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Es hora de volver a los colores del barrio, seamos mendocinos

La falta de competición nacional y las malas políticas de turno casi destruyeron al fútbol local, trayendo como consecuencia que muchos clubes se quedaran sin hinchas, que prefirieron llevar en el alma colores de equipos que no nos pertenecen. Es hora de volver a los colores del barrio, y no a los del campeón de turno de la tele.

Mendoza careció del fútbol denominado "grande" durante muchos años, hasta que Godoy Cruz ascendió a la elite del fútbol argentino allá por un 20 de mayo de 2006.

Desde la época de los importantes torneos nacionales que nuestra provincia no disfrutaba de ver a los “grandes equipos”. Está claro que los torneos de verano poco dejan en cuanto a lo futbolístico y mucho aportan a lo comercial. 

La gente de esta tierra no acompañó a los clubes en la desolación, durante más de veinte años, participando en torneos de poca importancia para quienes miraban al deporte desde arriba. Y el concepto de no acompañar a los equipos de Mendoza se reflejaba en cada una de las distintas presentaciones con respecto a la convocatoria, en un comienzo en los Torneos del Interior, y  luego en el Nacional B y los Torneos Argentinos. Con excepciones cuando los resultados eran sumamente favorables y el carro de la victoria   se llenaba de simpatizantes, no hinchas. Pero la media siempre fue baja y la preocupación de porqué los estadios no rebalsaban de gente siempre estaba presente.

Nos fuimos haciendo hinchas de aquellos equipos que veíamos por televisión y no de las raíces, sobre todo las nuevas generaciones. O quizá nos hicimos hinchas de la comodidad de estar frente a un televisor, disfrutando de cual partido del fútbol extranjero transmitían, no sólo Italia y España, sino también, Francia, Inglaterra, o cualquiera de la Liga del fútbol de primera nacional. Quizá acá también tenga que caerle algo de responsabilidad a los medios de comunicación, que siempre fueron más proclives a comprar lo de afuera que a bancar un proyecto local, que pocos réditos podía traerle. Hoy esto también está empezando a cambiar.

 Los estadios mendocinos se vistieron durante todos estos años de obras arquitectónicas olvidadas. Gradas prácticamente vacías y sentimientos que de apoco fueron quedando en el olvido, con nuevas generaciones que poco entendían de esto, y de la historia de nuestro fútbol. Muchos de esas canchas, hasta el Estadio Malvinas Argentinas, cambió el uso para el cual había sido creado, y con la excepción del fútbol de verano, recibió sobre su césped desde cantantes y músicos venidos de muchas latitudes hasta jinetes, caballos y vírgenes y fiestas de la Vendimia. Pero los equipos mendocinos no tenían acceso a ese estadio.

 Siempre nos preguntamos porqué los estadios tucumanos, rosarinos o santafesinos colmados de espectadores poco se parecen a los nuestros. Una idiosincrasia diferente, simplemente, que de a poco va cambiando para el bien de Mendoza y del fútbol que nos interesa. Desde hace muchos años estas provincias “maman” fútbol y con el correr del tiempo se refleja en la convocatoria. Ver a pibes caminando con las camisetas de los clubes provinciales llena de orgullo a cualquiera. Dejar de alentar a un equipo que está a más de mil kilómetros, también. Provincias futboleras como Santa Fe o Tucumán ya lo experimentaron hace tiempo, talvez porque vivieron más de cerca, luego de los torneos nacionales, el fútbol grande. 

Hubo excepciones, claro. Algunos clásicos de barrio siguieron llenando estadios en los torneos locales, muchos barrios siguieron manteniendo a rajatabala la cuestión de la pertenencia, pero debemos aclarar que fueron las menos.
 
Hacemos un  pequeño apartado para la cuestión de la camiseta. Ahora, con el auge que nuevamente está teniendo el fútbol mendocino, es posible encontrar una camiseta del club local de nuestros amores en muchas casas del ramo. Pero hasta no hace mucho tiempo, si uno se acercaba a un mostrador para pedir la camiseta de Huracán las Heras o de Independiente o Godoy Cruz o cualquiera de las otras, en un negocio del shopping, lo miraban con cara de “¿que te tomaste esta mañana pibe?”. Y eso no sucede en otras partes. Los argentinos, siempre tan afectos a los símbolos que nos identifican como tales, necesitamos imperiosamente tener relación con los colores del barrio. Imposible que un pibe pueda ser al menos ”simpatizante” del club de la esquina de su casa, si ni siquiera sabe de que color es la camiseta.

Hoy, la cosa parece empezar a tener vientos de cambio. Con la gran participación de los conjuntos mendocinos en los diferentes torneos nacionales y federales comienza a vislumbrarse un futuro sumamente positivo. El pensamiento cambia, la gente vuelve a los estadios, poco a poco volvemos a tener la identificación con lo cercano, eso que hace que defendamos lo nuestro, lo que vivimos a cada día, el barrio, el poli, el club, o simplemente el equipo de nuestros amores...
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