Un cuento rosa o el dedo al borde del gatillo

Walter Greulach es un sanrafaelino nacido en Jaime Prats; hoy reside en Miami y colabora con Mediamza.com a través de esta columna a la que él llama El Quijote Verde. Esta es otra de sus entregas dominicales.

A modo de explicación

—Todos tus relatos están teñidos por un denso pesimismo. Sorpresivos e interesantes al principio, pero tan trágicos que con el tiempo deprimen —me dijo días atrás Daniela, mi mujer, sincerándose por primera vez. Terminaba de leerle “El héroe del bicentenario”.

—La vida es así querida, no me gusta falsear la realidad —contesté fingiéndome ofendido.

—Si la vida fuese solo así, ya me hubiese suicidado hace rato, —agregó riendo la paranaense.— Quien te lea pensará que vivo con un sicópata

—Estás exagerando un poquito. ¿No te parece?

—¿Exagerando? A ver decime: en "El guionista de Dios...¿o del Diablo?", tu primer libro, sobre catorce historias, ¿cuántos protagonistas sobreviven?

Nunca me había detenido a analizarlo de ese modo, pero la fría cifra me golpeaba dándole la razón a mi esposa. Solo dos terminaban vivos al final del cuento.

Manuel Paulino, un dominicano compañero de trabajo y amante del cine, el teatro y la buena literatura (no incluyo lo mío aquí), me bautizó; “el escritor trágico”. Pensándolo bien, no se equivoca, las únicas historias alegres que he escrito, son basadas en anécdotas que me sucedieron en época de estudiante,  ya sean en Alvear o en Córdoba, más al tener que inventar lo hago, invariablemente, con el cuchillo en la mano.

Arribé a la conclusión que de tanto buscar la sorpresa con desenlaces rápidos e inesperados ( en los cuales, para mí, la muerte es un aliado insustituible), mis finales pueden estar siendo previsibles y esperados.

—A mitad de uno de tus cuentos, ya estoy buscando la pista que me permita adivinar el golpe mortal con que termina —me halagaba meses atrás el ecuatoriano León Noboa, dibujante del blog y eximio artista ecuatoriano.

No lo interpreté como un cumplido, sino como un llamado de atención. Algo, quizás, a tener en cuenta al momento de concluir la selección de relatos incluidos en mi segunda obra:"Awqa Puma, temporizador”. Por ahí debería mechar algunas historias felices donde la redención del personaje a través del amor, primara sobre el instinto autodestructivo. Donde en la frase final existiese un beso y no un disparo. Donde la esperanza venciera a la impotencia. Puede ser, pero aun no estoy muy convencido.

No me definan como cruel e inhumano, no es que el tánatos gobierne mi diario vivir. Se que mis familiares en Argentina a veces piensan que la debo estar pasando terrible en Miami, porque escribo siempre con un dedo en el gatillo. Explotando el sufrimiento de los demás, casi al limite de lo morboso. Sin embargo nada de eso me sucede. Estoy rodeado por el amor de los míos, transito una vida tranquila y previsible. Trabajo estable, buena salud y lo más importante, puedo cultivar mi gran pasión por la escritura.  Estoy convencido que allí está la clave…Mi pluma es la lanza que rompe esta adorable monotonía.

Mis relatos me proyectan a situaciones excitantes que jamás viviré, me permiten expresar cosas que nunca diré. Caminar por cornisas imposibles de transitar.

En síntesis, no puedo fingir. Le guste a quien le guste, esto es y seguirá siendo lo mío. Para cuentos rosas que se queden con Corín Tellado.
Hoy queria dejarles este comentario, les prometo un cuentito sabroso para la próxima, les regalaré la historia de alguien que, por un inocente poema, se metió y me metió en serios problemas.(Córdoba 1986)

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Hasta el domingo que viene sur mendocino. Desde el imperio que se desmorona los saluda un jaimepratense.
Amanecerá y veremos...
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24 de octubre de 2017 | 04:44
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