El cine que no nos mira

Bajo la consigna de lo que que perdió San Rafael luego del cierre de sus dos únicas salas, escriben dos sanrafaelinos que miran de cerca la gran pantalla: Martín García y Diego Rodríguez Caligaris, ambos realizadores audiovisuales y fomados en la carrera de cine de la Universidad Nacional de La Plata.

Quizás porque ambos tengan la misma formación académica –son egresados de la carrera de cine de la Universidad Nacional de La Plata-, o porque comparten la misma predilección por el séptimo arte,  los autores de estos dos artículos –que escribieron para Mediamza.com cada uno por su lado- coincidieron en alguna parte en lo esencial de sus breves escritos.

El disparador fue el sorpresivo cierre del cine en la ciudad y la mirada de ellos acerca de aquello que pierde San Rafael al cerrarse la puerta de sus dos únicas salas. En ambos textos, -que reproducimos debajo de este prólogo-, aparece una grata coincidencia: la idea de que ir a ver  una película al cine es “un ritual social”, la del cine como lugar, donde “hay desconocidos que comparten el mismo espacio”. Ese es uno de los puntos en que hay un encuentro de ideas.

También hay, en ambos textos, otro concepto clave, y que también habla sobre el cine como lugar: los autores ser refieren a la pantalla como una gran ventana que, al momento de encenderse la lámpara del proyector, se abre para hacernos viajar a un universo nuevo y desconocido. Esto escribieron...

1. “Sin Cine”. Escribe: Diego Rodríguez Caligáris (El autor es director de cine y realizador audiovisual, egresado de la carrera de Comunicación Audiovisual de la Universidad Nacional de La Plata)

“Cine es todo aquel que se hace con una cámara”, me dijo Ulises Dumont hace un par de años. Tuve la suerte de escribir, dirigir y producir una película con Dumont rodada íntegramente en San Rafael y estrenada en esas salas que hoy cerraron. Que las salas ya no existan más, habla de desidia. Pero no me quiero meter en eso (que tiene que ver con uno mismo) sino en lo que deja ver este hecho: no es atractivo (y no hablo de las bellezas naturales) un lugar sin cine, o por lo menos no es atractivo para ser filmado, entre otras cosas, porque no tiene un espacio para las proyecciones.

Porque “cine” es el arte pero también es el espacio, el lugar, el cine. “Vamos al cine”, decimos (decíamos). El lugar mágico donde se apaga la luz y la pantalla nos hipnotiza, nos saca de la realidad para ingresarnos en otro universo. Donde no suenan celulares (en las proyecciones más consideradas) y la pantalla no tiene 50 pulgadas sino como mil, y el full HD no compite ni por asomo. Donde hay desconocidos que comparten el mismo espacio. Donde no se puede pausar para ir al baño. Donde tenemos impunidad para aplaudir si la peli estuvo buena o zapatear para que empiece o chiflar para que el proyeccionista corrija el foco. Eso también es el “cine”.

Si bien para alguien que estudió y se ha dedicado al cine y lo audiovisual siempre, el cierre de las salas de su pueblo es algo contundente, pero también lo es para cualquiera. Porque el cine es parte de nuestras vidas. No conozco una sola persona que diga: “no me gusta ir al cine”. Difícil es encontrar un lugar de relativa importancia y que no tenga una sala de cine, como tampoco no existe lugar turístico que no tenga cine. No puedo imaginarme viviendo en un lugar sin cine, aunque sé que puedo hacerlo, literalmente hablando, todos podemos; el cine no es el agua. Sin embargo… que la ciudad no tenga ni una sala, habla mucho de sí misma. Y si bien podría sobrevivir sin un cine, no elijo para que crezcan mis hijos un lugar sin un cine.

2. “El cine que no nos mira”. Escribe: Martín García (El autor es Comunicador Social y Comunicador Audiovisual egresado de la carrera de cine de la Universidad Nacional de La Plata)

 “El cine es la madre de las todas las artes”, quizás esta frase, tomada de prestado desde que los hermanos Lumière -sin darse cuenta del impacto social que ocasionaría- inventaran el cinematógrafo y lo exhibieran por primera vez de forma oficial en diciembre de 1895 en la ciudad de las luces, París. En esa oportunidad, una de las proyecciones que generó pánico en el público presente, fue la llegada del tren a la estación de La Ciotat. La gente sentada en una sala oscura observaba como un tren parecía venírseles encima, según cuentan testigos presenciales de la época, algunos se tiraban al suelo del propio susto que suponía un tren a gran velocidad en dirección al público.

Pasaron más de 115 años desde el nacimiento del cine, en esos años Thomas Edison no lo entendió así, inventó el quinetoscopio, aparato para proyectar películas en el cual uno debía depositar una moneda y poner sus ojos sobre un visor para ver con exclusividad una película en movimiento. A esa acción, Edison estuvo años reclamando y pretendiendo que fuera llamado cine, pero sólo se limitaba a la experiencia de uno solo, una sola persona mirando.

El cine es encuentro y desencuentro. Quienes van a ver una película a un cine, participan de un ritual social, de un encuentro voluntario que tiene antecedentes milenarios. Cuando estamos frente a la pantalla a oscuras, estamos solos frente a una ventana que nos muestra otros mundos posibles, muy ligado a los sueños, a la imaginación y fantasía del Hombre.

Con el cierre del cine en San Rafael, nuestra comunidad pierde la posibilidad de abrir esa ventana que nos permite mirarnos como sociedad.

Explicar todo el negocio que rodea la industria del cine en el mundo y el poder que ejerce Hollywood en el mundo, que domina la producción hasta su distribución, completando toda la cadena del negocio, que no excluye a San Rafael, sería tan largo como intentar encontrar una razón para que no tengamos un cine en nuestra ciudad. Seguramente –y esperemos- no pasará mucho tiempo para que este conflicto se solucione.

Como ese público tirado en el suelo por ese tren que se le venía encima hace 115 años, quizás el público sanrafaelino busca en el cine 3D gozar de nuevas experiencias sensoriales emocionantes. Aún así, el cine va más allá de los sentidos, y los directores de cine de hoy son los antiguos chamanes que relataban historias alrededor de una fogata hace miles de años, tamaña responsabilidad y privilegio les corresponde. Eso no puede faltar en ningún rincón de este planeta, sobretodo aquel cine que cuente nuestras propias historias.
        
Opiniones (1)
20 de agosto de 2017 | 05:20
2
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20 de agosto de 2017 | 05:20
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  1. Es una verdadera pena el cierre de los cines !!!!!!
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