Sobredosis de twitter

El sujeto enfermizo por twitter puede tranquilamente arruinar una cita con la chica de sus sueños, disponiéndose a contar, en no más de 140 caracteres, el preciso instante en el cual el beso tan ansiado es cuestión de milésimas de segundo.

El sujeto enfermizo por twitter puede tranquilamente arruinar una cita con la chica de sus sueños, disponiéndose a contar, en no más de 140 caracteres, el preciso instante en el cual el beso tan ansiado es cuestión de milésimas de segundo.

También es desdichadamente proclive a contar trivialidades del tipo: "me atraganté con un carozo de ciruela", "haciendo pis en el lago", "tomando mate con Drácula", "me salió un orzuelo y no sé en cuál ojo", "tengo hipo", "por dormirme en el Acceso Este", "persiguiendo a un cuis en Patricias y San Lorenzo", "en la cancha de Huracán, con Marcelo Polino", "tomando sopa con Teté Coustarot", "se armó el dancing en la Feria de Guaymallén", y otras nimiedades por el estilo.

Y a nosotros nos agarra pánico de sólo pensar que éste simpático muchachito, movido por un antojo repentino, se ponga a contar por twitter lo suave que siente el embrague del transporte escolar que lleva a nuestros niños al colegio, una preciosa mañana de lunes, a 120 kilómetros por hora y en pleno Corredor del Oeste.

Ni qué decir si alguna vez tenemos la pésima idea de invitar a éste inofensivo mozalbete para suplantar a nuestro centrodelantero estrella en el fútbol de fin de semana. Y él, sin verse conmovido por ningún tipo de escrúpulo, no tiene mejor idea que, antes de dar el toque final hacia el gol imposible de pifiar, ponerse a consultar a sus más de 3000 seguidores en esa preciosa red social, si define con pierna derecha o con pierna izquierda.

También tiene la osadía de preguntar por qué nuestro número 2 del equipo, llamado "Chiquito" Reyna, de casi dos metros de altura, calzado número 48 y ex patovica de "Rambo", lo quiere espolvorear con azúcar impalpable, previo a introducirlo cual tirabuzón al microondas más cercano.

La paranoia en la cual nos sumen estos seres, sólo puede ser atenuada por nuestras eufóricas y casi desesperadas plegarias a San Expedito y a San Martín de Porres.

Imaginen si nuestra nueva pareja pertenece al club de enfermos por twitter y, en medio del clímax de un encuentro íntimo, suspende tan placentero momento y nos dice:

-Esperá, esperá un segundito, amor. Les voy a contar a mis amigas que estoy a segundos de llegar al orgasmo. ¿No te enojás, verdad?

Y a nosotros se nos pone el ánimo tan mal o peor que encontrarnos en un cumpleaños con un imitador excelso de Moria Casán. Nuestro espíritu se despluma como si alguien, disfrazado de "El Increíble Hulk", nos tacklea cruzando la esquina de San Martín y Montevideo. Nuestro corazón se deshace en mil retazos como si alguna mala onda nos grita, en plena peatonal, que Nicolás Cabré es nuestro cuñado.

Y pensamos, camino a casa y luego de una noche de amor frustrada, qué felices éramos cuando suponíamos que con las zapatillas nuevas corríamos más rápido. Qué felices éramos cuando no teníamos ni teléfono fijo en nuestro propio domicilio. Cuando esperábamos, ansiosos y al borde del éxtasis, que nuestro fotógrafo de cabecera nos trajera las fotos de nuestro cumpleaños. O cuando lo más parecido a un celular o a un blackberry, eran los walkie-talkies que nos regalaba la tía Eduviges.

Y ya, totalmente desvanecidos de pesadumbre y desconcierto, le preguntamos a un buen samaritano dónde podemos encontrar un kiosco abierto a semejante hora. Él responde:

-¿Querés que te lo cuente en un tweet?
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17 de noviembre de 2017 | 20:47
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17 de noviembre de 2017 | 20:47
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