener Mendoza toda, tenemos que hablar y debatir las ideas fundamentales y estratégicas que nos conciernen a todos, aplicar los conceptos empresarios que ya conocemos pero con mucho sentido común.

Empezando por vos, ¿cuál es el sentido común que tiene que tener el arquitecto al momento de pensar en un proyecto de arquitectura sustentable para nuestra provincia?
“El proyecto arquitectónico de una bodega está indisolublemente unido al paisaje, es un proyecto paisajístico comprometido con otro paisaje que lo contiene, el viñatero que, a su vez, también está inserto dentro de otro círculo mayor que es el oasis agrícola en medio del desierto; los oasis, por su lado, son islas regadas de extrema fragilidad. Como arquitectos, debemos pensar a cada una de estas bodegas y sus respectivos viñedos como unidades productivas funcionando como piezas de un rompecabezas que es el oasis agrícola que debe ser preservado. Así de simple todos debemos ser muy concientes de los términos esenciales de nuestra tierra. El concepto de la fragilidad de los oasis regados ha ido perfeccionándose, haciéndose más sencillo de entender y a la vez  se ha generado una actitud diferente desde que se habla del cuidado del medio ambiente”. Afirma Eliana.

Cuidar el medio ambiente en nuestra provincia, donde más del 90% es montaña y desierto, tiene que ver con entender que Mendoza posee solo tres islotes regados y que, en esas tres pequeñas manchas observables en una foto satelital, es donde también vivimos, por lo que se produce un conflicto entre urbanización y tierra de cultivo. ¿En qué debería basarse una política de Estado que apunte al desarrollo sustentable en línea con este tema?

“En criterios lúcidos y muy claros sobre las relaciones que deben existir entre campo y ciudad, cómo tiene que ser la urbanización del oasis cultivado, se deben establecer políticas bien definidas que sigan esos criterios y monitoreen que sean cumplidos”.

Una ciudad modelo

Los árboles de nuestras calles céntricas no vinieron con la ciudad, parece que nos olvidamos que fueron plantados a fines del siglo XIX por el gobernador Emilio Civit, el médico higienista Emilio Coni y el paisajista francés Carlos Thays. Sin embargo no los cuidamos como deberíamos, a las acequias no les llega agua como debería, se las utiliza para tirar la basura de las veredas. Seguir en la ignorancia es terrible y peligroso a futuro. “Lamentablemente no hay una legislación del nuevo urbanismo y, ¿qué enseña el nuevo urbanismo en el mundo?, lo que nosotros tenemos. Mendoza es un caso único y es cabeza de serie porque varias ciudades y pueblos de la región van conformándose a su imagen y semejanza”, apunta la arquitecta.
 
“Hemos nacido hablando de las acequias, los árboles, del oasis, lo que falta es cambiar el punto de vista, salir de lo anecdótico y pasar a lo trascendente. Mendoza es el resultado de la cordillera, de allí se forma el desierto con las capas de ripio profundas (nuestra llanura) y los cursos de agua superficiales y subterráneos que hacen ríos y lagunas. Aquí se riega para vivir, la capa de tierra fértil es delgada y las semillas que largan sus raíces hasta llegar a los pedregales, en busca de agua subterránea, también necesitan de agua superficial que se toma de los ríos  o se bombea de las napas. Así es la agricultura en Mendoza, vivimos en islas agrícolas en medio del desierto.

El agro, nuestra gallina de los huevos de oro

La economía de Mendoza está basada en la extensión de nuestras tierras, la cantidad de días de sol, el clima seco, la casi nula presencia de plagas y la ubicación en medio de una red de comunicaciones estratégica para que nuestros productos salgan al exterior, por todo esto, tenemos una potencialidad agrícola extraordinaria.

