Don Armando Morales, el hombre de los colores en el cielo

Los barriletes, ese inocente pasatiempo, vuelve a estar de moda. Padres e hijos tienen la posibilidad en pleno boulevard oeste, de llenar el cielo de colores. Armando Morales, constructor y vendedor de los volantines, cuenta su historia.

Para el disfrute. Los barriletes adornan el cielo sanrafaelino en pleno boulevard. Es que el amor por los cometas y sus imborrables recuerdos de la niñez llevaron a Armando Morales a seguir con su pasión, pese a todo. Cada fin de semana, él y su esposa se instalan en el baldío que hay sobre la avenida Hipólito Yrigoyen -entre República de Siria y Presidente Alvear, a metros del parque- y desde ahí hace felíz a los niños, ya que no sólo crea los barriletes sino que también les enseña a remontarlos.


Desde el año ’82 dice "presente", justo con la llegada del otoño. La originalidad de sus diseños hace que sea muy difícil elegir el más lindo ya que tiene más de 70 volantines. “Vengo siempre a mediados de mayo, justo para el 25. Estoy los fines de semana únicamente porque trabajo en la estación de servicio de Salto de las Rosas. Eso es lo que me da de comer, pero los barriletes son mi vida y por eso sigo en esto. Me da mucho placer hacerlo, tardo más o menos una hora en crear uno lindo”, cuenta Armando.

Ahora las técnicas de fabricación han cambiado, no llevan tirantes ni contrapeso, sólo tienen un hilo. Morales nos contó un secreto que lleva bien guardado: “para hacer volar un barrilete hay que soltar toda la piola, serán unos 60 metros y luego comenzar despacio hasta que tome vuelo, con una leve brisa ya comienzan a subir. Yo disfruto más hacerlos volar que venderlos” asegura.

“Desde pequeño me gustó, los fabricaba de papel con dobladillos, era muy lindo e interesante, los hacíamos de caña… y nadie me enseñó, sino que veía a mi papá y a mis hermanos y como había cerca de mi casa un lote baldío nos pasábamos horas remontando. Toda la familia estaba junta, incluso los padres hacían competencia entre ellos”, recuerda con emoción.

Hay de todos colores, tamaños y precios. Algunos están fabricados con bolsas de residuos, es decir con material reciclado. El precio varía de acuerdo al tamaño pero hay para todos los bolsillos, desde 10 pesos el más barato. La intención es que todo aquel que se acerca tenga la posibilidad de levantar un barrilete. La mayoría son creaciones únicas pero también los hay en serie, importados desde China. Cada uno tiene su estilo y lo más llamativo es que si algún barrilete se daña, aunque hayan pasado dos o tres años, Armando gentilmente se lo cambia por otro nuevo. “Ningún niño puede estar sin su barrilete” dice con ojos brillantes de emoción.


Con nostalgia y rememorando inolvidables momentos, lugareños y turistas se acercan a pasar un día diferente, lejos de la Play Station e Internet, con la simple misión de disfrutar junto a sus hijos, la inolvidable experiencia de llenar el cielo de colores.

Cuando uno pasa por el lugar, inevitablemente se vienen a la mente recuerdos de la niñez, de la simpleza de jugar en la plaza o en el “campito” del barrio compitiendo para ver quien hacía el barrilete más lindo y por supuesto el que volara más alto.

Morales recorre varios lugares de San Rafael, uno de sus preferidos es la entrada al Valle Grande, donde remonta barriletes más sofisticados por la intensidad del viento.

Sin duda conocimos un lindo personaje que nos regala un cielo colorido.

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20 de septiembre de 2017 | 01:07
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