Bajo análisis: P.A.S.O., Boleta Única y otras novedades electorales

El analista mendocino Enrique Bollati se enfoca, en esta nota, en las implicancias que tienen las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias del domingo. Una guía imprescindible para saber de qué hablamos.

 Si hay algo curioso en la situación actual (políticamente hablando) es que la gente no tiene tantas dudas acerca de qué quiere hacer, sino de cómo tiene que hacerlo. Y si, por otra parte, queremos encontrar algo que no haya cambiado en las últimas décadas, seguro que tendremos que contar las inveteradas costumbres de mirar la paja del ojo ajeno, por una parte, y de buscar en el inciso una aplicación contraria a la que establece el artículo (hecha la ley, hecha la trampa, decía mi abuelo). Demos una mirada.

P.A.S.O. Ríos de tinta corrieron sobre esto, pero vamos por partes:

a. Las Primarias Abiertas y su reglamentación, ¿alientan al bipartidismo? ¿perjudican a los partidos pequeños o minoritarios?  Hoy diríamos que es FALSO. Hay 8 fuerzas políticas que disputan la presidencia y, hasta ahora, no se vislumbra una polarización bipartidista. Por otra parte ha surgido, auspiciosamente, el Frente Amplio Progresista como una “opción de menú” que no existía. Y el Frente de Izquierda, que reúne partidos sin representación parlamentaria, apunta a obtener más adhesiones de las que tuvieron en toda su historia como fuerzas separadas, #unmilagroparaaltamira mediante. A eso sumémosle que si bien Macri desistió de participar para la presidencia, está configurando otra alternativa política más, que se suma a las existentes.

b. ¿La gente sabe a quién quiere votar, sea en las primarias o en las generales? Creo que partimos de una pregunta mal expresada; empecemos por recordar que el colectivo “la gente” no existe como tal: nadie se siente particularmente parte de “la gente” (no hay “gentistas” de la primera hora, ni de paladar negro, etc.) Y no existen referentes de “la gente”; cualquiera que se arrogue representar a “la gente”, recibirá el rechazo de buena parte de “la gente”. Propongo un ejercicio: lean este párrafo en voz alta y vean que ridículo que termina siendo el sólo decir “la gente” varias veces seguidas…
La población se identifica con grupos de referencia (los maestros, los radicales, los rockeros, etc.) con intereses y opiniones distintas y muchas veces contradictorios. De hecho, es casi imposible que haya consenso total sobra algún tema concreto. Otro ejercicio, plateemos una consigna: “Hay que eliminar la desnutrición infantil” ¿Hay disenso sobre eso? No, claro que no, pero demos un paso más: ¿de dónde sacamos los fondos? Se acabó el consenso…

Los temas llamados “de valencia” (o expresados como tales), que no evidencian las contradicciones que encierran, son los únicos que pueden tener un alto grado de consenso, pero como queda a la vista, con ese simple consenso no hacemos nada, porque para resolverlos hay que plantearlos tal cuál son, como temas “de interés”, y los intereses… pues son contradictorios.

 Después de tremendo rodeo, volvamos a la pregunta: ¿La población sabe a quién quiere votar, sea en las primarias o en las generales?  Como decíamos, hay grupos con intereses contradictorios.

-Los hay que son peronistas, radicales, gansos o socialistas “del palo” y tienen claro qué van a hacer.

-Los hay que no tienen mayores identificaciones pero que piensan que las cosas están bien y que, por tanto, no habría que “hacer olas”; tienen claro que van a hacer.

-Los hay que piensan que las cosas están mal y que entienden que es necesario un cambio en un sentido específico, concreto; también tienen claro qué van a hacer.

-Los hay que piensan que las cosas están mal y que quieren un cambio, no importa en qué sentido, esos están esperando el resultado de las PASO para saber qué opositor se posiciona mejor, para votarlo.

-Y por último, pero no menos importante, están aquellos a los que les da lo mismo chicha que limonada; esos no tienen claro que haya que hacer algo.

 Pero dejemos algo claro: son opiniones, y las opiniones pueden estar mejor o peor fundadas, pero no existen opiniones correctas e incorrectas; son opiniones.

Hay grupos que saben qué quieren hacer y eso se expresa en intención de voto; otros que saben qué quieren, pero que no están en condiciones de expresarlo en intención de voto y otros a los que no les interesa tener una intención de voto.

c. ¿Cómo se entienden unas internas que no son internas, donde no hay confrontación de candidatos del mismo partido? Bueno; la intención estuvo, pero resultó que los peronistas disidentes decidieron ir por fuera del peronismo, y los radicales disidentes decidieron bajarse y las primarias quedaron en un buen ejercicio que perdió sus objetivos (de ahí lo de “hecha la ley, hecha la trampa”) para transformarse en un pre-test opositor, que ni siquiera es un buen indicador de eso. Basta recordar los resultados de las primarias de Santa Fe y los resultados de las elecciones… Algo distintos, ¿no?

d. ¿Se sabe qué y cómo se vota en las PASO? Una semana antes, 37% de los encuestados no tenían claro qué se votaba y 47% no tenía claro cómo se votaba en las PASO.

