Uruguay, al otro lado del charco

Uruguay, doblemente espléndido. Fútbol y tenis. Para vivenciar experiencias en esta última entrega de la aventura de viajar junto a Federico.Un viaje a Uruguay, del otro lado del charco

Mi primer viaje al vecino país fue en invierno de 1995 para ver la final de la “37 Copa América de Fútbol” en el estadio Centenario de Montevideo. Fui hasta Capital Federal y allí tomé el ferry para cruzar el Río de la Plata hasta Colonia. Saqué pasaje en Ferrylineas sobre la Dársena Sur del Puerto de Buenos Aires. Nada más salir cruzamos frente al Puente Avellaneda en la desembocadura del Riachuelo (foto izq) que marca el límite entre Capital y Provincia. A los pocos minutos ya navegábamos en las aguas del río más ancho del mundo. Recorrí la embarcación, la Seacat “Atlantic II” para 573 pasajeros con free Shop y restaurante. Desde su terraza divisé los altos edificios de Puerto Madero que se iban perdiendo en el horizonte. En 45 minutos arribamos a la pintoresca Colonia del Sacramento con sus callecitas empedradas y onduladas. Después del trámite inmigratorio subí a un colectivo que recorrió 177 kilómetros hasta Montevideo, con 1,4 millones de habitantes.


Me alojé en un hotel en pleno centro. Aproveché los días previos a la final para conocer la capital. La calle principal y eje comercial es la Avenida 18 de julio  (foto arriba) llamada así en recuerdo de ese día de 1830 cuando se juró la Constitución. Tiene unos tres kilómetros de largo. Comienza en Plaza Independencia y termina en el Boulevard Artigas. Los montevideanos son tranquilos y amables.

No hay ritmo de gran ciudad y la gente camina con el mate y el termo bajo el brazo. Mi hotel estaba a una cuadra de Plaza Cagancha (foto der) que es un punto de reunión y en cuyo frente está la Suprema Corte de Justicia. En un momento me veo abordado por una periodista mexicana de la cadena Televisa que me hizo una entrevista pidiendo mi opinión sobre la Copa América. La Plaza Independencia es un espacio verde que separa la ciudad nueva de la vieja. Allí se erige la “Puerta de la Ciudad” que es un arco de piedra donde comienza la peatonal en la antigua Montevideo. En medio de la plaza se erige un monumento al héroe nacional José Gervasio Artigas (1764-1850).

 Desde allí levanté la vista y por unos instantes creí estar en Buenos Aires cuando vi el Palacio Salvo (foto izq) que es un edificio gemelo del Palacio Barolo que tenemos en Avenida de Mayo al 1300.

Se aprovecharon los 100 metros de altura del edificio para que sirviera como faro a quienes llegaban por el río. En la cúpula colocaron potentes luces que se veían a la distancia. Al otro día fui a la Costanera donde hay amplias playas muy populares en verano cuando aprieta el calor.

Los edificios costaneros tienen una envidiable vista del río. Las ramblas van cambiando de nombre: Sur, Francia, Gran Bretaña, República Argentina, Perú y Gandhi. Llegué hasta el Puerto donde hay tiendas de artesanías y restaurantes para degustar frutos de río. Es un puerto natural, no dragado y de gran importancia para el Mercosur. Fue declarado puerto libre y por lo tanto no posee restricciones aduaneras.

La final era el 23 de julio y comenzaba a las 15:05.En la mañana me acerqué al Parque Battle donde se  yergue el escenario del partido: el histórico “Centenario”  (foto der - exteriores)con capacidad para 80 000 personas donde se disputó la primera Copa del Mundo FIFA en 1930.

Por fuera lucía muy arreglado con las paredes pintadas con figuras geométricas en tonos verde y pastel. Había una pelota gigante de uno de los sponsors para hacerse una foto de recuerdo.

Una hora antes ingresé a la cancha por la Puerta 10. Mi ticket era para la tribuna Amsterdam en una cabecera. La vista del campo de juego es muy buena desde cualquier sector.

Los protagonistas eran Uruguay y Brasil. Argentina fue eliminada en cuartos en la ciudad de Rivera. Los de Passarella ganaban 2 a 1 a Brasil pero llegó el empate con el tramposo gol de Tulio con la mano en el minuto 81 y obligó a ir a los penales donde perdimos 4-2. 

Uruguay era capitaneado por Enzo Francescoli y tenía la explosión de Daniel Fonseca en la delantera. Brasil traía la base campeona del mundo en USA 1994 más la juventud de un lateral que haría historia: Roberto Carlos. En la ceremonia de clausura cantó el Pájaro Canzani, ídolo local y la colorida Comparsa Lubola Sarabanda hizo bailar a la tribuna. Ovación y temblor del estadio cuando apareció la “Celeste” y silbatina ensordecedora para los de amarillo. Se puso en ventaja el campeón mundial a los 30 minutos con gol de Tulio pero Bengoechea empató al inicio del segundo tiempo y calmó los ánimos.

