"No vamos contra los pañuelos, sólo queremos cobrar"

Gastón, Mariano y Luis trabajaban en Sueños Compartidos. Denuncian amenazas y clientelismo político: "Si no ibas a actos K, te quitaban el presentismo".

Gastón Salvatierra tiene 32 años, 3 hijos y está pagando una hipoteca. Mariano Gómez tiene 26 y una hija en camino. Luis Aranda tiene 53 y una familia que alimentar. Los tres fueron obreros de Sueños Compartidos, de la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Luego del escándalo por la salida del apoderado Sergio Schoklender, los fondos se esfumaron. Ahora están sin trabajo, viven de changas y esperan que alguien les pague lo que les deben.

Estos ex empleados de la Fundación viven en Mataderos y trabajaron en la construcción de casas en el barrio de Castañares, en Villa Lugano. Fueron unos de los pocos que se animaron a reclamarle a la presidenta de Madres, Hebe de Bonafini, en una de las habituales rondas de los jueves. Dicen que sus compañeros no se animan.

Ahora hablaron con Perfil.com para denunciar todo lo que vivieron y por lo que están atravesando. Salvatierra, que comenzó a trabajar en marzo de 2010, cuenta que luego de recriminarle a Bonafini por la plata adeudada lo golperon y le llovieron amenazas a su casa: “Me decían que sabían donde vivía, de mis hijas y que iba a terminar en una zanja si seguía hablando”. Lo habían despedido en mayo de este año. “No vamos contra los desaparecidos, sólo quiero que me paguen y vivir dignamente como la presidenta dice”, cuenta desesperado.

El caso de Gómez es similar. Lo echaron luego de que contrajera pulmonía en la obra. Estuvo un mes en cama sin poder salir de su casa. Los médicos de la obra social (UOCRA), que él aportó todos los meses, no lo quisieron atender porque “no estaba en los registros”. Lo despidieron y aún no vio un solo peso: “Fuimos a la Plaza para que alguien nos diga cuándo nos van a pagar lo que nos pertenece”.

Aranda ingresó a Sueños Compartidos en marzo de 2009. En enero de este año renunció “cansado de lo que nos hacían hacer. Nosotros tenemos hijos y precisamos darles de comer. Queremos trabajar”, dijo. Entre esas cosas que les hacían hacer, debían ir a todas las marchas K que hubiera en la provincia. Si no iban, les quitaban el presentismo (que significa cientos de pesos en el recibo de sueldo) y les descontaban el día. Así, tuvieron que ir obligados a cada lugar donde habló la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. También a los actos del líder de la CGT, Hugo Moyano.

La deuda. Los ex obreros de la Fundación comenzaron a reclamar que les paguen no bien fueron despedidos. Pero la respuesta siempre fue la misma: “Nos decían que ya nos iban a dar la plata, que había que esperar y nos mandaban de una dirección a la otra. En la Fundación se reían de nosotros”, señaló Aranda. Según señaló La Nación, en los últimos días la Secretaría de Obras Públicas le quitó la obra en Castañares a Sueños Compartidos.

Para los albañiles comenzó la etapa de conciliaciones en el Ministerio de Trabajo. El 24 de agosto fue la primera. Ellos se presentaron. La otra parte no. La próxima fecha será a principios de septiembre. Esperan que llegue una solución, aunque saben que no hay muchas opciones. No van por los pañuelos. No van por las Madres. Sólo quieren que les paguen por su trabajo.

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