Sobre la Feria del Libro, el Estado y los escritores

"El Estado mendocino ha tomado la decisión de obviar a los escritores, o por lo menos obviarlos lo más que se pueda", opina el autor de la nota, el narrador Alejandro Frias.

Habría mucho para decir, pero poco diremos. Porque los hechos están ahí. No joda. No me venga con eufemismos. Pongamos un ejemplo. Se realiza un encuentro de cazadores de ballenas y uno de los auspiciantes es Greenpeace. Uhm, flojito.

Pero vamos a otro ejemplo, para que la cosa no quede ahí. Congreso de medios gráficos de comunicación, los más importantes diarios y revistas del país son invitados a exponer en un lugar determinado de la ciudad, bien en el centro, para que vengan todos los curiosos a verlos, y a un kilómetro de allí, hacia alguna de las periferias, en un lugar chiquito, desprolijo y poco llamativo, ponemos a los medios de acá, los que están al lado pero son invisibles, los que publican noticias todos los días y, antes que nadie, se encargan de lo que pasa acá.

Bueno, basta de ejemplos que construyen imágenes que no van a suceder y vayamos a lo que acontece de verdad (por cierto, para algunos, “la única verdad es la realidad”).

Terminó otra Feria del Libro, y quizás este año ha dejado menos que en otros. Y por qué comenzar con dos ejemplos imposibles, porque, verbigracia, la gente de la publicación … y aparte, al momento de empezar su presentación en la carpa destinada a las editoriales autogestivas puso en evidencia la contradicción de denominar a una feria del libro “inclusiva” y tener como auspiciante a Mc Donald’s, y para colmo después se presentaron los responsables de El Espejo, y lo primero que hicieron fue elevar la voz contra la disociación que se hizo este año de la feria, porque mientras que la convocatoria central se hacía en la plaza San Martín (ya se olvidaron los organizadores de que la feria había encontrado su lugar en el ECA), la Feria de Editoriales Autogestivas (FEA) fue derivada a la Biblioteca San Martín, a casi un kilómetro de distancia.

El 4 de septiembre, apenas comenzada la feria, Los Andes publicó una nota en la que destaca que este año la afluencia de público era mayor a la de años anteriores, y entre sus líneas se podía leer: “Los libreros coinciden en que hay mucha más afluencia de público que otros años. ‘La plaza es un buen punto y es una buena estrategia que las presentaciones de libros se hagan en las carpas aledañas porque, cuando terminan, los asistentes recorren la feria’, señala Iván Miszei, de la librería homónima”. Bien para los libreros (los mismos que, salvo honrosas excepciones, no ponen nunca en sus marquesinas libros de autores locales), pero en la misma nota nada se decía de la FEA.

Algunos números revelaban que la asistencia de público rondaba las 500 personas por hora en la plaza San Martín, cifra apenas alcanzada (con viento a favor) en un día en la biblioteca.
Además de eso, en la carpa montada en la explanada de la biblioteca se ubicaron los stands de las editoriales autogestivas en dos filas a los costados, mientras que en el fondo pusieron una mesa y las sillas (micrófono incluido) para las presentaciones o lecturas de poesías, lo que hacía que, antes que un espacio para compartir lo que los escritores y editores tenían para decir, la carpa fuera un bullicio de voces. Y por supuesto que tenía que ser así, si mientras unos hablaban o leían, los otros tenían que intentar vender un libro.

El Espejo, La Hidra de Mil Cabezas, Carbónico, El Andamio, por sólo nombrar algunos, son los grupos que están publicando en Mendoza lo que se hace en cuanto a literatura fuera de los circuitos comerciales. Y merecen mucho respeto.

Pero no es eso lo que llega desde el Estado. Estamos hablando de los escritores mendocinos, de los que publican varios títulos al año, los que hacen revistas, los que a pulmón llevan adelante proyectos que trascienden las fronteras provinciales y hasta nacionales. Son los escritores. Es toda una mezcla de generaciones en la que confluyen poetas, narradores y dramaturgos que merecen respeto.

Y el respeto no es el eufemismo de un eslogan ni la limosna de unos mangos para descentralizar la organización. ¿O la agencia que organizó el concurso de cuentos breves que Paco Pérez va a usar políticamente cobró, como los organizadores de la FEA (que son muchos) 12.000 pesos?
El Estado mendocino ha tomado la decisión de obviar a los escritores, o por lo menos obviarlos lo más que se pueda.

Podrán venir a decir que por lo menos se los ha incluido. Pero basta de “por los menos”. Si de verdad se asume que los escritores son una parte de la cultura, si de verdad se los quiere apoyar, si de verdad se trabaja para todos, es hora de que los autores mendocinos sean respetados, porque después varios se llenan las bocas de logros, mientras que otros deben seguir peleando desde el llano y siendo carne de cañón.

Alejandro Frias

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6 de Diciembre de 2016|03:08
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6 de Diciembre de 2016|03:08
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  1. Muy buen artículo, lo mismo pasa con nuestra música. ¿Es que no aparece el iluminado político que entiende que es a partir de la cultura que se construye un Estado?
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  2. desde un principio se sabia que participar ahi era una porqueria... entonces por que aceptaron?
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