Cincuenta años al servicio del prójimo

La Feria del Centavo, que funciona en el Oratorio Don Bosco, está por cumplir 50 años. Lleva medio siglo ayudando a los que menos tienen. Hay ropa nueva y usada en perfecto estado. Los precios van desde 2 hasta 100 pesos y cada vez más gente concurre a comprar.

Cada jueves a las 14.30 se abren las puertas de Feria del Centavo que funciona en un salón cercano a la parroquia de Don Bosco. Allí 8 laboriosas mujeres trabajan toda la semana para que la ropa esté limpia, planchada y lista para la venta. Los clientes llegan desde todos lados como es el caso de una familia que viene desde hace años de El Nihuil, otra desde Las Malvinas y hasta de Goudge. Los precios bajísimos y la calidad de las prendas hacen que muchos opten por vestir a su familia con ropa de la “feria”. Además hay zapatos, ropa de cama nueva, changuitos para bebés y alimentos.


Las prendas son donadas por la comunidad y una vez que están lavadas, planchadas y en perfectas condiciones, se presentan en mesones ordenados por talle para que la gente elija. Se puede encontrar un pullover a 2 pesos, un par de zapatillas nuevas a 20 o trajes y sacones desde 50 pesos. Con casi 50 años al servicio de la sociedad, la Feria intenta ser un servicio para los que menos tienen y vaya si lo es. La gente llega puntal para ver que ropa puede comprar ya que la variedad de prendas es amplísima. Se puede encontrar desde un body para un recién nacido hasta un traje para hombre mayor. Todas las prendas están exhibidas y previamente han sido zurcidas, si es necesario, y acondicionadas por el grupo de mujeres que mantiene la feria.

El 3 de junio del año que viene se cumplen 50 años del nacimiento de la Feria. Fue por iniciativa de varias mujeres de buena posición económica que decidieron hacer una obra de caridad para el prójimo. Ahora de la rama fundadora quedan pocas pero hay un grupo de mujeres que continúan con la obra y se sienten orgullosas de hacer este trabajo que les llena el alma.


Las crisis económicas y el elevado costo de la indumentaria han duplicado el número de clientes que asisten a  la Feria. En cada jornada se venden más de 200 prendas y hasta se otorgan créditos personales para aquellos que deseen comprar ropa de cama nueva. “La gente nos entrega el dinero que puede y una vez que completó el monto total se lleva la sábana o el acolchado. El otro día una mujer me dijo que gracias a esto pudo renovar sus sábanas ya que su condición es muy humilde” comentó Telma, fiel colaboradora.

El trabajo es reconfortante nos cuentan, “amo venir y ayudar a los demás. Hace más de 20 años que estoy y seguiré mientras pueda” dice Matilde. “Cuando ves que la gente puede vestir a su familia, que los niños no van a pasar frío y que valoran lo que compran porque no se lo regalamos, te sentís totalmente agradecida de hacer lo que hacemos. María Auxiliadora nunca nos abandona pese a que hemos tenido tiempos muy difíciles” dijo Norma.

Allí los productos no se regalan: tienen un valor mínimo que ayuda  a absorber gastos y adquirir ropa nueva, pero lo que más se pretende es que la gente sepa que todo cuesta conseguirlo y lo deben valorar. “Si regalamos la gente se acostumbra a eso y no queremos” aseguró otra de las trabajadoras.

Como la demanda es mucha necesitan de la ayuda de todos. La ropa siempre es bienvenida pero también necesitan una máquina de coser porque sólo tienen una muy viejita que no alcanza para tantos arreglos.

La obra de bien no termina allí porque asisten a personas humildes cuando lo solicita el Padre Juan Carlos y también a los que derivan de una salita cercana al lugar. Como si esto fuera poco la Feria tiene una ahijada, Felicitas de 8 años. Ella tiene parálisis cerebral y se le provee ropa, pañales y también se le compró una silla de ruedas. Hasta hace muy poco le donaban los alimentos pero ahora ya no porque la familia puede hacerlo.

“Queremos hacer una súper liquidación de todo lo que lo que tenemos de invierno. Ese dinero lo reinvertimos adquiriendo sábanas, calzados y alimentos. Si bien las prendas son muy económicas con ese mínimo ingreso nosotras hacemos maravillas” sintetizó Telma.

Esta magnífica obra es posible gracias a la dedicación permanente de Marina Cid, Sarita Genovese, Agripina Oser, Tania Pavez, Norma Corso, Ana María Cárdenas, Ana María Fritz y Telma Barrientos que muchas veces dejan sus ocupaciones y familia de lado para poder servir a los demás.

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23 de agosto de 2017 | 05:13
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