El fanático del cine arte

El fanático del cine arte es un individuo que oscila entre los 20 y 40 años, barba en cantidad suficiente como para confeccionar un poncho, piel té con leche, mirada perdida, pelo con rizos muy pequeños y abundantes que, para llegar a la raíz del mismo, precisa de la gentil ayuda de dos misiles aire-tierra.

El fanático del cine arte es un individuo que oscila entre los 20 y 40 años, barba en cantidad suficiente como para confeccionar un poncho, piel té con leche, mirada perdida, pelo con rizos muy pequeños y abundantes que, para llegar a la raíz del mismo, precisa de la gentil ayuda de dos misiles aire-tierra.

Siempre viste, o más bien se uniforma, con prendas que no salen del negro petróleo o de un gris laucha que son la invitación más contundente para atraer una depresión galopante. En invierno o verano. En otoño o primavera. Con día soleado o nuboso. Con viento Zonda o tormenta eléctrica. Para Navidad o para la semana del estudiante.

Y siempre está serio. Fatalmente serio. Desde niño. Desde la panza de su mamá. No se ríe ni que le pasen una pluma de faisán por la planta del pie. El sindicato de payasos y afines lo ha denunciado infinidad de veces. No exagero en decir que el fanático del cine arte no le pegaba patadas a la panza de su madre, sino que más bien tosía con flema y refunfuñaba con ahínco en el vientre de su progenitora.

Lo acompaña, eternamente, un morral de cuero desvencijado o de lana con una paleta de colores que van desde el amarillo huevo frito, pasando por el verde acelga y terminando en un marrón mesita de luz que resultan la envidia de cualquier daltónico que se precie de tal.

Desde niño ya mostraba sus dotes de corta mambo y aguafiestas. Él era el que en los bailes de la escuela primaria exigía que se ponga la novena sinfonía de Beethoven justo en el instante en que venían los lentos. Él era el mismo que cuando sus amigos le imploraban que vaya a jugar la final del campeonato de papi-fútbol del barrio, debido a la ausencia del arquero por enfermedad, se negaba argumentando que se había propuesto terminar de leer "Bestiario", de Julio Cortázar. El fanático del cine arte era el mismo que cuando jugábamos al ring-raje, no sólo que no salía corriendo con todos nosotros, sino que se quedaba explicándole a la supuesta damnificada el porqué de nuestro comportamiento, según Freud.

El fanático del cine arte nos mira con ojos de asesino serial si tenemos el tupé de comentar en su presencia, que hemos pasado la tarde viendo un partido del torneo "Argentino B", entre Boca de Río Gallegos y Huracán de Comodoro Rivadavia. O puede echarnos una maldición de siete demonios si cometemos la imprudencia de deslizar, delante de él, nuestro cariño por películas como "Mingo y Aníbal en la mansión embrujada", "Villa Cariño está que arde", "Expertos en pinchazos", "Bañeros II, la playa loca", "Brigada Explosiva", "Minguito Tinguitela, papá", "Rambito y Rambón, primera misión", "A los cirujanos se les va la mano", "El Gordo Catástrofe", "La sonrisa de mamá", y tantas otras.

Él no. Él nunca fue a los viejos y queridos cines de la calle Lavalle o Buenos Aires. Él nunca fue a comer pizza a Capri o a Trento después de ver las películas de Bud Spencer y Terence Hill. Él nunca salió de un cine y fue a la galería " Caracol", para subir hasta el último piso, llegar con la lengua afuera y despeñarse corriendo carreritas con todos sus amigos. Él nunca comió praliné en la esquina de San Juan y Buenos Aires mientras hacía cola para entrar al cine.

Nunca vió "Rambo", ni "Arma Mortal", ni "Indiana Jones", ni "Terminator". No. Él nunca come pororó cuando va al cine. Él nunca va a reírse o a entretenerse a una sala. Jamás.

A él sólo lo moviliza el cine arte. A él sólo lo conmueven los europeos. Y si el director de la película en cuestión es de origen nórdico o teutón, y su apellido es un berenjenal de letras "x", "w", "z", "y", con una solitaria vocal entre medio, y su pronunciación es similar a un estornudo, a él más le fascina la película.

Y si la trama de la misma consiste en que una pareja de psicólogos franceses discute durante toda la película a qué abuela materna o paterna invitan una noche para hacer un trío, al fanático del cine arte más se le hace agua la boca.

El fanático del cine arte es muy respetado y querido en el ambiente cultural de la provincia. Él asiste a todas las presentaciones, a todas las funciones de cine-debate. Él sale en todas las fotos. Siempre serio. Siempre pensativo. Siempre preocupado. Siempre de negro petróleo o gris laucha.

Por eso, mis queridísimos lectores, si alguna vez tienen la dicha de cruzarse con el fanático del cine arte en cualquier recoveco de esta hermosa provincia, y él los consulta acerca de si les gusta la literatura, ustedes ni duden un segundo en contestarle, con el desparpajo y la sonrisa más parecida a Marley que encuentren:

- Sí. Tengo todos los libros de Narda Lepes.
Opiniones (4)
23 de agosto de 2017 | 00:00
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23 de agosto de 2017 | 00:00
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  1. viva el cine comercial!!! carajo!!!
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  2. Como dice la nota realemte los q miran cine arte son unos reverendos x...q el frances q el irani...margos
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  3. Muchos que vemos cine arte o como se llame también seguimos al glorioso xeneixe, tomamos un pinguino de totin y le miramos las piernas a las chicas. Ahora, si al autor de la nota le gustaban las pelis de minguito realmente no da para explicarle mucho.
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  4. Creo que no te quedó ningún clisé ni lugar común en el tintero. Eso sí, qué asquito que una nota así esté en la sección "Arte". ¿O así será el arte en el mundo club house?
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