Magnano se llevó una ovación para la historia

El cordobés, entrenador de Brasil, fue aplaudido por todo el estadio antes del partido frente a Dominicana; el cariño popular puso al técnico al borde de las lágrimas. El recuerdo de un exitoso técnico, que le dió mucho a la Argentina, ahora dirigiendo a Brasil.

MAR DEL PLATA.- Fueron solamente dos minutos, pero bien extraños. En la lista de cosas improbables, por no decir casi imposibles, una hinchada argentina ovacionando a un integrante de un seleccionado brasileño podría ubicarse en condiciones normales en el top 3. Fue durante el anuncio de los equipos antes del partido con Dominicana. Empezó con un aplauso cerrado, que se prolongó mucho más de lo normal. Siguió con el "¡Olé, olé, olé, Rubén, Rubén!", de todo el estadio. Si alguien creía que los hinchas argentinos podían no perdonarle su cambio de bando para dirigir al eterno rival, se habrá llevado una enorme sorpresa.

Es más, ni siquiera en su época de entrenador argentino lo ovacionaron tan cálida y afectuosamente. Magnano, entrenador que ganó la medalla de plata en Indianápolis 2002 y la de oro en Atenas 2004, estaba visiblemente emocionado. Llevó sus manos a la cara para restregarse los ojos varias veces. Cuando fue a saludarse con su par de Dominicana, John Calipari, el técnico norteamericano lo saludó con admiración y le señaló a la gente como diciéndole que él tampoco lo podía creer.

"La sensación de venir a la Argentina y dirigir a Brasil es difícil de explicar. Hay que estar en mi lugar para entenderlo. Pero yo me siento enfocado en mi trabajo cuando dirijo a Brasil", dijo Magnano hace unos días. Pues tendrá que rever ese argumento. La dureza de un hombre que siempre manejo sus equipos con mano firme se desmoronó. Tuvo que tomar aire, recalcular sus pensamientos más de la cuenta para dar la charla previa al partido. Imposible no sensibilizarse con un reconocimiento así. Claro que el afecto por Magnano se terminó ahí. Apenas empezó el partido, los hinchas empezaron a festejar cada doble de Dominicana.

Magnano habló brevemente del emotivo momento: "Son sensaciones que muy pocas personas tienen la suerte de poder vivir. Me emocionó mucho. Son expresiones genuinas de la gente, sin intermediarios, sin inducciones, sino que salen espontáneamente. Esto es lo que nos queda a la gente del deporte, el reconocimiento, porque los triunfos son muy efímeros".

Y apenas un ratito después volvió a ser el de siempre. Lo retó al traductor porque repetía en portugués la respuesta de su jugador Marcos Vinicius ("No, la traducción al español tenés que hacer ahora"). Y protestó amargamente contra sus jugadores por la derrota brasileña ante Dominicana: "Nos tomaron rebotes ofensivos en momentos decisivos, dimos dos y hasta tres chances de convertir en un mismo ataque. Fueron errores infantiles del equipo".

Como nunca lo esperó, Magnano se conmovió con el homenaje de su gente. Como seguramente se habrá imaginado más de una vez, después sintió cómo el mismo público festejaba todas las acciones negativas para su equipo, y hasta celebraba su derrota. Y así se fue. Sabiendo que tiene que luchar contra su país si quiere cumplir con el objetivo que le propusieron en su nueva función. Con esas contradicciones se habrá vuelto Magnano a la concentración. Vestido de verde y amarillo, pensando en celeste y blanco.
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