De eso.. no se habla

Una columna que compartiremos cada domingo. Para que usted coincida, disienta, analice. Para "mirarnos hacia adentro", aceptar y acertar. Para hacernos cargo.

Queríamos hablar de sexo con algunos sanrafaelinos pero terminamos preguntándonos por qué incomoda tanto este tema. Inmersos en un entorno mediático que cada vez expone de todo, todavía hay quiénes no se animan a expresar sus deseos y llamar las cosas por su nombre.

Motivada por la nota publicada el domingo último, la idea era aprovechar la semana pasada para invitar a un grupo de mujeres a hablar de sus experiencias respecto al sexo. Pero la verdad es que el objetivo fue más difícil de lo que uno puede suponer y la convocatoria quedó suspendida para más adelante.

Es que más allá de todo lo que se ha avanzado en la materia, para muchas personas todavía no es tan fácil hablar de sexo.

Históricamente, condicionamientos de tipo religioso y moral vincularon al sexo con las prohibiciones: eso no se hace, eso no corresponde, de eso no se habla… Y esos prejuicios perduraron, y perduran todavía, en varios sectores de la sociedad.

Para muchas personas hablar de sexo ya no es una carga pecaminosa y amoral, pero más de uno se sonroja cuando se lo interroga al respecto. Y esto es tan cierto como que hay una tendencia a contar ciertas mentiritas al respecto. Cara y cruz de una misma cuestión; “me cuesta hablar de eso” pero cuando hablo digo “lo sexualmente correcto”.

Una vez, hablando de estos temas, un psicólogo amigo contaba que un profesional dedicado a estas cuestiones había hecho un estudio preguntado a 2000 hombres y mujeres, de alrededor de 40 años, con cuántas personas habían mantenido relaciones sexuales en su vida. Los resultados comprobaron que ellas hacían un poco de memoria y mencionaban nombres: “estuve con Juan, Pedro, Pablo…”, subestimando el número concreto, mientras ellos hacían una aproximación numérica tendiente a la sobreestimación: “unas 30 mujeres”.

Esta tendencia al “ocultamiento” también está presente en las palabras que usamos para denominar las cosas que tienen que ver con la sexualidad. En ciertos ámbitos es común escuchar hablar de “eso” (sexo), “hacerlo” (tener relaciones sexuales), “ahí” (órganos sexuales), evadiendo cualquier referencia explícita a los términos que definen todo lo relacionado con el sexo.

Los especialistas sostienen que esta tendencia a “no decir toda la verdad”, así como “no llamar las cosas por su nombre”, demuestra la subsistencia de los prejuicios que todavía hay respecto al sexo.

Muchos insisten que el problema que sigue representando para muchas personas hablar de sexo, condiciona la relación con sus parejas. Ahora bien, abordar abiertamente el tema de la sexualidad puede llegar a ser complicado. Hacer que un tema que se ha evitado toda la vida pueda ser parte de las conversaciones coloquiales, puede llegar a no ser tan fácil.

Los que más saben de estas cosas recomiendan entablar con el otro una comunicación lo más franca y directa posible. Para ello, es hora de empezar a sincerar la historia, deseos, temores de cada uno y llamar las cosas por su nombre. Existen cientos de términos, científicos y correctos, vulgares y callejeros, que pueden ayudar a plantear las cosas que nos pasan.

Al respecto, podríamos repetir una serie de consejos: buscar el lugar y momento adecuado, ser lo más claro posible en el planteo, no herir ni agredir al otro, plantear el “a mi me gusta…” y “qué te gusta a vos?”, negociar… pero está claro que no hay una única receta efectiva. La clave sería, entonces, encontrar nuestra propia manera de hablar de sexo.

La seguimos la semana que viene…

Opiniones (1)
21 de agosto de 2017 | 09:17
2
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21 de agosto de 2017 | 09:17
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  1. Creo que a veces es necesario...
    ..hablr de sexo, que pena que no pudieron concretar la experiencia
    1
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