“Somos un pueblo de cultura agrícola, ya lo decía Sarmiento, nuestros usos y costumbres son un patrimonio inmaterial extraordinario, pretender desvirtuarlo es una estafa social. Debemos apuntar a consolidarnos como tal, tenemos la misión de agregarle valor a nuestras materias primas para lograr sustentabilidad y la posibilidad de comercializar afuera productos de tipo primario, muy rentables, de altísima calidad y valor agregado.  Esta debe ser nuestra visión, volvamos a las unidades productivas porque son nuestras gallinas de los huevos de oro. Nuestra misión como mendocinos es cuidar las tierras de cultivo y asegurarnos que nuestros productos de base agrícola sean cada vez mejores como lo hemos demostrado con el vino, ahora esa faz comercial se debe extender a otros productos como el aceite de oliva, la producción frutal, la chacra, etc”, arenga Bórmida.

¿Si cuidamos las tierras de cultivo como debe plantearse la urbanización?

“Hay dos formas de crecer, por extensión o por concentración. Cuando pensamos cuál sería la más adecuada para Mendoza, e imaginamos los núcleos con todas las hormiguitas, decimos que no se extienda que se concentre. Pero la concentración tiene un límite y Mendoza ciudad ya llegó, se ha roto la medida armónica, Godoy Cruz, Maipú, Luján, Guaymallen han crecido llegando a tocarse hasta transformarse en el Gran Mendoza que ya no puede crecer más.  Se necesita lograr una densificación ordenada mediante un proceso de distribución interno junto a una política enfocada en re poblar los núcleos urbanos existentes que han quedado dispersos, tales como San Carlos, Eugenio Bustos, maravillosos enclaves donde está el futuro de nuestro doblamiento, no en las grandes urbanizaciones que vuelven a ser un salpicón de casas en áreas productivas”. Advierte la arquitecta.

Después de la segunda guerra mundial,  Europa se enfocó en una política social, los autos se diseñaron con esa visión, las casas comenzaron a edificarse en serie, aparecieron los planes de vivienda masiva para poblaciones devastadas.  Esta política inmediatamente se esparció al resto del  mundo aún a los países que no habíamos tenido guerra,  pero se difundió con otros paradigmas, uno de ellos es que “la gente no tiene casa porque es pobre, porque vivir en un rancho no es una casa entonces hay que darles una casa de ladrillo, de cemento”. ¡Ojo! con esta concepción, porque la gente vivía a lo largo de los caminos, en pequeños centros y, de esa red poblada que hasta ese momento mantenía gran armonía con el oasis productivo, fueron succionados y llevados a poblar fragmentos incompletos de ciudad. Esto ocasionó que se abandonaran ciudades como Rodeo del Medio, Fray Luis Beltrán y otras tantas que tenían sus plazas, sus instituciones, su pequeño trazado de cuadricula y su ferrocarril. Hoy estos núcleos urbanos con infraestructura, conectados a los caminos, son los que deben ser repoblados, en lugar de las ciudades incompletas que actúan como bombas sobre las zonas productivas y que, además, rompen el equilibrio porque la población agrícola queda lejos de su fuente de trabajo”.

Ennoblecer el trabajo de campo

Hoy con estas políticas de manipulación de doblamiento, la gente no vive en el campo, comenta la arquitecta especializada, “no hay mano de obra, ni para los servicios turísticos que hacen falta y que podrían ser una fuente de trabajo. La gente tiene su casa en otro lado, esto también lleva a una pérdida de la mentalidad agrícola, nadie cultiva porque en sus casas nuevas no hay lugar dónde cultivar, la gente se acostumbra a comprar y no a autoabastecerse. Hoy hay un dislocamiento entre una provincia que crece en lo agrícola y una población  que se aleja de la agricultura. Esto debe volver a integrarse, el campo fue abandonado durante mucho tiempo, no se proporcionó calidad de vida y  desarrollo sustentable para la población rural.  Es una larga historia de abandono. Entonces, la gente de campo ¿a dónde se fue? A buscar oportunidades a las orillas de las ciudades, formando villas porque las políticas los desampararon y los planes de vivienda los apartaron de sus genuinas fuentes de trabajo. Afirma la arquitecta Bórmida, quien tiene en su haber la concreción de  más de treinta bodegas de nuestra provincia. “Tenemos que volver a ennoblecer la agricultura”.