¿Poca difusión, poca explicación, imposibilidad de enterarse adecuadamente? Para un grupo muy pequeño esto puede ser cierto, pero la gran mayoría de los que se definen como desinformados, deberían definirse como desinteresados.

Si como estamos previendo, la asistencia a las PASO este domingo es similar a la de cualquier elección legislativa (cerca del 70% del padrón), entonces el lunes se podría comenzar a escribir un tratado de varios tomos que tratara de explicar esta ambivalencia entre deber cívico (voy a ir a votar) y desinterés (no me preocupo por saber qué ni cómo tengo que votar). ¿Algún psiquiatra entre el público?

Y dejemos para la semana que viene el análisis de qué hizo Pino Solanas y que costo deberá pagar por ello, al igual que Racconto, Lilita, etc. Ya es otro tema.

BUS o Boleta Única de Sufragio. Esta semana se presentó una iniciativa en Senadores (Mendoza) para que se aplicara el sistema BUS en Mendoza en estas próximas elecciones. La iniciativa tiene, por supuesto, más carácter de declarativa que de práctica, habida cuenta de la fecha en la que estamos. ¿En serio queremos discutir sobre evitar la tracción a dos meses de unas elecciones en las que uno de los partidos mayoritarios tiene alta tracción, el otro baja y el tercero se buscó tracción puntana? Pero desglosemos:

a. ¿Es la BUS una buena cosa? Mi opinión es que sí, en la medida que no copiemos el engorro de Córdoba y se haga algo sencillito y de alpargatas. Es más fácil de lo que parece: en un banco pongo todas las boletas de candidato a presidente, en otro todas las de Diputado Nacional, en otro todas las de gobernador, etc., y el votante va con su sobre por el cuarto oscuro como si fuera con el changuito por el súper y elije lo que más le guste de cada “góndola”. No tiene por qué ser complicado y alienta a que el elector piense un poco más el voto. Pero no mucho, no vayan a creer. Como reza una vieja frase de Stanislaw Lec “No esperéis demasiado del fin del mundo”

b. La BUS, ¿terminaría con la “ignominia” de la lista sábana? Tengo mis dudas. Los tramos más sometidos al arrastre son los legislativos, donde los candidatos no son muy conocidos. ¿Tenemos experiencia en Mendoza de arrastres en el ejecutivo? Sí, a favor y en contra. Iglesias gana e el ‘99 gracias al arrastre de De La Rúa (si no, el gobernador hubiera sido Balter) y Jaque gana en 2007 a pesar de que Biffi corría con el caballo del comisario. No todos se dejan arrastrar de la misma forma, no es tan así…

Bueno, pero ¿terminaría o no con la “ignominia”? Veamos, para que la BUS funcionara eficientemente, los electores deberían informarse de quienes son los candidatos legislativos, trayectoria, méritos, propuestas, etc. Y si hay un gran grupo al que NO le interesa informarse respecto de los aspirantes a cargos ejecutivos… Bien, no esperéis demasiado del fin del mundo.

Si no cambiamos nuestra forma de decidir el voto, sería la misma lista sábana, pero con apariencia de mayor prolijidad, porque para los que no se informen, sería mayoritario que si votan al gobernador radical, voten a los senadores y diputados provinciales radicales (no conocen a ninguno, recuerden), y si votan al intendente peronista, votarán a sus concejales porque, como queda dicho, no conocen a ninguno.

A ver; tercer ejercicio: ¿quienes son los diputados provinciales e SU distrito, del distrito del lector? ¿Quiénes son los concejales de SU departamento de residencia? ¿Me explico mejor ahora?

La BUS no es, por sí misma, un paso adelante; es una muleta que facilita que nosotros demos un paso adelante. Si no lo hacemos, seguiremos dando vueltas eternamente sobre lo mismo. Sísifo va quedar a la altura de un pichón, al lado nuestro. ¿Y saben qué es lo paradójico? Que, en general, quienes más despotrican contra la “ignominia” de la lista sábana son los que menos interés tienen en buscar información para fundamentar su voto.

Como conclusión, creo que los psicólogos y psiquiatras están subvaluados; deberían tener mucho más trabajo del que tienen… Salvo, claro, que buena parte del conjunto de electores dejáramos de echarle la culpa a los demás de nuestros propios errores y asumiéramos plenamente nuestra responsabilidad o reconociéramos plenamente que no nos interesa el tema, que es lo mismo.

Pero bueno, siguiendo con Stanislaw Lec recordemos que nos decía que “Muchos que se adelantaron a su tiempo tuvieron que esperarlo en sitios poco cómodos.” ¿Vamos a tener el coraje?

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