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El repentino adiós de una estrella del básquet mundial

Yao Ming anunció hoy oficialmente ante una concurrida conferencia de prensa en su ciudad natal que una serie de lesiones en pie y pierna le han obligado a retirarse del baloncesto. A la conferencia de despedida de Yao asistió el mánager general de Houston, Daryl Morey. El comisionado de la NBA David Stern envió un mensaje en video. Morey tuvo que obtener el permiso de la NBA para estar en Shanghai, debido a que el paro patronal prohibe el contacto con los jugadores.

El retiro de Yao Ming, el deportista chino más internacional de todos los tiempos, ha entristecido un país en el que, además, ningún jugador se perfila como digno sucesor del mito.

Cuando Yao llegó a la NBA, en el año 2002, como número uno en el draft, muchos creyeron que sería sólo el principio, que la popularidad del pívot de los Houston Rockets llevaría a otros jugadores del gigante asiático a la liga más exigente del mundo.

Así pasó, por ejemplo, con los jugadores españoles, que han poblado la liga estadounidense desde que en la misma época llegara a la NBA el español Pau Gasol, pero no con Yao, quien en efecto se ha convertido en un héroe para los chinos, pero no ha producido el "contagio" deseado.

Desde Yao, sólo dos jugadores chinos han cruzado el Pacífico para intentar repetir el éxito del shanghainés, Yi Jianlian y Sun Yue, pero ninguno de los dos ha logrado asentarse en la NBA como lo consiguió el pívot de los Rockets, un fijo en los All Star y líder del equipo tejano.

Yi, llegado a Norteamérica en 2007, lo intentó con los Bucks de Milwaukee, los Nets de New Jersey y los Wizards de Washington, pero el pasado mes el combinado capitalino anunció que no extendía el contrato del jugador cantonés, ahora a la búsqueda de nuevas canchas.

Sun, por su parte, puede presumir de haber sido campeón de la NBA, ya que jugó en Los Angeles Lakers, pero fue siempre un suplente -apenas jugo una decena de partidos-, se le relegó al equipo angelino de la inferior D-League y finalmente regresó a China.

El asiático es un país que está deseoso de encontrar una nueva estrella para su baloncesto, y así en febrero sus medios deportivos hablaban del hallazgo del "nuevo Yao Ming", un chico de 15 años llamado Zhou Qi que en torneos juveniles en el extranjero anotó 40 puntos ante Alemania y 30 frente a Turquía.

No obstante, la sensación en China es que se ha perdido la oportunidad de que Yao liderara un ascenso de este popular deporte en el país, donde sigue sin poder formarse un buen equipo ya que, de hecho, la selección tiene su techo en los cuartos de final de los Campeonatos del Mundo.

Para algunos, Yao, formado casi en "laboratorio" desde niño, en escuelas estatales de alto rendimiento, ha mostrado que China puede generar individualidades excepcionales, pero no un buen equipo, por la falta de un sistema aficionado que complemente al profesional.

"Hay jóvenes de mucho talento, pero tenemos fallos en nuestro entrenamiento y en nuestro sistema que nos impiden descubrirlos", destacaba recientemente el comentarista deportivo Zhang Weiping.

En países con tradición baloncestística, como EEUU, los niños empiezan a jugar al deporte de la canasta por afición, y luego algunos de ellos son seleccionados o entran en escuelas donde se profesionalizan: en China, en este y otros deportes, es la escuela la que dice a un niño que tiene que practicar tal o cual disciplina.

Esto puede generar grandes campeones, como ha probado China en muchos deportes -primera en el medallero de Pekín 2008- pero no parece funcionar en disciplinas de equipo como el baloncesto o el fútbol, donde el número de jugadores aficionados es muy reducido y apenas hay "masa social" para tener buenos clubes.

La prensa norteamericana notaba recientemente, con sorpresa, que los niños chinos no juegan al fútbol o al baloncesto en los parques: no tienen tiempo para ello por unos padres que suelen someterlos a duras disciplinas de estudio y consideran que esos "juegos" les hacen perder el tiempo.

El baloncesto se juega mucho en los lugares públicos de China, y es más popular en este aspecto que el balompié, pero quienes lo practican suelen ser universitarios, ya menos "presionados" por sus padres tras haber logrado la soñada entrada a un campus, en una edad ya tardía para desarrollarse como profesional del deporte.

El sistema deportivo chino, además, no gestiona bien a los que no llegan al éxito, y se vio este mes, por ejemplo, al descubrirse que un gimnasta, Zhang Shangwu, que había logrado dos oros en una Universiada, ahora mendiga en las calles, un caso que ha reabierto el debate sobre la forma de generar deportistas en China.

Será complicado encontrar a un nuevo Yao, por eso la prensa china se deshace en elogios hacia el pívot y considera su pérdida como un drama para el deporte nacional.

"Es el final de una era", resumía recientemente el oficial "Global Times", asegurando que el "gigante oriental" fue el mayor atleta de la historia de China.

El diario asevera que su presencia en EEUU hasta ayudó en los momentos difíciles entre la diplomacia estadounidense y china, y que en las frecuentes tensiones de diplomáticos de Washington y Pekín por lo menos ambas partes pudieron tener un momento de paz comentando las hazañas del pívot de los Rockets.
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