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Mundial 87: la gran desilusión de Los Pumas

A partir de hoy y hasta el viernes, MDZ te propone repasar las actuaciones del seleccionado argentino de rugby en los Mundiales. En esta entrega, nos metemos en la primera Copa del Mundo y la decepción del equipo argentino.

A los Pumas, el primer mundial de la historia, Nueva Zelanda 1987, les llegó dos años tarde. Aquel seleccionado, liderado por el enorme Hugo Porta, había tenido su pico de rendimiento en 1985, año en el que, justamente, el apertura fue considerado el mejor jugador del mundo.

Repasemos: en el 85, los Pumas le ganaron a Francia por primera vez en la historia. Fue en cancha de Ferro por 24 a 16. Meses más tarde, también en Caballito, el seleccionado obtuvo un empate histórico y heroico ante Nueva Zelanda 21 a 21, gracias a tres drops y cuatro penales de Porta.

El gran Hugo Porta.

Sin embargo, la igualdad, a los argentinos les dejó un gusto a derrota, porque en la última jugada del partido estuvieron a centímetros del try. Los Pumas tuvieron un scrum cinco, empujaron a los neocelandeses al punto de que la primera línea entró al ingoal rival, pero al Flaco Ure se le cayó la pelota cuando quiso apoyar.

En el 86, los Pumas dejan Ferro y pasan a jugar en Vélez. En la cancha del Fortín suman otro triunfo ante Francia (15-13), en jornadas que eran más parecidas a batallas que a partidos.

Pero ese mismo año, el equipo nacional, dirigido por Pochola Silva y Papuchi Guastella, empezaría la curva descendente en su rendimiento después del irrepetible 85.

El seleccionado tiene una gira por Australia para el olvido, con resultados negativos y algunos problemas internos. Los entrenadores empiezan a generar un recambio en el grupo y dejan afuera a tipos de mucha experiencia como Ure, Miguens, Pettersen, el Tano Loffreda (en aquel tiempo con bigotes ochentosos), Courreges y Baetti, entre otros.

De una lista preliminar de 45 jugadores, quedan 26 para el Mundial. Los jugadores debían cumplir con un plan físico muy exigente, que no todos podían realizar por sus compromisos laborales. Hugo Porta, en el libro Ser Puma, reconoce que “nosotros jugamos la Copa del Mundo mucho antes de que comience el Mundial. Lo que nos importaba a todos era estar en el grupo de 26 jugadores que serían elegidos”.

Pochola Silva era un convencido de que para enfrentar de igual a igual a las potencias mundiales, cada vez más profesionales, los Pumas debían dar un salto en su preparación, hacer más rigurosos los entrenamientos y mejorar el aspecto físico. Así fue como los exigió de manera muy estricta a sus dirigidos, actitud que fue criticada por varios jugadores después del Mundial.

Pochola Silva.

Lo cierto es que para el año 87, Argentina llegaba al primer Mundial de la historia como uno de los candidatos a clasificar a los cuartos de final en una zona que integraba con Fiji, Italia y Nueva Zelanda.

El primer partido ante los fijianos ya dejó en claro que la mano venía mal barajada. Algunos cuentan que el equipo nacional subestimó a su rival, otros dicen que el plantel estaba quebrado mentalmente y que había grandes diferencias con los entrenadores.

Argentina, en su debut, pierde ante Fiji 28 a 9. Porta estuvo muy impreciso con sus remates a los palos (pateó con arena, algo que no acostumbraba) y el equipo juega un partido de bajísimo nivel.

En la segunda presentación le ganan a Italia por 25 a 16, sin jugar bien ni convencer a nadie. Para clasificar a los cuartos de final, tenían que perder por menos de 35 puntos y marcar tres tries ante Nueva Zelanda, que venía de bailar a los fijianos por 74 a 13 y que terminaría siendo el campeón del Mundial.

La presión que vivió el plantel en esos días resultó insoportable al punto de que hubo muchas discusiones, y hasta Madero y Allen se agarraron a trompadas.

Ante los All Blacks jugaron un buen partido, pero la victoria fue para los locales por 46 a 15. Así, con tres derrotas en tres partidos, el primer Mundial para la selección argentina de rugby se convertía en una gran desilusión.

Atrás quedaban las gestas inolvidables ante Francia y Nueza Zelanda, atrás quedaba la certeza de ser un equipo que pelearía en los cuartos de final, atrás quedaba, para lamento del rugby argentino, la gran expectativa que había generado el equipo.

Silva y Guastella renunciaban a la dirección técnica y se venían tiempos de cambios, peleas políticas, diferencias ideológicas y divisiones que le harían muy mal al equipo argentino.

Papuchi, tiempo después, aceptaba que en ese Mundial la culpa no había sido de los jugadores. “La falla estuvo en la conducción del grupo”, aseguró. Pochola, por su parte, tan vehemente afuera y adentro de la cancha, seguía con la vincha puesta y aseguraba: “Pensé que le podíamos ganar a Nueva Zelanda y no todos los jugadores creían lo mismo. Esa fue la diferencia entre ellos y yo”.

Autor: Gonzalo Ruiz.
En Twitter: @gonza_ruiz

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