En tu día, maestro

La vida es la primera maestra. Y después, están esos, que nos acompañan en los tiempos de guardapolvos y cuadernos. Será la vida quien nos lleve a valorizar, en el sentir del alma, la tarea de estos, los maestros. Porque siempre estarán en nuestro recuerdo, el saludo de Mediamza.com

El Día del Maestro es una festividad en la que se celebra a los maestros, catedráticos y profesores. En el caso de América, la Conferencia Interamericana de Educación (celebrada en Panamá en 1943) recomendó celebrar el Día Panamericano del Maestro el 11 de septiembre, por el  fallecimiento del educador y presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento.

Quien fue Domingo Faustino Sarmiento

Ninguna fecha puede ser más oportuna para celebrar el día del maestro que el 11 de septiembre, día en que pasó a la inmortalidad, en el año 1888, Domingo Faustino Sarmiento.

Y si hablamos de fechas, este maestro de maestros nació el 15 de febrero de 1811, en la provincia de San Juan, en un humilde hogar, convertido, a los cien años de su nacimiento, en museo histórico.

Hijo de doña Paula Albarracín y de don José Clemente Sarmiento, el deseo de aprender y enseñar se conjugaron en él desde muy joven: aprendió a leer de corrido a los 4 años y empezó la escuela a los cinco en la Escuela de la Patria, de su ciudad natal. A los quince años fundó su primera escuela en San Francisco del Monte de Oro (provincia de San Luis), donde ya se desempeñaba como maestro de un grupo de alumnos que lo superaban en edad.

Este ilustre prócer llegó a ser, desde su multifacética obra, un gran luchador y una de las figuras más importantes de la historia latinoamericana: fue maestro, subteniente de milicias, escritor, periodista, senador, ministro, director general de escuelas, sociólogo, diplomático, gobernador, hasta convertirse en presidente de la Argentina.

Fue un activo militante político, lo que lo llevó varias veces al exilio, principalmente debido a su oposición a Rosas y al caudillo riojano Facundo Quiroga. En Chile, su actividad fue muy notable, tanto en la enseñanza (se le confió la organización de la primera escuela del magisterio de Sudamérica) como en el periodismo (publicó artículos en El Mercurio de Valparaíso y en El Progreso de Santiago). Visitó además Estados Unidos y Europa, donde publicó obras literarias y conoció a pedagogos y escritores.

En San Juan fundó el periódico El Zonda. De su obra literaria, se destacan: Facundo, inspirado en el caudillo riojano Facundo Quiroga; Recuerdos de Provincia, de corte autobiográfico; Viaje, donde cuenta sus experiencias en el extranjero; Vida de Dominguito, que narra la vida de su hijo adoptivo muerto en Paraguay; Educación Popular; Método de Lectura Gradual y Facundo, Civilización y Barbarie.

Como gobernador de su provincia natal, decretó la Ley de Enseñanza Primaria Obligatoria y, ya a los cincuenta y siete años, ocupó la Presidencia de la República (entre los años 1868 y 1874), época en la que promovió sus ideas liberales, que se centraron en los principios democráticos, las libertades civiles y la oposición a los regímenes dictatoriales.

Como presidente, Sarmiento estimuló aquello por lo que había luchado toda su vida: la educación y la cultura de su pueblo. Entre su vasta obra educativa, además de lograr que en este período la población escolar se elevara de treinta mil a cien mil alumnos, merece citarse la creación de numerosas escuelas primarias, la Academia de Ciencias, la Escuela Normal de Paraná (contrató maestros extranjeros), la Universidad Nacional de San Juan, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, la Biblioteca Nacional de Maestros y el Observatorio Astronómico de Córdoba. Interesado en la formación profesional de las fuerzas armadas, fundó la Escuela Naval y el Colegio Militar.

Fomentó además el desarrollo del comercio, la agricultura y los transportes. Realizó el primer censo demográfico, alentó la inmigración, encargó la reforma del puerto, contribuyó al desarrollo de las telecomunicaciones y contrató a hombres de ciencia extranjeros.

Ya en 1881, como superintendente general de escuelas, fundó la revista El Monitor de la Educación Común, referencia fundamental para la educación argentina.

En su primer exilio a Chile, tuvo una hija, Ana Faustina (que se casó con Julio Belín y tuvo un hijo, Augusto Belín Sarmiento). Ella lo acompañó en sus últimos días.

