Llega una antología de Czeslaw Milosz, poeta de la libertad

El historiador y periodista polaco Adam Michnik, editor jefe del diario "Gazeta Wyborcza", reivindica la figura del escritor polaco Czeslaw Milosz, "poeta de la libertad y de la verdad" y un hombre "en permanente discordia" con el mundo que le tocó vivir.

Michnik visita estos días España para participar en diferentes cursos de verano y para dar una conferencia mañana sobre Milosz, Premio Nobel de Literatura 1980, con motivo de la reciente publicación de la antología poética "Tierra inalcanzable", publicada por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

Amigo de Milosz desde 1976, Michnik se refirió al estatus de "poeta maldito" que tuvo durante décadas el autor de "Salvación", que se vio obligado a un largo exilio, primero dentro de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial y, después de esta, en Francia y en Estados Unidos, donde se estableció en Berkeley a principios de los sesenta.

En el fondo, contó Michnik, a Milosz "no le gustaba la política y no se quería implicar en ella. Pero en Polonia, si un escritor no se interesa por la política, la política sí se interesa por él", y eso fue lo que le sucedió al gran poeta.

En 1948, el régimen comunista "exigió fidelidad absoluta a los escritores" y Milosz se negó a ello porque no quería escribir poemas "a la gloria de Stalin".

El régimen hizo desaparecer el nombre de Milosz de todos los manuales de literatura y, de hecho, si en una casa aparecían obras del Premio Nobel, el dueño podía acabar en la cárcel. La obra del poeta siguió existiendo gracias a los libros que se publicaban en el extranjero.

"Era un poeta en permanente discordia con el mundo en que vivía, pero, al mismo tiempo, quería llegar a comprender a aquellos de los que disentía", decía hoy Michnik, para quien ha habido "muy pocos poetas en Europa que hayan analizado de modo tan perspicaz, como hizo Milosz, todas las trampas que acechan al ser humano del siglo XX".

El autor de "Poema sobre el tiempo congelado", "Tres inviernos" o "Ciudad sin nombre" fue "un poeta odiado" y la última campaña contra él tuvo lugar después de su muerte, en 2004, cuando hubo "una gran movilización entre la derecha polaca para que Milosz no fuera enterrado en el cementerio destinado a personalidades. Pero gracias a la intervención de Juan Pablo II se le dio sepultura en ese lugar.

El exilio fue "una experiencia muy dura" para Milosz, entre otras razones porque, al escribir en polaco, tenía la impresión de hacerlo "en una lengua incomprensible para el mundo y creía haberse quedado sin lectores". Ese sufrimiento se refleja en su poesía, aunque él pretendía proteger su obra de la desesperación.

Sin embargo, para la generación de Michnik, Milosz era "el poeta de la libertad y de la verdad. Su poesía representa una voz de protesta contra la mentira", dijo el director de "Gazeta Wyborcza", quien también aludió a "la visión pesimista que el Nobel tenía sobre la naturaleza humana y el futuro del mundo".

En contrapartida, Milosz creía que "no había que rendirse a la desesperación porque eso conducía al nihilismo", señaló el periodista e historiador polaco.

Tras su largo exilio, Czeslaw Milosz regresó a Polonia en 1993 con el Nobel bajo el brazo.

Su poesía, de carácter metafísico, no es fácil de leer pero, cuando recibió el Nobel, Polonia "cayó en una especie de euforia" y Milosz se convirtió "en un icono nacional, comparable a un gran deportista o a un famoso bailarín", afirmó Michnik.

Milos "siempre fue enemigo de cualquier forma de fascismo y de cualquier dictadura comunista. De seguir vivo, opinó, "hoy día defendería la verdad, la justicia, la tolerancia y el pluralismo".

Fuente: Ana Mendoza / EFE
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8 de Diciembre de 2016|11:52
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