El círculo virtuoso y sustentable del vino

¿Cuán concientes creés que son las bodegas respecto a cuidar el oasis y  a la  necesidad de desarrollar una cadena de valor más abarcativa?

Desde el ámbito privado, las bodegas están adhiriendo cada vez más a la responsabilidad social empresaria, (RSE), algunas toman el concepto como slogan otras, en cambio, lo incorporan verdaderamente como política y lo profundizan, sin embargo, en mayor o menor medida todas juntas han logrado demostrar el potencial extraordinario que tiene Mendoza y este es el principal ejemplo que están dando, diciendo “miren lo que hacemos con esta tierra, miren lo que cultivamos, vendemos y cómo crecemos”. “Cuánto ellos se esmeran por poner en marcha esta cadena de valor es muy variable”.

La sustentabilidad apunta a la creación del triple valor: económico, social y medio ambiental. Basados en este concepto ¿cómo pensás que debería ser la cadena de valor o el círculo virtuoso de la vitivinicultura?
 

“Podríamos decir que un buen vino es, en primer lugar, aquel que reúne características intrínsecas extraordinarias, el que mejor refleja las bondades de un viñedo y de su elaboración.
La segunda escala o eslabón, es la que integra al consumidor otorgándole protagonismo. Entonces, hablamos de un buen vino que no solo tiene características armónicas desde lo enológico sino también que satisface plenamente al consumidor. A esta altura tenemos vinos para todos los gustos.

El tercer paso debería ser que, ese vino, asociado a su viñedo, no provoque problemas medioambientales. Ya lo hemos entendido, las bodegas, por ejemplo, realizan el tratamiento de sus efluentes, aguas servidas, para que  puedan ser re utilizadas y aprovechadas para riego. Éste, entonces también sería un buen vino porque además de lo anterior es “eco friendly”. Actualmente se está trabajando mucho en esa normativa y  muchas bodegas la están consiguiendo. 

¿Cuál sería el próximo escalón?…

Aquí viene el aspecto social, el pilar faltante de la sustentabilidad.
Un buen vino debe ser aquel que además de poseer cualidades enológicas, satisfacer al consumidor y ser “eco friendly”  sea capaz de encadenar un círculo virtuoso que incluya al trabajo agrícola y  sus pobladores, proporcionándoles calidad de vida digna, por que tienen salud y pueden educar a sus hijos.  De esta manera, el producto vino será generador de riqueza y valor para que la gente toda pueda obtener beneficios, incluso los que iniciaron el ciclo, los trabajadores”. Concluye Eliana Bórmida.

Esta es la sustentabilidad, la puesta en marcha de la cadena de valor, del círculo virtuoso.
Opiniones (2)
22 de octubre de 2017 | 09:31
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22 de octubre de 2017 | 09:31
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  1. soberbia al mejor postor. alguno diran envidia, otros nada para ofrecer a los que vienen abajo. estrellas diria juanse
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  2. el "último escalón" de su propuesta es un cuento chino. No digo que usted mienta pero la época en que un "gringuito trabajador" podía progresar a fuerza de romperse el lomo trabajando la tierra en nuestra provincia ya fue y no vuelve más. Hoy tenemos el lamentable privilegio de ser la provincia con más mano de obra esclava en el sector agrícola. Se acabó aquello de venir a "hacerse la América" o, en todo caso, se la hacen los inversores extranjeros que compran tierras favorecidos por el cambio y la complacencia de quienes debieran controlar que se cumplan las leyes laborales. Sus intenciones son buenas pero de una ingenuidad casi infantil.
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