Acentuaciones que asombran

Las tildes ortográficas tienen, como la lengua, vida propia, y su uso cambia con el tiempo. La lingüista Nené Ramallo explica los no siempre senciilos cambios que han sufrido algunas palabras que hoy no llevan acento diacrítico, como "fue", "río", "solo" o "esta", entre otras.

Muchas veces, a través de esta columna, hemos insistido en el carácter dinámico de las lenguas, como seres vivos. Ese dinamismo implica cambios que se advierten en todos los aspectos; uno de ellos, visible para todos, es la modificación de la tilde ortográfica.

En efecto, sabemos que un viejo motivo de sufrimiento para los alumnos era el aprendizaje de cuándo debían tildarse los demostrativos. Todos recordamos la figura de alguna maestra o profesora que insistía en que debíamos colocar tilde siempre que ellos desempeñaran una función sustantiva y que no debíamos hacerlo cuando la función era adjetiva.

Entonces, escribíamos, por ejemplo “Esta tarde saldré de compras” y “No sé qué le pasa a ésta: no habla y anda con el ceño fruncido”. Luego, vino un período de por lo menos diez u once años, en que el usuario tenía la potestad de tildar o no, más allá de la función sustantiva o adjetiva del demostrativo en cuestión, siempre y cuando no hubiera ambigüedad, porque entonces la tilde se transformaba en un elemento “salvador” para no generar confusión: “Sé que esta tarde llegará a destino” (sin tilde, porque “esta” era el adjetivo que se refería a “tarde”) frente a “Sé que ésta tarde llegará a destino” (con tilde porque “ésta” era el pronombre en función sustantiva que aludía a alguien cercano al hablante y conocido por él).

Ahora el camino es más sencillo: NO TILDAMOS NUNCA LOS DEMOSTRATIVOS, aunque seamos mayores y tengamos grabada a fuego la vieja regla o aunque haya peligro de ambigüedad, ya que ella se puede salvar con otros recursos, como la sinonimia. ¿Es esto un capricho de las Academias? No, no lo es; significa guardar coherencia con otras formas del sistema, por ejemplo, con los indefinidos, que nunca plantearon esa dualidad. Pongamos por caso la forma “otro”: nunca la tildamos, fuera sustantiva o adjetiva, como en “Otro será el resultado” y “Otro camino no hay”.

Tampoco tildamos más la conjunción disyuntiva “o” cuando va entre cifras, ya que no hay peligro de confusión, en las tipografías actuales, con el número cero, pues ellos (el cero y la conjunción) se distinguen prácticamente por dos recursos: el tamaño mayor y el espaciado. Así, entonces, “La diferencia fue del 15 o 16 por ciento en los resultados”.

La otra tilde que quedó en el olvido fue la de “solo”. ¡Cuántas veces aprendimos y enseñamos a diferenciar “solo” como adjetivo, de “solo”, como adverbio equivalente a “solamente”! Incluso, como en el caso de los demostrativos, nos enseñaron a desambiguar mediante la tilde: “Eduardo vendrá solo al baile” (sin compañía) y “Eduardo vendrá sólo al baile” (únicamente al baile). Hoy, ya no tildamos más y, en los casos de ambigüedad, acudimos a formas sustitutivas; así en “Mi hermano estudia solo inglés”, deberé desambiguar añadiendo “sin ayuda”, si quiero indicar que lo hace en soledad, o “únicamente”, si deseo señalar que no estudia el resto de las asignaturas. Aquí también se ha querido guardar coherencia con otros casos del sistema, que nunca se tildaron, como la forma “seguro”, que puede ser adjetivo o adverbio: “Es un camino seguro” y “Seguro lo dejan en libertad”.

¡Cómo nos cuesta no colocarle tilde a “guion”! Hasta la Ortografía de 2010, teníamos la potestad de tildarlo o no y así lo hallamos en los diccionarios académicos; hoy YA NO SE TILDA porque, guarda coherencia con el resto de los monosílabos que no deban llevar acento diacrítico: “fue”, “fui”, “vio”, “dio”, “pues”, “ya”, “cien”, “sien”, “riel”.

