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Hasta octubre: Messi deja Argentina, una olla a presión para el crack

El delantero tendrá varios meses para recuperarse en Barcelona hasta octubre, cuando comenzará el proceso de eliminatorias sudamericanas rumbo al Mundial de Brasil 2014.

La eliminación argentina de la Copa América ya era un hecho y Messi se tomó el rostro abatido. Había llegado el momento de dejar su patria con otro fracaso 48 horas después de haber asegurado que seguiría vistiendo la camiseta albiceleste contra viento y marea.

El delantero tendrá varios meses para recuperarse en Barcelona hasta octubre, cuando comenzará el proceso de eliminatorias sudamericanas rumbo al Mundial de Brasil 2014.

Tiempo necesario para procesar los días turbulentos que vivió otra vez en la Argentina, pero que esta vez le permitieron ratificar que puede desplegar su calidad futbolística cuando encuentra socios de juego. Una deuda que el combinado de Sergio Batista tiene con él y que sólo se pudo saldar de a ratos, primero ante la débil Costa Rica y luego en algunos minutos con Uruguay.

Messi superó además un trago difícil para un jugador acostumbrado a ser estrella: la silbatina y los insultos que le dedicó su propia hinchada, la que viste la misma camiseta que él ama. "Es la primera vez que lo silban", admitió su padre Jorge cuando alertó que Leo estaba "muy mal".

Luego de fuertes rumores sobre su posible renuncia a la selección, el crack salió a dar la cara: "Las críticas de la gente me molestan a mí y a todos pero somos conscientes de que no hicimos las cosas bien y por eso se dio todo eso". "A ninguno nos gusta que nos silben, nos puteen", aclaró.

La gente recibió el mensaje y cambió la crítica por el respeto y el aliento. Y con la eliminación del combinado anfitrión en los cuartos de final de la Copa América ya resuelta, la afición albiceleste lo despidió con un aplauso.

Messi había dado todo ante Uruguay, corrió, se sacó de encima uno, dos, tres rivales con sus slaloms, buscó socios de juego, disparó al arco e hizo algo infrecuente de él en el Barcelona, fue el conductor del plantel cuando faltaron guías.

Acostumbrado a ser el jugador desequilibrante, el que define jugadas con una zurda increíble, dejó de lado ese papel para asumir la responsabilidad de conducir un plantel que había caído en la desesperación y el desorden. Dejó el centro de la cancha para volcarse a la derecha, con tal de encontrar espacios. Resignó su alma goleadora para dedicarse a asistir a sus compañeros con varias jugadas magistrales.

Terminó sin embargo tendido boca abajo frente al arco uruguayo cuando su último intento fue frustrado por el uruguayo nacido en Argentina Fernando Muslera. Largos segundos tirado sin reaccionar pese a que la pelota seguía en juego.

Resignado a los penales, asumió la responsabilidad de patear el primero y quebró así la racha de quince partidos oficiales de Argentina sin goles. Pero el de Carlos Tevez no entró y Argentina quedó afuera.

Varias versiones coinciden en que la "Pulga" lloró y mucho en el vestuario. Luego se retiró sin hablar. Lo esperan unas merecidas vacaciones para recuperar su físico y analizar esta nueva frustración.

Necesita con urgencia ganar algo con Argentina, pero su patria se vuelve cada vez más una caldera en ebullición para el mejor jugador del mundo. Primero en Sudáfrica, dirigido por Diego Maradona, ahora en su propio país, con Batista, donde todo indicaba que los albicelestes eran los favoritos para ganar la Copa América en casa y poner fin a 18 años de sequía de títulos.

Ahora deberá esperar mucho para que ese sueño se convierta en realidad. Primero superar el largo proceso de eliminatorias y sólo después comenzar a pensar otra vez en la Copa del Mundo.
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