El Madrid insólito y secreto

Un libro recopila lugares de la capital abiertos al público en los que las guías turísticas no suelen reparar. Su autora selecciona algunos de los más llamativos. Por caso, es posible visitar una dependencia militar para consultar uno de los fondos más curiosos de las bibliotecas madrileñas: 75 expedientes desclasificados entre 1992 y 1997 que describen los principales avistamientos de ovnis en España. En esas páginas hoy se pueden leer con total libertad los informes de pilotos y ciudadanos que aseguraron ver platillos voladores o sospechosas luces con formas de calamar.

- Un rubens en la capilla. El martirio de san Andrés, de Peter Paul Rubens, que representa al santo atado a una cruz con forma de aspa, es el tesoro mejor guardado de la Fundación Carlos de Amberes. La historia de esta institución, que antes fue albergue para peregrinos provenientes de los Países Bajos y más tarde un hospital, se remonta a 1542, año en que Carlos de Amberes cedió varios de sus inmuebles para obras de caridad. El cuadro fue un regalo del benefactor Jan van Vucht para decorar el altar mayor de la iglesia de San Andrés de los Flamencos, que se ubicaba dentro del antiguo hospital. El edificio ha sufrido muchas transformaciones desde entonces, pero el cuadro sigue colgado en la misma capilla, hoy restaurada.

- Donde antiguamente se nombraba a los Caballeros de la Orden de Santiago. Construido en el siglo XVII por Mariana de Austria, el convento de las Comendadoras se encuentra actualmente en proceso de restauración. Sin embargo, es posible visitar la parte del convento donde se ubica la sacristía de los Caballeros, la capilla de las Niñas y el patio de Moradillo. La explicación técnica está a cargo de los propios restauradores, quienes no escatiman en detalles históricos para recrear los tiempos en que se nombraba a los Caballeros de la Orden de Santiago. Aquí puede verse el torno por donde las monjas de clausura surtían de canapés a los caballeros. La sacristía, de estilo barroco, ha recuperado su antiguo esplendor y es un verdadero tesoro arquitectónico, impredecible desde la modesta fachada de la calle del Acuerdo.

- La abuela rockera. El monumento más insólito de la ciudad está dedicado a Ángeles Rodríguez Hidalgo (1900-1993), conocida en la década de los ochenta como la abuela rockera. Ángeles era una asidua a los conciertos de heavy metal y no salía ni a comprar el pan sin su chaqueta de cuero negro. También se hizo conocida como crítica musical, gracias a su columna Abuela consulta en las páginas de la revista Heavy Rock. En el monumento original ella aparecía con el dedo meñique y el índice levantados, pero alguien vio en los típicos cuernos metaleros algún tipo de relación con el diablo y decidieron cercenárselos. Hoy figura con el puño en alto.

- La medida del paso del tiempo. El discreto y original museo ubicado en el sótano de la joyería Grassy es un recorrido por la historia de la relojería entre los siglos XV y XIX. La colección privada de Alejandro Grassy, fundador de la casa, está compuesta por relojes franceses, ingleses, japoneses y holandeses. Todos los relojes brillan por su singularidad, como el pequeño reloj de sol en bronce y mármol, el reloj trofeo francés que presenta una serpiente cuya lengua sirve para marcar las horas, o el reloj perpetuo en honor a Copérnico, que incluye un órgano de tubos y marca hasta los signos zodiacales.

- Símbolos masónicos de la Puerta del Sur. El conjunto escultórico y arquitectónico del parque Tierno Galván, conocido como Puerta del Sur, está lleno de símbolos masónicos insospechados a primera vista. Por ejemplo, en lo alto de la gran chimenea metálica se puede leer el acrónimo Algadu (Al Gran Arquitecto del Universo). En el suelo destaca un enorme tablero de ajedrez que, según la simbología masónica, está asociado al cuadro de Mercurio y a la unión entre lo líquido y lo sólido. La ubicación de la Puerta del Sur no es casual pues el eje este-oeste se encuentra alineado con el ascenso y descenso del Sol. Todos estos detalles, así como el conjunto en su totalidad, fueron proyectados por el arquitecto Manuel Ayllón, también autor de los cinco sólidos platónicos distribuidos en distintos puntos del distrito de la Arganzuela.

- Cocido madrileño en un cuartel. Los miércoles, en el antiguo cuartel de Alabarderos, posteriormente cuartel de la Guardia de Asalto durante la Guerra Civil y luego cuartel de la Guardia de Franco, hoy se puede degustar un excelente cocido madrileño por un precio módico. Esta taberna, que apenas se advierte desde el exterior, está llena de recuerdos, objetos, insignias, carteles y recortes de periódicos que narran la trayectoria de los legionarios españoles y sus momentos heroicos.

- Gabinete de curiosidades. El centro docente más antiguo de Madrid (su construcción se remonta al año 1566) cuenta con un pequeño museo donde el tiempo parece haberse detenido a principios del siglo XX. Los objetos que se conservan tras las vitrinas, describen el tipo de enseñanza que antiguamente se impartía, cuando se aprendía a través de mapas, láminas, maquetas y modelos anatómicos. Llaman la atención los animales disecados, algunos ya extinguidos, y un esqueleto de madera totalmente desmontable de mediados del siglo XIX.

Fuente: El País
¿Qué te pareció la nota?
No me gustó0/10
Opiniones (0)
4 de Diciembre de 2016|13:38
1
ERROR
4 de Diciembre de 2016|13:38
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
    28 de Noviembre de 2016
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016