Frente al Centenario hay un enorme hospital y desde sus terrazas había gente mirando el match que fue tenso y trabado. Empate 1 a 1 y la final se decidía por tiros penales. Esta vez Brasil no tuvo la misma fortuna que un año antes en Los Angeles contra Italia. Sergio “Manteca” Martínez  (en la foto izq. levantando la copa frente a la tribuna)se paró frente a la pelota. Si vencía a Taffarel, Uruguay levantaba la añeja copa. El jugador de Boca no falló y con el 5 a 3 definitivo se desató el festejo. El “Príncipe” Francescoli recibió la copa y encabezó la vuelta olímpica. Era la número 14 para los orientales que igualaban a la Argentina como máximos ganadores de América. (Ahora tienen 15 tras conseguir el título en Argentina 2011). Batistuta fue el goleador del certamen. La algarabía siguió hasta entrada la noche con largas caravanas yendo y viniendo por la 18 de julio. 

 Al día siguiente fui a conocer Punta del Este, a dos horas en colectivo. Era invierno y estaba desierta. Una invitación a pasear tranquilo. Su población estable es de 19 300 habitantes pero explota en verano y llega a más de 200 000. Caminé por sus playas más conocidas: la Brava y la Mansa en cuya orilla se alzaba el esqueleto de un gigantesco hotel en construcción, el Conrad Resort and Casino. (foto der) Enfrente se apreciaba el contorno de la isla Gorriti con su bosque de pinos.

Hay una foto del balneario esteño que no puede faltar en ningún álbum: la curiosa escultura “La mano” o “Los dedos” (foto arriba) que emergen desde la arena en la Brava. Muchos creen que es obra de la artista Marta Minujín pero en realidad fue creada en 1982 por el escultor chileno Mario Irarrázabal quien hizo trabajos similares en Madrid, Venecia, Nairobi y el desierto de Atacama. Caminé por la popular calle Gorlero, eje comercial de la ciudad. Vi Plaza Artigas con sus artesanos y seguí el trayecto por la playa de los ingleses hasta el extremo de la península. Allí se alza el faro de 45 metros de alto inaugurado en 1860. En este punto se unen el Río de la Plata y el Océano Atlántico. Sobre el río, verde y calmo, se encuentra la Mansa. Sobre el mar, ventoso y oleado, la Brava. Volví a Montevideo para tomar un colectivo a Colonia y desde allí en ferry a Buenos Aires. 

 En febrero de 1999 volví a Uruguay pero esta vez en pleno verano. El hotel Conrad, ya inaugurado, sería sede de la primera Copa Senior de tenis por países auspiciada por Ericsson. Grandes figuras tenísticas del pasado representarían a ocho naciones en un match tipo Copa Davis. En ese entonces yo estaba escribiendo la biografía de Guillermo Vilas que fue invitado a participar junto a John McEnroe (en la foto arriba, en la cancha del Conrad) , Bjorn Borg, Yannick Noah y Mats Wilander, entre otros. Willy gestionó mi acreditación para cubrir el evento y entrevistar a sus colegas para el libro. Esta vez tomé el ferry de Buquebus en la terminal de Av. Madero y Córdoba para viajar directo a Montevideo sin pasar por Colonia. En dos horas y cuarto bajaba del otro lado del “Charco” y desde allí en bus completé los 134 kilómetros a Punta del Este. Saliendo de Montevideo pasamos por la residencial zona de Carrasco donde está el aeropuerto internacional. Allí vive la mayoría de los sobrevivientes del avión uruguayo que cayó en nuestra cordillera en octubre de 1972. Apenas llegué fui a la conferencia de prensa en el Conrad y después observé los entrenamientos de los tenistas sobre la cancha sintética armada en la playa de estacionamiento del hotel frente a la Mansa.  


 A la mañana siguiente los organizadores invitaron a la prensa a un paseo en yate hasta la isla Gorriti y Solanas. A  mediodía levamos anclas hacia Punta Ballena, a 12 kilómetros de distancia, para apreciar la singular arquitectura de “Casapueblo”  (foto izq) creada por el artista Carlos Páez Vilaró. Parece una villa griega con sus blancas y onduladas paredes sobre una loma frente al mar. Anclamos en Gorriti donde algunos se bañaron. Yo no me tiré porque estaba lleno de aguas vivas y se las veía flotando alrededor del yate. Desde arriba les indicábamos a los que se arrojaron por donde nadar para esquivarlas. Cuando volvíamos a tierra firme me serví una copa de champagne y me senté en la proa a mirar el hermoso paisaje costero con el viento golpeándome el rostro y meciéndome al ritmo de las olas que acariciaban la nave.  

 Esa noche comenzaron los partidos. Estados Unidos, con los hermanos John y Patrick McEnroe, le ganó al Uruguay de Diego Pérez y José Luis Damiani. Argentina con Vilas, José Luis Clerc y Ricardo Cano batió al team Sudamérica con el peruano Pablo Arraya y el paraguayo Víctor Pecci.

