En la misa a San Cayetano, Bergoglio pidió que se acaben los "ñoquis y vividores"

Una multitud veneró al patrono del trabajo, mientras el cardenal reclamó un “cambio de vida para la población.

Una multitud veneró hoy a San Cayetano y renovó su confianza al santo del pan y del trabajo en el barrio porteño de Liniers, donde el cardenal Jorge Bergoglio instó a los argentinos a "un cambio de vida" que permita ser "más justos" y poner paz ante "los maltratos" y "la agresión y la violencia".

La manifestación de fe popular, que cada año sorprende por sus características y, de alguna manera, funciona como “termómetro” de la desocupación en el país, llevó por lema "Junto a San Cayetano rezamos por paz, pan y trabajo".

Ninguno de los sacerdotes del templo se animó a estimar el número de peregrinos pasaron por el santuario de Cuzco 150, pero el párroco Jorge Torres Carbonell consideró que "no hay necesidad de contarlos, son muchos, y lo esencial es cómo la gente vive esta fiesta: con alegría".

"Muchos vienen a pedir trabajo para ellos o para familiares, pero también a agradecer tenerlo. En cada uno hay una motivación que los moviliza a venir cada 7 de agosto desde hace 10, 20 o 40 años. Esta es una fiesta que está incorporada en el corazón de la gente y nadie necesita convocarla", dijo a DyN el sacerdote.

Los peregrinos formaron dos filas extensas. Una demanda cerca de 12 horas y permite tocar el vidrio que protege la imagen del santo ubicada en el costado derecho del templo, mientras que la otra exige unas 6 horas de espera para entrar por la nave central y verlo de lejos.

En la fila, los devotos manifestaron qué los mueve a venir a San Cayetano y a esperar tanto tiempo para apenas unos minutos de oración frente a quien es considerado el patrono de la providencia. "Desde hace 45 años que vengo, siempre a agradecer y pedir salud para seguir trabajando", dijo Horacio, un hombre de Tapiales que semanas antes ubicó un carrito con imágenes religiosas en las inmediaciones del templo de Liniers, para ser uno de los primeros en ingresar.

"San Cayetano es todo, escucha los ruegos del pueblo que otros no escuchan", explicó a esta agencia Vanina, de Ituzaingó, quien esperaba en la fila cargada de espigas y unas botellas vacías para cargar con agua bendita al ingresar.

La peregrinación incesante de devotos comenzó al primer minuto de este domingo, cuando el obispo auxiliar porteño, Raúl Martín, abrió las puertas del templo en medio de fuegos de artificios. La primera en ingresar fue Delis Noris Lensina, una peluquera de 66 años que desde hace casi tres décadas recorre de rodillas el trayecto desde el pórtico del templo hasta el lugar donde está emplazada la imagen del santo.

"La fe hace milagros. San Cayetano me dio trabajo cuando no lo tenía y curó a mi hijo de un cáncer que ni los médicos saben explicar", dijo a DyN la mujer con poncho en tonos grises y negros, sombrero y envuelta con una bandera argentina.

Mensaje político. En la misa principal ante miles de fieles, Bergoglio reclamó un "cambio de vida" ante "los maltratos" y frente la "agresión y la violencia", y apeló a un cambio interior en las personas para dejar de "ser ñoqui y vividor" y convertirse en un trabajador "honrado, justo y solidario".

En las intenciones de la celebración religiosa, los fieles se unieron al "pedido desesperado" de quienes no tienen trabajo y reclamaron mayor dignidad laboral, además de agradecer los dones recibidos del santo.

Al finalizar la eucaristía, Bergoglio recorrió las varias cuadras de fila y bendijo a los peregrinos. Más temprano, el obispo auxiliar Raúl Martín rezó por los "muchos que viven una vida miserable en nuestra Patria" y aseguró que, cuando se es solidario, el trabajo "se hace difícil de sobrellevar cuando sabemos que el de enfrente no lo tiene".

 
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