Figura y fondo

Es probable que ya lo hayas visto, pero, por las dudas, te pido que le eches una mirada. Son 13 segundos. Sólo 13.

¿Ya está? ¿Qué viste? Lo que vimos todos. Otra de esas genialidades a las que nos tiene acostumbrados el Diego. Nada de otro mundo para él: un pelota que le viene de frente y la imposibilidad de comportarse como cualquier humano, porque no la va a agarrar con la mano, no se va a cubrir, sino que va a pasarla como sabe, con magia.

Bueno, ahora volvé a video y miralo de nuevo. Pero esta vez fijate. En 13 segundos, como tantas otras veces lo hemos visto, están el Diego y lo que el Diego genera. Mirá bien. Volvé al video, por favor, y miralo de nuevo, pero no veas al Diego, porque él oficia de figura, mirá al tipo ese que está atrás, el que es fondo, ese que seguramente es un ayudante, uno de los tantos de los que por aquellas tierras no entienden ni jota de lo que el Diego dice con la boca, pero lo que dice con el otro idioma, su universal idioma, lo entienden todo.

Tomate 13 segundos para volver al video y después seguimos con esto.

¿Lo viste?

Está ahí y ve, como muchos, que viene una pelota directo hacia el Diego, y adivina lo que el más grande va a hacer. Fijate bien, mirá cómo el tipo lo presiente en el cuerpo, como tantas veces nos pasó a tantos (millones) que lo vimos jugar. Ve la pelota y lo ve al Diego, y, fijate, es maravilloso cómo acompaña con el cuerpo lo que presiente que el maestro va a hacer. Está como yendo a buscar la pelota, pero se detiene  y replica, imita los movimientos que ya está viendo e imagina que es él el que va a pasar esa pelota con el pecho. Y hasta siente el impacto de la pelota. Miralo, por favor, miralo, y después detenete en esa sonrisa, esa cara de felicidad. “Yo lo vi al Diego pasando la pelota con el pecho”, va a contar alguna vez. “Yo estaba al lado”, les va a decir a los nietos, a los bisnietos, si la vida le da esa posibilidad.

Ese asistente, de nombre probablemente impronunciable para nuestras occidentales lenguas, con una fonética traducida con kas, haches y ges imposibles para nosotros, es un pibe recibiendo un regalo de cumpleaños, un chico enterándose del 10 que acaba de sacarse en Matemática, un adolescente escuchando sonar el teléfono y sabiendo que es ella la que llama.
Ese asistente que es fondo somos todos los amantes de la redonda, de la belleza que un genio nos puede ofrecer. Y el Diego es la figura. Él en primer plano haciendo magia, nosotros como pibes gozando en el fondo.

No hay nada nuevo en esto que ya acaba sobre el Diego, pero esos simples gestos que nos pueden hacer felices no se pueden dejar pasar, porque en el 86 yo también estuve frente al televisor.

Opiniones (1)
10 de Diciembre de 2016|19:12
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10 de Diciembre de 2016|19:12
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