"Lamela", pisala...Gol y triunfo Argentino.

Erik brilló cuando tuvo la compañía de Iturbe, y la Selección de Perazzo se sacó un peso de encima con un triunfo justo y que invita al crédito. Vamos, chicos, que se puede. El sistema inicial, un 4-4-1-1, suponía lo que se vio. La Selección esperó a los aztecas, de buen manejo pero escaso punch, le tapó las bandas y buscó pasar rápido al ataque.

Habrá sido el temor, fundado en la montaña de cuestiones que se juegan, Perazzo y la Selección. Habrá sido un poco, también, le hecho de que enfrente estaba México, a priori, el rival más fuerte del grupo, con la tropa todavía en ajuste después de tanto ajetreo, después de un cambio masivo de nombres con respecto al plantel que, en el Sudamericano, se clasificó a este Mundial pero se quedó afuera de los Juegos Olímpicos. Lo concreto es que la junta se dio tarde, pero seguro. Porque Argentina empezó a ganar el partido cuando el ex Walter-gol juntó a sus dos estrellas top, a sus gemas europeas. A partir del ingreso de Iturbe (Porto), Lamela (Roma) encontró compañía, se desarmó el esquema más presto a la expectativa que a la búsqueda y los fantasmas que vienen corriendo a todo lo que se vista de celeste y blanco se disiparon. Una imaginación convoca naturalmente a otra imaginación. Lamela pelota.

El sistema inicial, un 4-4-1-1, suponía lo que se vio. La Selección esperó a los aztecas, de buen manejo pero escaso punch, le tapó las bandas y buscó pasar rápido al ataque cuando recuperó la pelota. La mitad del trabajo, la de cubrirle los guantes a Andrada, le salió bárbaro (muy firmes Pezzella y González Pirez). Le faltaba la otra parte de la tarea. Y Perazzo trocó esa cautela bautismal por un gesto de audacia. Advertido de la timidez mexicana y de cierta distracción a la hora de defender y cubrir espacios, metió a su otro as, Iturbe, por Laba, quien casi saltó al campo amonestado y coqueteaba sobre el abismo. Y dejó a Alan Ruiz, volante con perfil más ofensivo que defensivo, como centrocampista. El joven formado en Cerro Porteño, figura excluyente en el Sudamericano de Perú, potenció a sus compañeros. Sin compañía, fue capaz de la autogestión, como los remates varios desde el borde del área. Y porque, incisivo, representó una nueva opción de pase y una gran preocupación para el adversario. Así fue que en el gol, quizá por prestarle los ojos a su casaca 11, Ruiz descargó para Lamela y el blondo ex River decoró la red con su zurdazo esquinado.

Con tantas presiones sobrevolando sobre la actuación en el certamen, el triunfo frente al rival, en los papeles, más complejo, debería desatar tensiones, en músculos y pizarrones. Lo exhibido por Inglaterra y Corea del Norte en la presentación, permite una suelta de palomas extendida, si la sociedad Lamela-Iturbe es el faro, precisa más tiempo encendido. Un Merthiolate para tantas heridas juntas de Selección.
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14 de diciembre de 2017 | 10:31
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