Silvina Ocampo inédita

Acaba de editarse un texto de la autora que recoge parte de su producción inédita más íntima: cuadernos y libretas de trabajo, apuntes, observaciones y hasta opiniones. El clima de la obra es leve y profundo.

El mayor atractivo de este libro de Silvina Ocampo es que los textos de “Ejércitos de la oscuridad” nunca llegaron a ser publicados durante su vida. Hallados entre sus pertenencias, los escritos corresponden a distintos proyectos y carpetas que la escritora dejó entre su producción. En ese sentido, la labor del compilador y editor, Ernesto Montequin, es sumamente criteriosa, rigurosa y quizá por ello admirable.

No es demasiado novedoso afirmar que hay en estas páginas una profunda intimidad, de pensamiento y emociones, que la autora pareciera haber confinado para sus lectores del futuro. Pero tampoco es correcto suponer que la premeditación definió estas líneas, estos fragmentos, las frases que componen un libro al que podría clasificarse como tesoro.

Es la simpleza y la magia de una escritura profunda, que llega al corazón, partiendo desde la razón. Y su lectura se compara al de un placer inmenso y solitario, donde la felicidad es la otra cara de la tristeza, la melancolía una forma opuesta de lo pasional y, como aquel Jano de dos caras, todo es parte de una misma cosa: la vida.

Reflexiva y fresca, cínica e ingenua, así se nos presenta Ocampo en las cuatro secciones que se clasifica: “Inscripciones en la arena”, “Ejércitos de la oscuridad”, “Epigramas” y “Analectas”. Este último no alcanza a ser un registro de diario personal, pero se le parece bastante. Y según el compilador se trata de “una escueta antología de argumentos, evocaciones y bocetos narrativos encontrados en hojas sueltas o tomados de sus cuadernos y libretas de trabajo”.

Habla de Borges, obviamente, al que conoció por su hermana Victoria y por su marido Adolfo Bioy Casares. Y aunque parezca una boutade, el comentario no deja de ser sorprendente: “B. tuvo una influencia nefasta sobre la poesía actual y es que los poemas de la primera época de su vida son los que más gustaron y aún gustan”. Pareciera estar allí lo desafiante de una tradición familiar, a la vez que todo un elogio. Y aparece Cortázar: “Nuestros encuentros con Julio fueron casi siempre fortuitos. Si llegábamos a París, Julio acababa de irse de París. Cuando vino a Buenos Aires no pudimos comunicarnos con él. Sin embargo, eran encuentros y no desencuentros los nuestros”. El lector también se conmoverá con su visión  de la muerte de Italo Calvino y así desfilarán algunas otras intimidades que nada tienen de insolencia ni fruslería.

Sin embargo, y para completar un círculo virtuoso, uno de los libros dentro de este libro mágico, y el que da título al volumen, está dedicado a una colega, Alejandra Pizarnik. El dato no es menor, ya que los actuales lectores de Pizarnik parecieran ubicarse en las antípodas de Ocampo, lo cual no hace más que entorpecer la apreciación de dos registros fundamentales de la literatura argentina del siglo XX en manos de mujeres, y que superan ampliamente esa categorización canónica y obsoleta. Se cuenta que entre ellas se regalaban cuadernos, lápices, papeles y otros objetos fetiches de literatas/os. Incluso César Aira (a propósito, dicen que este mes el batirá su propio record: escribirá una nouvelle cada diecinueve minutos de lunes a viernes), en su libro “Alejandra Pizarnik” ya advirtió sobre la relación entre ambas.

Y es poesía y prosa lo que se lee entre párrafo y párrafo, una sucesión de palabras que traen nuevamente la obra de una autora muy maltratada y desconsiderada por avatares ajenos a la literatura misma. Eclipsada por su hermana y por su marido ella, sin embargo, parece no haber sentido nada de eso. Y este libro es una muestra cabal, un sentido alegato, una alegría para los corazones sensibles. Silvina vivió 90 años. Fue publicada en varios países, de la mano de Gallimard, Penguin y Eunadi. Algunos aquí la siguen discutiendo. En los meses siguientes se conocerán nuevas ediciones de sus textos, algunos también inéditos. No hay mal que dure cien años, ni siquiera en la carnívora Argentina.

 

 

Opiniones (2)
10 de Diciembre de 2016|09:19
3
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10 de Diciembre de 2016|09:19
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  1. Felicitaciones al periodista y al medio por tan bella narrativa. Es un soplo de aire fresco en medio de tanta mediocridad. Muchasgracias.
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  2. Excelente nota. Mauricio Runno cada dia te admiro más. Ernesto Simón en San Juan, el rock and roll soy yo.
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