Francia salió a jugar con Yannick Hoah,(en la foto, a la izq)  Thierry Champion y Mansour Bahrami y vencieron a la España de Emilio Sánchez Vicario, Sergio Casal y Juan Aguilera. Brasil con Carlos Kirmayr, Cassio Motta y Luiz Mattar sucumbió ante la poderosa Suecia de Borg, Wilander y Joakim Nystrom.

Las semifinales quedaron así: Argentina-USA y Francia-Suecia.

La mañana siguiente los periodistas pudimos sentirnos por un rato como los astros de la raqueta. Había un torneo pro-am para la prensa y sponsors en las canchas de ladrillo del exclusivo Cantegril Country Club. (foto abajo)

Se jugaría en modalidad de dobles. Me anoté con un colega uruguayo de la revista “Búsqueda” pero el chofer del torneo me llevó tarde al country y ya estaban armadas las parejas. El gerente comercial de Chandon, Hugo Sánchez, tampoco tenía compañero y unimos fuerzas. No nos fue tan mal. Logramos el tercer puesto, entre ocho parejas, venciendo a Guillermo Caporaletti de radio “La Red” y Eduardo Moyano de “TV Sports Magazine”. Nos premiaron con una gorra y una remera. El mini torneo lo ganó la dupla Cano-Gutiérrez de “Tennis en Español” y “Revista Grip” quienes se llevaron cuatro cajas de espumante para brindar en casa.  

En la noche se jugó la primera semifinal entre Argentina y USA. Clerc venció a Ptrick McEnroe en el primer turno. El gran duelo Willy - Big Mac fue un contraste de estilos entre el juego de fondo del marplatense y el ataque continuo del ex número 1. Venció John y la serie quedó 1 a 1. Los hermanos McEnroe lograron el pase a la final cuando vencieron a la dupla Vilas-Clerc quienes se quejaron porque la bruma del mar se condensaba y hacía resbaladizo el piso de la cancha. Más tarde esa noche salí con periodistas locales a conocer la noche de Punta del Este y su movida. Fuimos a la disco La Morocha, en la Barra, donde se reúne la gente más “chic” del verano. La VIP estaba llena de famosos. En la mañana fui a tomar sol a playa Bikini donde fui testigo de la concentración de mujeres bellas por metro cuadrado más impresionante de mi vida. Todas lindas. En playa Montoya también abundan las guapas pero no tanto como allí.  

Las actividades recreativas continuaron a mediodía cuando Clerc invitó a la prensa y amigos a un asado en su chacra de José Ignacio. (en la foto izq, con Clerc) Una casa bellísima con piscina rodeada  de jardines y altos eucaliptus. Un colega de radio 94.9 me entrevistó por el libro de Vilas. Hicimos la nota desde el teléfono de la cocina de la casa de Batata conectados por larga distancia a Buenos Aires. Alfredo Bernardi, de diario La Nación, también publicó una reseña sobre la biografía del mejor tenista argentino de todos los tiempos, aún inédita. 

 En la tarde Suecia se vio la cara con Francia en la otra semifinal. Borg le ganó a Noah y Wilander a Champion. Con el match definido 2 a 0 el dobles de Noah y Bahrami deleitó al público con sus piruetas y jugadas graciosas.

La dupla fue la más divertida del evento y lo demostró a la noche en la fiesta del sponsor Ericcson. Noah tocó guitarra con su grupo de reggae y Bahrami hizo un show de magia donde desfondaba una botella de champagne dándole un golpe seco al pico del envase. Delirio de los presentes cuando el burbujeante líquido se desparramó por el piso. Luego McEnroe empuñó su viola eléctrica y todos los jugadores cantaron a coro acompañándolo.

La gran final del torneo se inició con el partido donde Wilander le ganó a Patrick McEnroe. A continuación llegó el duelo que todos esperábamos: John McEnroe vs Bjorn Borg. Al verlos en la cancha uno recordaba las históricas finales de 1980 y 1981 en Wimbledon. Dos tenistas únicos, cada uno con su estilo y personalidad. El frío cerebro del sueco y el hirviente temperamento del estadounidense. Fueron los dueños absolutos del “deporte blanco” durante seis años entre 1979 y 1984. Ganó Big Mac con su muñeca milagrosa que coloca la pelota sin esfuerzo en ángulos imposibles del court.  Con el 1 a 1 definía el dobles y los hermanos McEnroe se quedaron con la Copa Ericcson Senior. Todo terminó con la fiesta de clausura donde fuimos invitados a la discoteca Gitana en la parada 12 de la Brava. Desde sus ventanales vi el rojizo amanecer sobre el Atlántico y me quedé unos días más disfrutando en este privilegiado balneario de Sudamérica.


 

Opiniones (1)
13 de diciembre de 2017 | 01:32
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13 de diciembre de 2017 | 01:32
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  1. Espléndida historia,nostalgiosa, con los grandes Maestros del tenis. Federico una persona muy afortunada en conocer a grandes personajes del deporte argentino y extranjero.
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