En su segundo exilio, Sarmiento se casó con Benita Martinez Pastoriza, una viuda de la sociedad chilena, y adoptó a su hijo Domingo Fidel, más conocido como Dominguito, que murió en la guerra contra Paraguay.

Por cuestiones de salud, Sarmiento viajó a Paraguay (Asunción), donde escribió sus últimos artículos periodísticos y donde, finalmente, falleció, tan pobre como había nacido, precisamente, un 11 de setiembre de 1888

Una entrevista imaginaria

¿Cómo influyó en su carácter doña Paula Albarracín?
Yo sostengo que el corazón del hombre se adhiere al de su madre como las raíces al suelo. Mi madre fue para mí un verdadero ejemplo de amor, abnegación y virtud. Es verdad que me crié en la indigencia, pero fue principalmente ella la que sostuvo económicamente mi hogar. Cuando la madre cumple con su sagrado cometido, llega a formar con su hijo una unidad sellada no sólo por los lazos de la sangre sino también por el afecto. Una de las metas más importantes de toda madre es la de ser digna del respeto y la admiración de sus hijos.

¿Qué nos puede decir acerca de su padre, José Clemente?
Mi padre era peón de campo y arriero, sin oficio ni profesión, pero, desde que yo era muy pequeño, se ocupó de mi educación: él y mi tío me enseñaron a leer. Mi padre no quería que, como él, yo tuviera que trabajar con la azada. Pero además, combatió en las guerras por la Independencia: en 1812 acompañó a Belgrano a Tucumán y, en 1817, acompañó a San Martín a Chile.

¿Por qué siente tanto interés por la ciencia y la modernización?
Siempre me ha interesado la divulgación científica como herramienta para superar el atraso. El conocimiento debe democratizarse. Para la producción de un país no basta que media docena de personas aventajadas conozcan y practiquen los mejores sistemas de labores. Sus productos, por grandes que sean, no alterarán la cifra general de la producción.

Usted ha sido un alumno ejemplar, de asistencia perfecta en la escuela, pero… ¿acaso nunca cometió alguna travesura?
Recuerdo alguna vez haber dictado errores a los compañeros para hacerlos reprender y, en mis años de adolescencia en San Juan, hacía algunas diabluras con un grupo de jóvenes. Fuera de eso, creo que mi sentido del humor me permitió coleccionar todas las caricaturas que mis adversarios políticos publicaron en las revistas durante mi período presidencial.

¿Qué acciones considera como más importantes entre las que realizó por nuestra educación?
Escribí muchos libros y manuales para maestros. Estudié la experiencia educativa de otros países para aplicarla en nuestro país. Traje maestras norteamericanas para que colaboraran en organizar un sistema moderno de educación y puse mis esfuerzos en la enseñanza a mujeres para que tuvieran las mismas posibilidades que los varones... Además, pienso que la educación estatal no puede ser católica porque no hay que herir a los miembros de otras confesiones. Es por eso que intenté garantizar la libertad religiosa en las escuelas públicas.

¿Cómo ve el futuro de la educación en Argentina?
Si la educación no prepara a las venideras generaciones para esta necesaria adaptación a los medios de trabajo, el resultado será la pobreza y la oscuridad nacional, en medio del desenvolvimiento de las otras naciones, que marchan con el auxilio combinado de tradiciones de ciencia e industria de largo tiempo, haciendo lentamente descender a las últimas condiciones de la sociedad a los que no se hallen preparados por la educación.

Un poema y un himno a Sarmiento

Sarmiento:
escúchame, yo soy el niño:
te hablo mirando el cielo, arrodillado,
porque sé que me diste tu cariño
y que por mí has sufrido y has luchado.

Sé que me dedicaste la existencia,
de inquietud y de amor llené tus días,
y, maestro ejemplar por excelencia,
hiciste tuyas las angustias mías.

No tiembles en el bronce por mi suerte;
seguiré, con un libro entre las manos,
por la senda del bien que me has labrado.
Desde el hondo misterio de la muerte,
desde el mayor de todos los arcanos,
¡mírame! Soy tu sueño realizado.
 
Lola Chichizola Coelho

Y en Sarmiento, honramos la presencia, la palabra, el gesto, la guía de cada maestro

Es en la escuela otra madre
que orienta con sus consejos;
es experta sembradora
de nobles conocimientos;
es mano suave que guía
y es luz que alumbra senderos.

Es, en suma, la maestra,
manojo cálido y tierno
de bondadosa paciencia
y de maternal afecto.

Publio A. Cordero         

 

Felicidades, maestros!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!                                                                            

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