En la misma situación se encuentran las formas verbales, en pretérito perfecto simple, como “rio”, “fio”, “guio”, “frio” y similares. Así, entonces, tendremos “Él se rio de mis propuestas”  y “Yo me río de su audacia”; “Ella le fio dos kilos de yerba” y “No me fío más de su aparente cortesía”; “El joven guio a los turistas” y “Ya no me guío por los carteles”; “Susana frio todas las milanesas” y “Nunca frío la carne, la cocino en el horno”.

Advertimos que las primeras formas de cada pareja están en pasado y no llevan tilde, mientras que las segundas, en presente, sí la llevan, pues hay hiato entre las vocales. ¡Ah! El corrector de la máquina me da como error la falta de tilde en las formas monosilábicas de pasado; no se asuste: habrá que programarle los cambios pues, seguramente, no los tiene incorporados. Ello demuestra que siempre, detrás de la corrección automática, debe existir la vigilancia inteligente del que manipula los medios mecánicos.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

Opiniones (6)
7 de Diciembre de 2016|13:41
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7 de Diciembre de 2016|13:41
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  1. Si la Drae no lo tiene en cuenta yo me ofrezco pera que pueda ser ejercida sin conflictos. Atentamente, a tu servicio
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  2. Profe, busqué en diccionario de la Drae y encontré "poliandria" aplicable a plantas y mujeres. Sólo como sustantivo. La sorpresa fue cuando quise rastrear el adjetivo correspondiente. No existe. Quiere decir que la sola idea de que una planta o una mujer ejerza la poliandria ni siquiera está prevista en el lenguaje. A estos muchachos de la Drae... Les falta vocabulario. Me gustaría saber su opinión. Gracias como siempre.
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  3. Gracias por informar pero creo que la academia debería ayudar a que el español sea mas universal y fácil. En lugar de eso se encierra en ena defensa del castellano y algunos de sus desviaciones que nos complican bastante en la interacción con el mundo y con nuestro propio pasado. Un ejemplo es la 'j', sin su sonido natural de 'ye' que tenía en el latín, el español antiguo, el catalán (y las demás variantes del español) y las otras lenguas occidentales como el francés, inglés, alemán, etc. Le decimos 'Juan' y en realidad debería sonar 'yoan', como en el catalán o los demás idiomas (John), incluyendo el portugués. Lo mismo pasa con la 'h', que solo en el castellano ha perdido su sonido y que hace necesario utilizar mal la 'j' para reemplazarla. Otro problema absurdo es el empecinamiento en no permitir que, como en los demás idiomas, en lugar de la artificial 'ñ' se utilice la forma ''ni' (español es similar a espaniol o espanyol)). En lo que señalás hoy creo que sería mucho mas simple seguir acentuando las palabras agudas que terminan en n, s o vocal, por ejemplo rió. Rió fonéticamente tiene dos sílabas. Creo que en lugar de reforzar reglas generales están aumentando los casos particulares que hay que saber de memoria y eso genera mas esfuerzo, mas frustraciones y mas dificultades para que los extranjeros aprendan el espanyol.
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  4. SEÑORA NENÉ: PUNTUAL COMO SIEMPRE, NOS DEJA UNA ENSEÑANZA MÁS (O VARIAS) QUE, PERSONAS COMO YO, AGRADECEN INFINITAMENTE SIN MENOSPRECIAR A OTRAS QUE, POSIBLEMENTE, POR ALGUNA RAZÓN, NO LE DAN LA IMPORTANCIA QUE MERECE. ¿LE PAREZCO INTOLERANTE O DEMASIADO PERFECCIONISTA?. IGUALMENTE, LE AGRADEZCO MUCHO LAS NOTAS, QUE LAS COLECCIONO EN MI COMPUTADORA Y ME LIBERA DE DUDAS OSCURAS A LA HORA DE ESCRIBIR.
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  5. Muy clara tu nota, Nené; siempre tan asombrosa nuestra lengua viva. Sin embargo, quiero contarte que yo sigo tildando la "ó" cuando va entre letras sueltas. Por ejemplo: "Las palabras agudas deben llevar tilde si terminan con vocal, n ó s". "No sé si esta palabra va con b ó v". Me gustaría saber tu posición al respecto. Gracias por tus hermosos y edificantes artículos.
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  6. Muy bueno el artículo. Importante para no cometer errores, aunque algunos cambios creo que me van a costar, porque hay reglas que ya están grabadas a fuego.
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