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El equilibrio defensivo y la pelota parada, los méritos de Sabella

La Selección argentina, encabezada ahora por el ex técnico de Estudiantes, contrastó, en algunos aspectos esenciales, con el combinado nacional que dirigió Batista y que fracasó rotundamente en la Copa América.

El equilibrio defensivo, un déficit en la reciente Copa América, y la recuperación de la pelota parada como herramienta ofensiva fueron las novedades principales del seleccionado argentino en el debut de Alejandro Sabella como entrenador del seleccionado argentino de fútbol.
   
En contraste, la dependencia de las individualidades y de Lionel Messi, como consecuencia de la falta de profundidad en ataque, se mantuvo respecto del ciclo anterior de Sergio Batista.
   
Al margen del resultado, que representa un buen augurio para el futuro, el equipo de Sabella se diferenció a partir de un rasgo caótico en el proceso anterior: el orden táctico de mitad de cancha hacia atrás.
   
Importante en ese aspecto resultó el retorno de Martín Demichelis -descartado por Batista- como líder de una estructura compacta y concentrada, ante todo, en brindarle seguridad al arquero Sergio Romero.
   
El ex River Plate y Bayern Múnich, acompañado en la zaga por Nicolás Otamendi, también de regreso al equipo, fue la voz de mando en la renovada defensa "albiceleste" y, en el plano individual, tuvo dos cruces vitales para evitar el tanto venezolano.
   
Lo de Otamendi fue más irregular. Su tarea comenzó con problemas para complementarse con Marcos Rojo en el sector izquierdo pero repuntó con el cabezazo goleador que, además, recuperó una variante ofensiva en el olvido: la pelota parada.
   
Desdeñado por Batista y sufrido en el partido ante Uruguay, que eliminó a Argentina de la Copa América, Sabella apostó por ese método y acertó, después de haberlo practicado en exceso durante el entrenamiento previo al debut.
   
Pablo Zabaleta y Rojo, los laterales de Sabella, priorizaron las espaldas y se acoplaron al ataque, aunque esa contención representó también un condicionante para el desequilibrio ofensivo.
   
En ese aspecto, Argentina se repitió en la tendencia de esperar de Messi la acción salvadora del partido, jugado en condiciones bajo factores relativos al momento de analizar el juego.
   
Tanto cierto como el intenso calor y la dificultad de jugar en una cancha sintética y mojada, fue que el equipo de Sabella tuvo pocos recursos de elaboración colectiva.
   
La inteligencia del rival para cerrarse atrás y la dificultad de controlar un balón indómito expusieron las carencias en los metros finales del campo.
   
Luis González y el debutante Ricardo Álvarez, novedades de Sabella, tuvieron poca relevancia en la gestación, al igual que Ángel Di María, por momentos retrasado para modificar el 4-3-3 inicial a un 4-4-2.
   
Messi -liberado por todo el frente de ataque, aunque con la banda derecha como referencia principal- enarboló solitariamente, una vez más, la bandera argentina para lanzarse al ataque.
   
Y más allá de la presencia de Gonzalo Higuaín como punta más adelantado, el crack de Barcelona sufrió, en más de una ocasión, soledad para generar ocasiones de gol.
   
Con apenas dos entrenamientos completos desde el inicio del ciclo, acaso sea lógica esa carencia. El martes próximo, ante Nigeria en Dhaka (Bangladesh), el equipo tendrá una nueva la chance de solucionarla. (Télam)
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26 de septiembre de 2017 | 10:34
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